El problema ya no es llegar al público, es conseguir que te encuentren

Los medios de comunicación han funcionado durante cientos de años en base a un paradigma unidireccional, ejerciendo de gatekeepers entre un emisor y un receptor bien diferenciados. Hasta no hace mucho tiempo, aquello no aparecía en los medios no existía y el problema con el que se enfrentaba cualquier organización era cómo llegar al gran público. La irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha dinamitado ese paradigma.

En la última década hemos asistido a la irrupción de distintas plataformas de publicación, que han acercado al emisor y al receptor del paradigma tradicional más que nunca. Al mismo tiempo, la popularización de los smartphones y las tabletas han hecho que el uso de internet sea cada vez más móvil y menos en el ordenador, y ha sumado a la red a un sector de la población que, si no fuese por sus dispositivos móviles, seguiría desconectado. En resumen, cada vez hay más gente conectada y cada vez es más fácil llegar a ella.

Para los medios de comunicación, esto ha supuesto perder el monopolio del público. No es necesario comprar un anuncio a toda página en el diario para llegar a un millón de personas, puedes conseguir el mismo impacto con una campaña en youtube. Para las marcas, los medios se han convertido en un canal más, y no siempre el principal. Y ocurre lo mismo con los periodistas.

Ante la crisis generalizada de los medios tradicionales, muchos periodistas se están lanzando a la aventura de construir sus propios medios de comunicación. Los avances de la tecnología han derribado las barreras económicas: un medio digital hoy en día puede funcionar por menos de un millón de euros, una cantidad muy alejada del capital que habría que desembolsar por una licencia para radio o televisión, o los costes fijos de un periódico de papel.

Y tampoco es necesario llegar a esos niveles. Un periodista puede tener su bitácora personal y funcionar como un medio de comunicación, bien afiliándose a un medio más grande o trabajando en solitario gracias a herramientas como el crowdfounding. Jordi Pérez Colomé es el ejemplo más destacado que me viene a la mente en nuestro país. No está de más recordar que publicar ya no es un trabajo, es un botón.

El problema ahora ya no es llegar al público, sino conseguir que el público te encuentre. Ante la sobreabundancia de información, hay que buscar la forma de conseguir llegar a la audiencia, y eso se consigue con periodismo contrastado y trabajado. Igual que se ha hecho toda la vida. No hay atajos fáciles para construir una audiencia y tanto para un medio como para un periodista singular, la única receta es trabajo, trabajo y más trabajo. Solo generando una huella digital profunda y basada en los elementos esenciales del periodismo, podrás conseguir que te encuentren.

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Causas y consecuencias de la pérdida de valor de la información periodística

Uno de los fenómenos por los que la industria del periodismo se encuentra en su actual crisis es por la pérdida de valor de la información periodística. Ya hemos hablado alguna vez de ello, por ejemplo aquí o aquí, y es que cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por las noticias, al menos en esta primera fase del cambio de paradigma hacia la red. Sobre este asunto, queremos destacar el excelente estudio publicado hace poco en ThinkEPI La pérdida de valor de la información periodística: causas y consecuencias, realizado por Andreu Casero-Ripollés, profesor titular del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Jaume I de Castellón, donde, además, es vicedecano y director de la titulación de Comunicación Audiovisual.

Entre las causas de la pérdida de valor de la información periodística, Casero-Ripollés destaca:

  • La enorme cantidad disponible de información en internet ha provocado una sobreabundancia de la misma y ello ha motivado un descenso en el nivel de exigencia del consumidor, llegando al extremo de que “la profundidad, la interpretación, el análisis o la calidad de la expresión lingüística se han convertido en aspectos secundarios para una parte de la audiencia”.
  • La pérdida de la credibilidad de los medios periodísticos convencionales, motivada principalmente por la mercantilización y politización de los medios. Los ciudadanos dejan de confiar en los medios convencionales y buscan alternativas en “los soportes digitales, el periodismo ciudadano y alternativo y los medios sociales”.
  • La ausencia de un modelo de negocio del periodismo digital en internet. Más de quince años después de que los primeros medios abrieran sus páginas web, todavía están buscando un modelo de negocio viable que les permita conseguir beneficios en cantidad suficiente para compensar las pérdidas del offline. Ese modelo viable tiene que contemplar cómo motivar a los lectores para que paguen, algo a lo que no están muy dispuestos, pues “la abundancia de información disponible en línea unida a la igualdad excesiva de oferta entre los diferentes medios agudiza esta escasa disposición al pago”.

