Lecturas 2.0: Desnudando a Google, de Alejandro Suárez

Todos conocemos empresas a las que tenemos identificadas con el mal, y mucho más en el sector de la tecnología. Microsoft ha sido durante muchos años la suma de todos los males, entre otras razones, por el monopolio que han ejercido sobre la informática a nivel doméstico. Apple también cuenta con su cuota de detractores por su ecosistema cerrado. Y luego tenemos el caso de Google.

 

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A ello dedica su libro Desnudando a Google Alejandro Suárez, a poner de manifiesto las prácticas poco éticas de la empresa creada por Page y Brin. Porque muchas veces nos olvidamos que Google es una empresa que se debe a sus accionistas y que busca conseguir el máximo beneficio posible. Cierto es que gracias a ellos tenemos herramientas prácticamente imprescindibles en nuestro día a día como Gmail, Google Maps o Google Docs. Pero eso no debe cegarnos ante la realidad de Google.

 

A lo largo de Desnudando a Google, nos encontramos con la historia de cómo Google ha ido fagocitando un mercado tras otro, destrozando a su competencia y usando el poder que le da ser el primer buscador del mundo. Amparándose en la gratuidad de sus aplicaciones, Google aboga por la libertad de información para recopilar todo sobre nuestras búsquedas, nuestros documentos (Docs), nuestros gustos (+1), nuestras imágenes (Images y Picasa), nuestras agendas (Calendar), nuestros vídeos (Youtube), nuestras calles (Street View), nuestros móviles (Android)… Google tiene mucho interés en devorar y apropiarse de la información, pero no tanto en que los demás conozcamos la suya propia, que suele estar protegida por rigurosos acuerdos de confidencialidad.

 

Sólo eso ya tendría que ponernos en guardia, pero es que hay más. Gobiernos de todo el mundo, desde las duras dictaduras de países como China o Corea del Norte, a las democracias europeas o Estados Unidos, organizaciones públicas o privadas, todos tienen problemas con Google. La compañía californiana no actúa siempre bajo el famoso lema de Don’t be evil, más bien al contrario. Cada nuevo negocio que inician suele encontrarse con que invade alguna parcela de la intimidad o los derechos de los usuarios, y ahí es cuando Google se desentiende y traspasa la responsabilidad al usuario de controlar que su información no aparezca en Google. Ocurre con Street View, con Maps, con las búsquedas… Si hay algo que no quieres que aparezca, ya puedes estar vigilante, porque Google no lo va a estar.

 

Quizás creas que eres sólo un número, pero si lo piensas un momento, eres un número con datos asociados. Google sabe tu nombre, edad, sexo, dónde vives y veraneas. Incluso tiene la fotografía de tu casa. Google te rastrea con fines publicitarios y almacena tus correos y tu agenda. Y eso, por poco que valores tu privacidad, y aunque prometan hacer buen uso de ello, debería inquietarte. El libro de Alejandro Suárez es una llamada de atención para que no nos olvidemos de dónde nos estamos metiendo. Cada vez que haces una búsqueda o ves una publicidad en una web, Google está acumulando más información. No hay que vivir con miedo ni proclamar que el Gran Hermano esta aquí, pero sí debemos saber qué se hace con nuestros datos en la red y libros como éste son vitales para ello. Una lectura muy recomendable.

 

Tener un blog puede costarte el empleo

Si no conoces el caso de Kristopher K. Broooks, ten cuidado con las cosas que escribas en tu blog. Brooks anunció en su blog su contratación en The News Journal de Delaware, con una nota de prensa ficticia en la que incluía una cita de su futuro jefe. A los pocos días, se encontró con una llamada del mismo, que le dijo que la oferta quedaba anulada, por uso indebido del logo del periódico y la cita. Le habían despedido por publicar en su blog.

 

 

Aunque la reacción del periódico es absolutamente desproporcionada, en mi opinión, el error fue de Brooks. Cualquier blog es público y todo lo que se dice en él puede tener consecuencias. Desde luego que anunciar tu nuevo empleo nunca tendría que ser causa de despido, pero en todo hay que guardar las formas, al menos hasta que hayas firmado. En mi caso, siempre me he cuidado muy mucho de mezclar cuestiones laborales con todo lo que escribo en EScomunicación y no he tenido nunca problemas, aunque no puedo descartar que ocurra en el futuro.

 

¿Y tu qué piensas? ¿Se excedió Brooks o la empresa?

 

Las falacias de los defensores de la propiedad intelectual

El pasado sábado, el siempre excelente blog Nada es gratis publicaba este escrito de Jesús Fernández-Villaverde, y no puedo menos que aceptar el desafío de su último párrafo, y copiarlo para compartirlo con los lectores de EScomunicación. Aquí lo tenéis. Es largo pero merece mucho la pena (las negritas son mías).

