La Ley Sinde, una Ley inútil desde su concepción

Hoy se aprobará en el Senado la Ley Sinde. Si en diciembre nos felicitábamos del fracaso en su trámite en el Congreso hoy tenemos que lamentarnos de su aprobación. El texto que se va a aprobar (que puedes consultar aquí) no arregla ninguna de las carencias del anterior, incluso las ahonda al ampliar las funciones de la Sección Segunda:

La Sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información que vulnere derechos de propiedad intelectual o para retirar los contenidos que vulneren los citados derechos siempre que el prestador, directa o indirectamente, actúe con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial.

Las negritas son mías, por cierto. Con esa redacción, se causa una inseguridad jurídica tal, que dudo hasta de si es legal; incluso esta misma página podría ser cerrada si la Sección así lo considerase. Con todo, soy tontamente optimista y quiero pensar que en su trámite definitivo en el Congreso, o en la redacción del Reglamento que la desarrolle, se pueda arreglar de alguna manera aunque ya sé que eso es soñar despierto.

En el fondo de la Ley, yace el eterno debate de la piratería en la Red, las descargas, los derechos de autor… un debate del que ya empiezo a estar cansado. El mundo ha cambiado, cómo consumimos productos culturales ha cambiado/está cambiando y quien no quiera verlo está ciego. En primero de periodismo tuve una asignatura de introducción a la economía, y una de las primeras cosas que nos enseñaron es que los bienes son escasos, y por eso tienen valor. ¿Qué valor puede tener entonces una copia digital, que genera abundancia y cuyo coste es prácticamente cero? En el ámbito cultural y otros muchos, hemos pasado de una economía de átomos a una economía de bits, pero ni nuestra mentalidad ni nuestra legislación ha cambiado para adaptarse a esa realidad, y por eso medidas como la Ley Sinde son inútiles desde su mismo concepto. Pero el cambio está en marcha…

La neutralidad de la red y la política no hacen buena mezcla

La semana pasada tuvimos una polémica curiosa, en la que el debate sobre la neutralidad de la red quedó ahogado aquí en España, por cómo nuestras fuerzas políticas afrontan ese debate, materializado en la moción sobre neutralidad de la red del Grupo Popular que se votó y rechazó en el Senado.

En lo que se refiere a neutralidad de la red, se ha escrito mucho sobre el tema, y por gente que conoce mucho más que yo al respecto, incluso con vídeos para explicarlo a los que menos sabemos. Pero algún conocimiento tengo de cómo funciona el Parlamento y los partidos políticos, y de ello es lo que voy a hablar.

Cualquier persona que quiera acceder al debate, que se produjo el pasado día 17 en el Senado, puede hacerlo a través del Diario de Sesiones correspondiente o, gracias al usuario redneutra, visualizar el debate completo en Youtube. Para los que trabajamos en el Parlamento y seguimos este tipo de debates habitualmente, éste no fue especialmente agrio o polémico. Las mociones no dan para tanto, al no tener obligación el Gobierno de cumplirlas. La novedad en este caso, aparte del tema, es que el senador popular que defendía la iniciativa, Ildefonso Pastor, había contado con el apoyo de Enrique Dans, y a la senadora socialista Miriam Andrés no se le ocurrió mejor idea que nombrarlo en una primera intervención y calificarlo como un «factor externo que degrada la imagen y el trabajo de esta Cámara» después.

El impacto de estas palabras y de la votación tiene que haber sorprendido por fuerza a nuestros senadores. Con toda razón, Dans ha escrito una y otra vez sobre el tema mostrando su indignación y en la blogosfera abundan las reacciones al respecto. Pero los partidos políticos españoles son bunkers muy cerrados, en los que lo urgente nunca deja tiempo a lo realmente importante, y el tiempo se mide por procesos electorales.

Me viene a la mente el reciente caso de Nestlé y Greenpeace, un ejemplo de libro de cómo hacer las cosas mal al relacionarse con los públicos a través de la red. De la misma forma, creo que el PSOE del Senado está menospreciando a un colectivo (los internautas, ciberactivistas o cómo quieras llamarlos) cuya importancia sólo puede ir a más en el futuro. Y este menosprecio puede tener consecuencias muy serias.

Las elecciones estadounidenses de 2008 en las que ganó Barack Obama fueron las primeras en las que realmente se implicaron los ciudadanos a través de Internet; si los internautas españoles canalizan su descontento y se unen en un movimiento a favor del voto en blanco o del voto a una tercera fuerza… quién sabe, igual no es tan utópico como parece. Por menos de esto, se han llevado cantantes a Eurovisión.

Si sólo se ha visto por la televisión, el pleno del Congreso o del Senado parecen muy grandes, pero en realidad son salas mucho más pequeñas de lo que aparentan (no tanto el del Senado, que es de construcción más reciente). Por desgracia, eso mismo ocurre con nuestra clase política, a la que, a pesar de ello, he defendido en alguna ocasión: parece grande, pero (con excepciones) es más pequeña de lo que parece…

Imagen: Javier Carro vía Wikipedia