Esa pérdida de valor de la información periodística trae consigo una serie de consecuencias:

  • Pérdida de calidad de la información periodística. Parece algo evidente que si juntamos un público poco exigente y puede que aún menos dispuesto a pagar por las noticias, la calidad de la información periodística se va a ver resentida, dando paso a “noticias de bajo coste, poco densas, insuficientemente relevantes y orientadas en términos comerciales”.
  • Fragilidad de las empresas periodísticas en términos de negocio. El “producto” ofrecido por las empresas periodísticas es la información periodística y cuando ese producto pierde valor, la sostenibilidad de la industria del periodismo está en duda, máxime cuando “la respuesta dada por las organizaciones mediáticas a esta situación de dificultad, centrada en la reducción de costes, lejos de ser una solución profundiza en esta debilitación”
  • Acentuación de la concentración de las audiencias en las marcas periodísticas más fuertes. Aquí, Casero-Ripollés nos explica la paradoja de que la sobreabundancia de información está favoreciendo la concentración de medios, antes que la diversificación, como parecería lógico. Esto es así porque, en última instancia, la marca sigue siendo muy importante y aquellos medios globales y con prestigio son los que siguen arrastrando a los lectores en detrimento de los medios pequeños, y este fenómeno pone en peligro la pluralidad informativa.
  • Debilitación de la profesión periodística. Ser periodista es hoy en día más complicado que nunca, tanto por la fuerte crisis del sector que está deteriorando las condiciones laborales de los periodistas profesionales como por “la proliferación de nuevos actores informativos en línea que amenaza el monopolio de los periodistas sobre las noticias”.
  • Abandono de algunas de las funciones sociales y democráticas del periodismo. Con el periodismo luchando por su supervivencia, es difícil que pueda cumplir con su función social. “Por lo tanto, la pérdida de valor de la información periodística no sólo conlleva efectos económicos sino también democráticos”, apunta Casero-Ripollés.

Un texto muy recomendable que puedes leer íntegro en este enlace.

 

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¿Y si estamos interpretando mal los estudios sobre el consumo de medios de comunicación?

Es una pregunta que me surge tras leer este texto de Jeff Jarvis. En él, Jarvis apunta que podemos estar malinterpretando los resultados de los estudios sobre el consumo de medios de comunicación y cita el reciente estudio de Pew Research, que puedes consultar resumido aquí. Sí, las nuevas generaciones cada vez pasan menos tiempo consumiendo noticias, pero ¿y si lo estamos interpretando mal? ¿Y si esas nuevas generaciones simplemente hacen un consumo más eficiente?

Cuanto más lo pienso, más creo que Jarvis tiene razón. Considerar que el éxito de un medio de comunicación se basa en la cantidad de tiempo que invierten en él sus usuarios es algo que tenía su sentido en la era de los medios de comunicación de masas. Mayor tiempo y, por tanto, mayor atención, funciona cuando los medios operan bajo la premisa de que todos los lectores/oyentes/espectadores ven todos los anuncios del medio, con lo que el medio puede cobrar a los anunciantes por la cantidad de lectores/espectadores, con unos precios controlados por los medios en base a su monopolio de la producción y distribución.

Pero ese tiempo ya ha terminado, a causa de la sobreabundancia de información.

Cada vez hay más información disponible para todos nosotros, ya no es un bien escaso. Por tanto, los usuarios (un término en el que englobo a los antiguos lectores/oyentes/espectadores) ya no necesitan leer un periódico completo o ver un informativo entero para poder acceder a la información que les interesa. La red es un nuevo canal en el que hay muchas herramientas que, debidamente configuradas, permiten consultar de manera rápida todo aquello que nos interesa. Nuestro consumo es más eficiente gracias a esas herramientas, porque aunque ahora hay más información que nunca, el día sigue teniendo solo 24 horas. Y en eso puedo citar mi caso personal, que creo es el de muchos.