Copyright sign made of jigsaw puzzle pieces separated

La verdad es que los pesados de los “derechos de autor” me tocan las narices cada vez más, por decirlo así de sencillo y de claro. No se que me molesta más: si su farisea moralina o su falta de conocimientos de economía.

Ayer Samuel Bentolila ponía un link a la columna en FT donde se hablaba de mi post con Luis sobre la consolidación fiscal y explicaba que si no salía, se pusiera el título del artículo en Google y que se iba a él. Alguien nos entró a protestar con el argumento que con ello fomentábamos la piratería intelectual. Cuando le respondimos que esto era una bobada, porque FT te deja mirar un número de artículos gratis al mes sin tener que pagar, primero nos dijo que a FT eso no le hacia gracia ya que quiere que uno se registre primero (lo cual es irrelevante; un lector, PVN, lo explica muy bien en otro comentario que además clarifica que nuestro protestón no sabe lo que es un caché) y segundo entró en una diatriba de cómo el sistema actual era fantástico, con afirmaciones tan peregrinas como “El sistema de derechos de autor en Occidente es hasta la fecha la mejor forma conocida de garantizar el crecimiento y la innovación.” Si uno se va a la página web de la asociación con la que firmaba el comentario (aparentemente no le apetecía dar su nombre verdadero, será que está protegido por algún copyright) se ven, además, las típicas acusaciones sobre robos y demás

Bueno, pues esto no es verdad, es solo una pila de falacias de un grupo de presión que quiere limitar el crecimiento económico.

Empecemos por el principio: ¿es violar la propiedad intelectual robar como roba un pirata? No. Esto es muy obvio una vez que se piensa un poco. Los economistas solemos distinguir entre los bienes rivales y los bienes no rivales. La diferencia se fundamenta en si el uso del bien por un agente económico impide a otro agente usarlo al mismo tiempo: si la respuesta es que sí, es un bien rival, si la respuesta es no, no lo es. Pensemos en una camisa: si yo me pongo una camisa, a la misma vez usted, querido lector, no se la puede poner (al menos que queramos hacer una escena de película de los hermanos Marx). En comparación, si yo estoy utilizando el teorema fundamental del cálculo, no impido a nadie que también lo use. Los 7000 millones de seres humanos podemos estar empleándolo a la misma vez y no pasa nada. Por ello, cuando yo le quito una camisa a mi vecino, le impido que la pueda seguir empleando. Cuando yo le copio a mi vecino su libro de macroeconomía, no impido que él lo pueda seguir usando. Por tanto, el bien bajo propiedad intelectual no me lo estoy apropiando.

Lo que sí que puedo estar causando es un perjuicio económico. Si el dueño del libro es su autor y yo lo copio, él sigue siendo el propietario del libro pero, por ejemplo, no me lo puede vender. Este daño no es un robo, es, como su propio nombre indica, un posible ingreso que se ha perdido.

Me dirá usted, entonces, que en realidad no hay tanta diferencia: que un robo supone la pérdida de un bien y la copia de un libro supone un lucro cesante. Sí y no. Sí, porque en ambos casos el agente sufre una pérdida. No, porque en el segundo caso lo que realiza es una perdida de potenciales ingresos futuros que nuestro sistema jurídico respeta en muchos casos. La mejor prueba de ello es la limitación temporal en los derechos de propiedad: la camisa es mía y lo será siempre. Si tengo descendientes, se la podrán ir pasando el uno al otro hasta el final de los tiempos cuando se caiga a cachos. En cambio, el derecho de propiedad intelectual expirará en un momento u otro. Es decir: que el derecho ya reconoce de manera bastante clara que estamos hablando de cosas muy distintas.

Pero pongamos otro ejemplo para ir más allá. Imaginémonos que yo, en vez de copiar el libro de macroeconomía de mi vecino, escribo uno mejor y le robo el mercado. El daño se lo causo igual: le quito los ingresos futuros. Esto es perfectamente legal. Sin embargo, si yo creo una nueva camisa, no impido a mi vecino que siga disfrutando de su camisa original sin problema.

La única conclusión lógica a la que se puede llegar, por tanto, es que el copiar una obra intelectual es un acto que no limita el disfrute de la cosa por su propietario pero que causa un daño económico en una tercera persona y que el derecho ha decidido limitar en ciertos casos. Robo, no es robo de nada. Daño al autor: sí, si efectivamente se pierde el flujo de ingresos.