Creo que nunca he leído un periódico entero y no conozco a nadie que lo haga. Me limito a las noticias que realmente me interesan, que siempre serán un pequeño porcentaje de las que ofrezca el diario. Puedo escuchar en su integridad un boletín horario de la radio, pero nunca escucharé el informativo de mediodía completo, por ejemplo; cuando hayan dado la noticia que me interesa, o hayan dado los titulares, que para mí cumplen el mínimo exigible, apagaré la radio. Y en televisión, aunque tenga puesto en mi tele el telediario completo, mi atención no estará puesta en él salvo en las noticias que me interesen, y el 99% de las veces habré apagado la tele antes de que acabe.

Nuestro tiempo es limitado, siempre lo ha sido. Pero es ahora, ante una multiplicación de la oferta, cuando los medios de comunicación ven como su porción del pastel de nuestra atención disminuye cada vez más. Eso se ve como una mala noticia porque seguimos anclados en la presunción de que más tiempo equivale a más atención, y los medios de comunicación siguen vendiendo nuestra atención para conseguir publicidad. Por eso hay que darle la vuelta a esa presunción.

Los medios de comunicación del siglo XXI no deben trabajar para retener a los usuarios, deben trabajar para dar a los usuarios lo que quieren: información, unas veces en cápsulas, otras en artículos más largos, pero siempre con la vista puesta en el usuario, no en sacar beneficio del tiempo que emplea en ello. El medio que da a los usuarios lo que quieren puede cobrarles por ello, y con mayor motivo si les da algo que no pueden encontrar en ningún otro sitio; eso es igualmente válido para internet y si lo hacen consumiendo menos de nuestro tiempo, mucho mejor. Como dice Jarvis, la eficiencia no es el enemigo de las noticias, debería ser el objetivo.

 

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Cómo organizar y gestionar tus fuentes de información

 

Es bien sabido por todos los lectores del blog que nos encontramos en la era de la sobreabundancia de información, por lo que es una cuestión vital saber cómo organizar y gestionar tus fuentes de información. Lo que antes de internet se podía conseguir conservando recortes de periódico o fotocopias, ahora se convierte en una tarea mucho más exigente; decenas o cientos de blogs, columnas de opinión, artículos, tuits, infografías, archivos de audio y vídeo… Consumimos muchos contenidos a lo largo del tiempo y es necesario disponer de herramientas para poder archivar, organizar, compartir y recuperar esos contenidos cuando sea necesario. Para un periodista, es una labor incluso más crítica, pues debe poder acceder a toda la información de su archivo de forma rápida y sencilla; no es algo que podamos confiar exclusivamente a nuestra memoria.

No es la primera vez que hablo de este asunto. Hace algo más de un año, hablaba de mi dieta informativa y unos meses después de ese post,  de algunas herramientas para procesar, compartir y archivar información; desde entonces he ido perfeccionando el método y creo que ya está lo bastante maduro para poder hablar de ello en el blog.

Recibir y clasificar la información

El primer paso es elegir una buena plataforma para en la que unificar tus fuentes y tus lecturas. Yo he apostado por Feedly, que se ha convertido en el heredero más aventajado del Google Reader. A través de Feedly recibo las actualizaciones de más de 70 fuentes diferentes de comunicación y tecnología, que puedo consultar desde mi smartphone, la tablet o cualquier PC con conexión a internet. He terminado tan a gusto con Feedly que incluso me he suscrito al servicio Premium, que por poco más de 35 euros al año me permite buscar entre los feeds archivados y se integra con Evernote, como explicaré más adelante. Además de Feedly, Twitter es la otra gran herramienta con la que accedo a la información. Con más de 175 cuentas seguidas y subiendo poco a poco, mi timeline está salpicada de grandes y pequeñas historias, e intento consultar Twitter tan a menudo como puedo. Y por supuesto, sigue quedando el descubrimiento a través de recomendaciones de los amigos en redes sociales o la navegación sin rumbo en la que acabas llegando a textos interesantes.

En cualquiera de los casos, es necesaria una manera de poder guardar y recopilar aquello que me interese conservar y Evernote se ha convertido en la aplicación de referencia donde archivo todo lo que leo y considero que puede ser de interés. He creado una estructura de libretas en las que dentro de la carpeta de tareas, incluyo tres libretas con las tres acciones más comunes cuando encuentro un texto de interés: Para leer significa que merece una segunda lectura más atenta, pues puede ser materia para un post; y las carpetas Para Hootsuite y Para Spundge donde mando aquellas entradas que quiero compartir en el futuro. Como a Evernote también puedo acceder desde cualquier dispositivo, puedo consultar todas esas notas cada vez que tengo un momento libre.

Compartir y archivar la información

El siguiente paso es compartir esa información que he considerado de interés. Para eso, sigo usando Hootsuite, que me permite con apenas dos o tres clics, programar contenidos y enlaces que considere interesantes para los seguidores del blog en redes sociales. Durante estos primeros días de septiembre aún no he comenzado a compartir enlaces, pero a partir de esta semana retomaré el hábito así que si quieres recibir contenidos de calidad, no dudes en seguirme en Twitter o Facebook.

Además de Hootsuite, también continúo usando Spundge, en la que mantengo el cuaderno Periodismo sobre periodistas, con una recopilación de entrevistas, vídeos y tuits en los que los periodistas son los protagonistas. Lo que me gusta de Spundge es su facilidad a la hora de añadir contenidos al cuaderno y que es muy visual, como puedes comprobar en la captura que acompaña este post. Pienso que aún quedan cosas por mejorar en la plataforma, como el tema de los idiomas, pero creo que tiene mucho futuro para crear este tipo de archivos visuales, que es la idea detrás de Periodismo sobre periodistas: mantener un archivo continuado de enlaces en los que poder leer y escuchar a periodistas hablando sobre periodismo.

Esa función, la de archivo, no solo la realizo a traves de Spundge; tanto Evernote como el propio Feedly me sirven como archivo para todo aquello que quiero conservar. Gracias a la función de búsqueda del Feedly premium y a la potente búsqueda en las notas de Evernote, estoy seguro de que podré encontrar cualquier cosa aunque hayan pasado meses o años… siempre que lo haya archivado correctamente, claro. Además de eso, Scrivener sigue siendo la herramienta donde escribo cada post y el repositorio en el que puedo encontrar rápidamente una cita de Pepe Cervera sobre la que escribí hace dos años o lo que publiqué en junio sobre el futuro del periodismo. Algo esencial para no repetir temas innecesariamente en el blog.

Con todas estas herramientas puedo decir que me mantengo informado y que controlo todo lo que leo, clasificando, compartiendo y archivando la información. Espero que te haya sido de ayuda y si conoces alguna otra herramienta que pueda ser útil para organizar y gestionar tus fuentes de información, no dudes en compartirla en los comentarios.

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Todo es información [Infografía]

Hace un par de años, publiqué una infografía en la que hablaba de la era del zettabyte. Hoy, os ofrezco esta otra infografía, en la que, comparando todo tipo de objetos virtuales, reales, digitales y analógicos, subimos un nivel más y llegamos ya hasta los yottabytes, porque todo puede traducirse en información. No es de extrañar que hablásemos de espacio infinito el otro día. Espero que os guste.

 

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Estar más informado no significa estar mejor informado

Cada vez que escucho a alguien decir cosas como “solo oígo la SER” o “solo leo el ABC” me recorre un escalofrío. Creo que casarte con un medio es una mentalidad tan del siglo pasado como lo fueron los medios de comunicación de masas. Primero, porque mantenerte informado solo por medios de comunicación que sean afines a tu ideología es propio de borregos. Si solo quieres escuchar aquello que sabes que te va a gustar, no quieres que te informen, quieres que te adoctrinen o refuercen tus convicciones. Y segundo, si solo sigues medios de tu línea ideológica, nunca recibirás un cuadro completo de la realidad. Para poder tener una información completa debes consultar la mayor cantidad de fuentes posible y tener una dieta informativa variada.