¿Por qué protege el derecho la propiedad intelectual? Porque es necesario dar incentivos ex ante a los creadores de obras intelectuales. Estas se caracterizan por generar, casi en su totalidad, solo costes fijos, mientras que los costes marginales son casi cero. Pensemos en una película: el coste de la misma es filmarla (coste fijo), el coste de vender un DVD más de la misma es casi trivial. Si estuviésemos en un sistema donde copiar DVDs fuera gratuito, el precio de los mismos convergería rápidamente a su coste marginal (cero) y por ello, en principio (las cosas en realidad son más sutiles, por eso digo en principio) el creador nunca podría recuperar sus costes fijos, con lo cual no habría creación intelectual. El remedio que tenemos en occidente es dar un “monopolio” temporal al creador de la obra (o el que tenga el derecho en ese momento) por el cual si alguien vende DVDs de la misma película, se le aparecerá la Guardia Civil a hacerle cambiar de opinión. El monopolista entonces impondrá un precio superior al coste marginal, lo que genera una distorsión ex post.

Es decir: que el otorgar derechos de propiedad intelectual es únicamente un sistema de incentivos y por tanto carece de ninguna valoración moral, ni positiva ni negativa. Nadie tiene “derecho” innato y natural a la propiedad intelectual (sí que creo que tiene derecho al reconocimiento de ser el autor, pero nada más). La propiedad intelectual es simplemente un mecanismo de la sociedad para solucionar un problema. Es como poner una cañería en la casa de uno: por algún sitio tiene que ir el agua.

Y de la misma manera que uno puede diseñar distintas cañerías, existen diversas maneras de suministrar los incentivos adecuados. En particular, tenemos que recordar que el monopolio al que nos referíamos genera una distorsión ex post para generar los incentivos ex ante. Por tanto es sensato pensar en la posibilidad de mecanismos alternativos.

El primero es el mecenazgo, público o privado. Buena parte de lo mejor de la innovación en la historia de occidente ha venido del mismo, incluido la inmensa mayoría de la ciencia básica y de la tecnología moderna. Este post está escrito gracias la arquitectura básica de internet, Unix, C++ y Latex, todos ellos productos de este mecenazgo. La financiación (pseudo) pública nos ha dado Unix; la búsqueda de beneficios, Windows Vista.

El segundo son los premios. A lo largo de la historia los gobiernos han otorgado premios a aquellas personas que generaban una nueva idea (por ejemplo, un reloj particularmente exacto para la navegación). Muchos economistas como Michael Kremer han propuesto recuperar esta tradición y que los gobiernos anuncien, por ejemplo, un premio a la primera compañía que encuentre una vacuna efectiva contra ciertas enfermedades tropicales.

El tercero es el facilitar mecanismos de cooperación múltiple. Wikipedia es el mejor ejemplo posible: en vez de gastarnos un dinero tonto en una enciclopedia privada, tenemos ahora una pública que es varios órdenes de magnitud mejor.

El cuarto son todos los mecanismos de innovación competitiva que han permitido, por ejemplo, el crecimiento de Walmart. Buena parte de los procesos de negocios no están protegidos y pueden ser copiados libremente y sin embargo las empresas continuamente crean nuevos procesos.

Finalmente, y manteniéndonos dentro del sistema actual, se pueden cortar muchos de los excesos que el mismo tiene. Que un libro siga estando protegido 70 años después de la muerte del autor me parece sencillamente absurdo. Cualquier flujo de ingresos futuros descontados tan lejos en el tiempo a un tipo de interés sensato (pongamos el 4% anual) es trivial. La presunción es, en consecuencia, que estamos protegiendo en exceso a la propiedad intelectual. Quien tenga opinión contraria debe de suministrar evidencia: la carga de la prueba recae en aquellos que quieren el monopolio, no en lo que los queremos eliminar.

Dado que existen alternativas, la necesidad de reconfigurar nuestro sistema de propiedad intelectual es más importante que nunca. En un mundo digital los límites a la creatividad y a la experimentación, son tan difusos que, coartarla como intenta hacer buena parte de la industria con cosas como SOPA es una profunda equivocación. Vivimos en un momento en el que deberíamos de pecar de poca protección, no de protección excesiva. Daron Acemoglu lo explica mucho mejor que yo:

Para que no los sepan Daron es uno de los líderes actuales de la profesión económica. No se me ocurre nadie en su generación que haya contribuido más en temas de crecimiento económico o de la innovación.

Pero los ejemplos de gente que se ha sentado a pensar en este tema y han llegado a la conclusión de que nuestro sistema actual no tiene ni pies ni cabeza serían interminables así que solo voy a citar uno cercano a este blog: Michele Boldrin, que junto con David Levine, han escrito un magnífico libro al respecto. Lo mejorcito de la profesión, por tanto, es profundamente escéptica sobre el sistema de protección actual.