Como hemos dicho en varias ocasiones, vivimos en la era de la sobreabundancia de información, y no hay necesidad de limitarse a un solo periódico o informativo de radio o TV. Puedes contrastar noticias y fuentes sin necesidad de ser un profesional de la comunicación. Elige con cuidado tus fuentes de Twitter o hazte una cuenta en Feedly para gestionar los contenidos que quieres consumir; en cualquiera de los dos casos, comprobarás como estás mucho más enterado de lo que ocurre que limitándote a un solo medio. La época en la que bastaba con leer un periódico y ver el telediario para saber todo lo que pasaba en el mundo ya pasó, y hay que adaptarse a los nuevos tiempos, en los que saber elegir las fuentes de información y seleccionar los contenidos qué configuran tu dieta informativa es más importante que la fidelidad a los medios de comunicación.

En resumen, con una sola fuente de comunicación afin a tus ideas no vas a estar bien informado. Necesitas más fuentes, pero has de seleccionarlas y gestionarlas, porque estár más informado ya no significa estar mejor informado.

 

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Cuando los medios ni se molestan en contrastar

 

La popularización y uso masivo de las tecnologías de la información y comunicación ha hecho que cada vez haya más contenido generado por usuarios. Los antiguos receptores se han convertido en emisores, con lo que la cantidad de información y el consumo de la misma se ha disparado a niveles nunca antes conocidos. Por poner un ejemplo, durante 2012, Youtube ha servido más de cuatro mil millones de horas de vídeo al mes, y el vídeo más visto de la historia, el famoso Gangnam Style, va camino de los mil quinientos millones de reproducciones antes de cumplir el año de vida.

Todo esta sobreabundancia de información es aprovechada por los medios de comunicación, que ya han interiorizado como práctica habitual ofrecer los vídeos virales del momento como uno de sus contenidos informativos. Por un lado, es algo completamente lógico ya que todo viral es noticia en cierto sentido, pero por otro lado, significa reconocer tu propia irrelevancia. Si te dedicas a hacerte eco del último vídeo de éxito en Reddit o Menéame, o el último tuit del famoso de turno, ¿qué estás aportando como medio? Nada en absoluto y nada impide al público ir directamente a la fuente y prescindir de ti como intermediario.

Esto ya sería suficientemente grave de por sí, pero hay que añadir que en esa práctica de recoger el contenido de moda, muchos medios ni siquiera se molestan en contrastar esos contenidos. Tenemos el caso reciente de un par de vídeos de Youtube que fueron recogidos en varios medios a ambas orillas del Atlántico. El primero de ellos nos muestra como un cerdo rescata a una cabritilla.

 

 

El vídeo en cuestión, enternecedor como él solo, es un montaje. Está ensayado y creado para promocionar un show de televisión y no hay nada de espontáneo en el “audaz cerdito”. Medios de todo el mundo se hicieron eco del vídeo, como Fox News, ABC, NBC, Time, el diario Metro de Londres, el Daily Mail, el diario La República de Perú, Antena 3 o el Diario Sur, entre otros. Busca en Google “Pig saves goat”, “Cerdo salva cabra” o sus variantes y tendrás un catálogo de medios que no han hecho su trabajo. Y lo mismo ocurrió con este otro vídeo, en el que un águila intenta llevarse a un niño.

 

 

¿Aterrador, verdad? Pues también es falso. Fue creado por unos estudiantes de un curso de CGI en Montreal, mitad en broma, mitad como práctica. Y, de nuevo, la difusión fue planetaria, aunque en este caso la noticia de que era falsa y creada por ordenador ha tenido mucha más difusión que en el caso del cerdo. Aún así  poniendo “águila caza niño” o sus variantes en Google podemos acceder a webs como El Mundo, ABC de Sevilla o Terra que aún mantienen la noticia como auténtica.

¿Qué podemos aprender de estos dos casos? Algo tan sencillo como que hay que contrastar todas las informaciones que llegan a una redacción. Una noticia no es más fiable por ser el vídeo más visto o por ser trending topic y los periodistas nunca deben olvidarlo. ¿Qué credibilidad te queda cuando te “cuelan” un fake en tu informativo? ¿No sera otra de las razones, junto al periodismo de copiar y pegar, por las que los medios estén de capa caída?  Hay mucho que arreglar en los medios de comunicación, y el futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo.

 

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Lecturas 2.0 esenciales: El periodista en la encrucijada

 

Hace unos días que terminé el informe El periodista en la encrucijada, del que ya hablé aquí, y puedo decir que me ha dejado con sensaciones contrapuestas. Por un lado, es un excelente estudio, en el que se ha entrevistado a varios periodistas de prensa, radio, televisión e internet y se han conseguido unos datos estadísticos muy valiosos, además de una gran cantidad de agudas reflexiones sobre el futuro del periodismo. Pero por otro, noto al estudio carente de unidad, como si cada uno de los autores de los capítulos hubiese trabajado por su cuenta, sin saber que hacían sus compañeros. Que haya múltiples citas duplicadas una y otra vez a lo largo del libro no hace más que reafirmarme en esa impresión; por muy buenas que sean las reflexiones de Virginia Pérez Alonso, por ejemplo, no necesito que me las repitan en cada capítulo.

El estudio parte de algo que todos deberíamos de dar por sentado: la información ya no es patrimonio exclusivo del periodista. Es algo tan obvio que no haría falta ni decirlo pero para muchos no lo es tanto y por eso vale la pena recalcarlo. La consecuencia: el gran reto del periodismo es ahora hacerse necesario, toda vez que la información ya no es fruto exclusivo de su tarea y que el periodista ha dejado de ser el único intermediario entre emisor y receptor.

En este sentido, hay que evitar cometer otro error de bulto que es confundir la naturaleza del principio básico que gestionan los periodistas, el derecho a la información, un derecho que no es de los periodistas sino de los ciudadanos. Los periodistas, en cuanto periodistas, no tienen derecho a la información, son los ciudadanos y la sociedad los que lo tienen.

 

 

IRRUPCIÓN DE LA RED

En este escenario de crisis económica y de modelo ha aparecido internet y ha cambiado de forma definitiva el negocio periodístico. La red ha roto con los viejos territorios bien establecidos de cada medio. La crisis ha debilitado las barreras de entrada y ha facilitado la aparición de nuevos medios y el aumento de la competencia informativa. Esto ha pasado casi siempre en tiempos de crisis y no podemos dejar de lado que el periodismo es una industria más y funciona como tal, buscando la subsistencia y los beneficios.

Así, los medios se han encontrado con que, más allá de sufrir las repercusiones de la crisis económica, han de competir con otros agentes que han irrumpido en el mercado y que, aunque no se dediquen a hacer periodismo, sí compiten con ellos en términos de audiencia y publicidad. Los canales de comunicación son muchos más y mucho más amplios y por lo tanto, pierden peso los medios tradicionales.

El problema fundamental al que se enfrentan los medios en este contexto es cambiar el modelo de negocio, pasar de un negocio orientado a ingresos por productos concretos a un negocio orientado a maximizar los ingresos por usuario. Y hay que cambiar el modelo de negocio porque un medio que no genere suficientes ingresos por sí mismo, es decir, en venta y publicidad, tiene que buscar otras fuentes, y ahí es donde reside el peligro de no poder ser independiente.

 

 

LA NUEVA AUDIENCIA

La audiencia ha cambiado y ya es parte integrante de la redacción, porque hay que contar con ella, es activa, sabe lo que quiere y tiene las mismas herramientas que el periodista. No necesita una imprenta, no necesita una licencia de televisión o de radio y es capaz de informarse sin necesidad de intermediarios como era el periodista. Y si la audiencia no encuentra dónde expresarse, crea sus propios medios.

La actitud del público hoy día es totalmente diferente, porque tiene múltiples vías de acceso a la información y múltiples herramientas para emitirla. Es un público heterogéneo, cuyas decisiones a la hora de consumir contenidos no dependen necesariamente de la calidad de la información. Y no hay más que ver cualquier índice de las noticias más leídas en un periódico digital para comprobarlo.

Este desapego de la audiencia viene motivado también por la degradación de los medios, una de cuyas causas es la excesiva politización. Hoy en día, periódicos, radios y televisiones no venden información, no venden contenido, venden ideología. Los periodistas son los más afectados por la crisis de los medios, pero no se muestran muy autocríticos con algunas de sus causas, como es la politización, y tienden a echar balones fuera. Y la audiencia se da cuenta.

 

 

LOS NUEVOS PERIODISTAS

Ante todos estos cambios, los periodistas deben renovarse y volver a los orígenes.  En los últimos treinta años el periodismo se ha convertido en una profesión de clase media con aspiraciones de nuevo rico, al menos mentalmente. Y eso ha hecho que se aleje de la sociedad y se arrime a las esferas de poder, perdiendo el contacto con la sociedad real. Lo bueno es que eso puede remediarse volviendo, simplemente, a hacer periodismo.

La misión esencial del periodista ha sido siempre, y seguirá siendo, contar historias y contarlas de la mejor manera posible. Aunque cambie el entorno y los ingredientes, la esencia permanece, que es el tratamiento adecuado de la información y responder de su fiabilidad. El periodismo sigue siendo lo de siempre: la información, la verificación y la emisión.

El terreno del periodista ha sido siempre la calle. Ahora tiene dos calles: una física y otra que es virtual, pero que es igual de real, porque la integran personas que están allí y haciendo cosas. Esas dos calles se traducen en un volumen de posibles temas para seleccionar al que jamás se había enfrentado el periodista, por no mencionar esa tercera e ingente vía que es la que procede del comunicador institucional. Por ello, el nuevo periodista tiene que estar necesariamente más cualificado de lo que estaban sus antecesores.

 

 

SOBREABUNDANCIA DE INFORMACIÓN

La sobreabundancia de información hace que la sociedad reclame y aprecie otras funciones típicamente editoriales, como son la selección, jerarquización y valoración de los hechos, tareas que hasta ahora se asociaban a la mediación periodística y que ahora empiezan a compartirse con nuevos actores. El usuario, el consumidor de información, cuya saturación ya no es preciso ni mencionar, demanda orientación, clarificación, seguridad, credibilidad y utilidad.

En este panorama de exceso de información, el periodismo tiene tanto o más valor que nunca porque, desde siempre, una de sus labores ha sido separar el polvo de la paja, elegir entre una gran cantidad de información aquellos datos auténticamente relevantes para la historia que se quiere contar. Sencillamente, no hay ninguna profesión más capacitada para esa función.

Es en ese aspecto donde deben destacar los nuevos periodistas y donde deben adquirir la condición de profesionales. Y es que no hay que olvidar que si hablamos de periodismo profesional es porque alguien paga a alguien que se dedica profesionalmente a ello. Es una obviedad, pero como tantas otras, a veces se nos olvida.

Por eso, los nuevos periodistas deben estar mejorando y formándose continuamente. En los últimos quince años se han producido más avances tecnológicos que en los últimos cincuenta, afectando a todos los aspectos de la vida y todas las industrias y profesiones. Sería de estúpidos que los periodistas no se adaptaran a esos cambios con la excusa de que “llevo veinte años trabajando así . Tienen que estar mejorando en su profesión y aprendiendo algo nuevo cada día, y más cuando una de las características por las que los periodistas amamos nuestro trabajo es que no hay dos días iguales.

 

 

CONCLUSIÓN

Como se puede ver, El periodista en la encrucijada es un estudio que da mucho que pensar y me alegra mucho que existan estudios así en castellano. Gracias a ellos, estudiantes, periodistas en ejercicio, académicos e interesados en el impacto de las tecnologías de la información en el periodismo tienen un excelente punto de partida para abordar el futuro de los medios de comunicación en general y la situación de los medios en España en particular.

Por todo ello, considero que El periodista en la encrucijada es una lectura 2.0 esencial. Si te interesa el futuro de los medios de comunicación, la desaparición de la prensa escrita y/o el cambio de paradigma comunicativo en el que nos encontramos, el estudio coordinado por Mª Pilar Diezhandino es una lectura obligada.

 

 

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No se dice curador de contenidos, se dice responsable de contenidos

 

A raíz de este post de Periodismo Ciudadano, he tenido en Linkedin un interesante intercambio de comentarios con mi amigo Pablo Martín, excelente profesional y mejor persona, que me ha llevado a querer hablar sobre ese anglicismo que tan de moda se está poniendo: la curación de contenidos.

 

La curación de contenidos es una traducción literal del inglés, content curation, y se refiere a la figura del curator, que es como se denomina en inglés a los responsables de los museos que dirigen, organizan y seleccionan piezas para exposiciones y que aquí en España se denominan comisarios. Esa labor se ha trasladado al mundo virtual donde, a causa de la sobreabundancia de información, existe la necesidad real de una persona que catalogue, filtre y seleccione de entre toda la información existente lo auténticamente relevante.

 

En España, ni curación ni curar tienen entre ninguno de sus significados recogidos por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua nada remotamente parecido a la definición inglesa. Sólo curador puede aceptarse en un sentido muy amplio, toda vez que su primera definición es “que tiene cuidado de algo”, pero no es ni de lejos el equivalente al curator inglés.

 

¿Cómo podríamos traducir o adaptar el término al español? Comisario sería la primera opción, pero no tenemos posibilidad de usarlo como verbo. O al menos no la tendremos hasta que salga la 23ª edición del Diccionario, que acepta el verbo comisariar en el sentido de “organizar una exposición o muestra artística o cultural”. Aunque sea correcto, no creo que vayamos a ver en el corto plazo los términos “comisario de contenidos” o “comisariar contenidos”.

 

Como no podemos esperar a la nueva edición del Diccionario, lo mejor es hacer caso a la Fundación del Español Urgente, que ya en noviembre de 2011, recomendaba utilizar la expresión “responsable de contenidos” para traducir content curator, o usar alguna de sus alternativas como “editor de contenidos” o “gestor de contenidos”.

 

Es muy cierto que el lenguaje de la calle va siempre por delante de las academias y los diccionarios pero también es cierto que los anglicismos no nos aportan nada. Cuando son términos sin equivalente en castellano son neologismos y siempre son bienvenidos, como puede ser chatear (que también es una nueva palabra aceptada en la 23ª edición), pero no cuando existen palabras en nuestro idioma que pueden utilizarse para esa función. Así que ya sabes, no se dice curador de contenidos, se dice responsable de contenidos, y no se dice curación de contenidos, se dice edición o gestión de contenidos.

 

 

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Qué es la neofilia y por qué te afecta

Leo el post de Seth Godin The decline of fascination and the rise in ennui en el que explica como, hace una generación, los libros y películas de éxito podían estar en las listas de bestsellers durante meses y hasta años, mientras que en la actualidad cualquier éxito tiene semanas de gloria o incluso días nada más. Esto ha generado una nueva tendencia, la neofilia, que ha transformado para siempre nuestra cultura y está permeando cada vez más ámbitos de nuestra vida diaria.

 

La neofilia es un neologismo que define la afición y gusto desmedido por las cosas nuevas y la novedad. Hasta hace poco, era una característica exclusiva de los early adopters, los consumidores tempranos que adquieren los productos antes de que se consuman masivamente, aquellos que tienen que acceder los primeros a los último de lo último. Hoy, podemos decir que cada vez más gente es early adopter, buscando ser los primeros en disfrutar del nuevo smartphone, el nuevo artista de moda o la nueva serie revelación.

 

Seguro que conoces a alguien con neofilia o igual tú mismo/a eres ese alguien. No es nada raro, nuestro cerebro primate está diseñado para que seamos curiosos por naturaleza y cualquier elemento novedoso en nuestro entorno nos llamará siempre la atención. No podemos evitarlo, estamos hechos asi. Además, es el modo más cómodo de lidiar con la sobreabundancia de información en la que vivimos. Cuando hay mucho para elegir, la mayor parte de la gente elegirá siempre lo más nuevo.

 

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