Son los defensores del sistema actual los que están en minoría en el mundo académico. Se aferran a una concepción anticuada de la innovación y lo que es peor, ni saben historia económica ni entienden los problemas de incentivos existentes. Y encima aderezan esa ignorancia con “moralina” de serie americana barata: “que si esto es robar”, “que si es piratería”, blah, blah. Zarandajas.

Así que querido lector: si usted es de los que les molesta el sistema actual y quiere luchar para cambiarlo, por favor adelante. Callemos con nuestros argumentos a una industria que quiere destruir nuestro futuro de innovación y crecimiento.

Pd. Y prediquemos con el ejemplo: copie este post masivamente, cuanto más mejor.

 

Comienza #MarzoNegro

En unas pocas horas dará comienzo el mes de marzo y la iniciativa #BlackMarch o #MarzoNegro, en la que Anonymous y otros colectivos llaman a no comprar ningún producto cultural en represalia por el cierre de Megaupload e iniciativas como SOPA, PIPA o la Ley Sinde. Es un llamamiento internacional para golpear a las multinacionales de la cultura “donde de verdad les duele: en su margen de beneficios”.

No sé si #MarzoNegro tendrá algún éxito. La situación actual de crisis no ayuda a que la gente consuma y cuando hay que apretar el cinturón, música, cine o videojuegos son los primeros en caer. Marzo ya va a ser bastante negro de por sí. Además, todavía recuerdo otra iniciativa popular surgida también en la red como fue el movimiento #nolesvotes. Creo que todos recordamos cuál fue el resultado…

A pesar de todo, espero y deseo que #MarzoNegro tenga algún impacto, y no me refiero a los medios de comunicación. Si cuando llegue el momento de hacer balance, se ha podido reducir aunque sea un 5% las ventas de discos o entradas de cine, podremos hablar de éxito. Y quizás consigan cambiar alguna mentalidad.

Quede claro que apoyar #MarzoNegro no es ir contra los autores, sino contra una industria moribunda que es incapaz de asumir que todo ha cambiado y que no ofrece alternativas a sus consumidores. Cada vez con más frecuencia, esa industria reacciona desproporcionadamente ante las libertades y oportunidades que ofrece internet, tratando a sus clientes como enemigos y delincuentes o promoviendo nuevas leyes para mantener el sistema tal y como era en el siglo pasado.

El mundo ha cambiado para siempre, pero todavía hay quien no se ha dado cuenta.

8 de febrero, Día de la Independencia del Ciberespacio

Declaración de Independencia del Ciberespacio
Gobiernos del Mundo Industrial, cansados gigantes de acero y carne, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido a vosotros, el pasado, que nos dejéis solos. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.
No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, y no me dirijo a vosotros con más autoridad que aquella con que la libertad misma se expresa. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que buscáis imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.
Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Ni habéis pedido ni habéis recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuese una obra pública. No podéis. Es un acto natural que crece de, y a través de,  nuestras acciones colectivas.
No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni habéis creado la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden del que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.
Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolvereremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente.
El Ciberespacio está formado de transacciones, relaciones, y del puro pensamiento, que se extiende como una onda estacionaria en la telaraña de nuestras comunicaciones. El nuestro es un mundo que está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.
Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo extrañas que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.
Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia y aquí no hay materia.
Nuestras identidades no tienen cuerpo así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener el orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un inteligente interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas de vuestras jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas constituyentes reconocerían es la Regla De Oro. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis intentando imponer.
En los Estados Unidos, hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Ahora, esos sueños deben renacer en nosotros.
Os aterrorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas que sois demasiado cobardes para afrontar. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquél sobre el que las alas baten.
En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.
Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita vuestras fábricas para ser realizado.
Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación que pasados amantes de la libertad y la autodeterminación, que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros “yos” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del Planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.
Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

Seguimos con aniversarios. Hoy se cumplen 16 años de la Declaración de la Independencia del Ciberespacio escrita por John Perry Barlow, un texto que en la actualidad sigue más vigente que nunca.

Cuatro ideas sobre el cierre de Megaupload

Ahora que ya han pasado unos días desde el cierre de Megaupload y todas sus páginas derivadas por parte del FBI, es el momento de hacer un análisis en frío de lo que esto supone. Hay quien lo considera el primer disparo de la próxima ciberguerra y para otros es simplemente, meter en la cárcel a unos cuantos chorizos. Como siempre, nadie tiene la verdad absoluta pero sí hay una serie de ideas que podemos sacar del cierre de Megaupload:

  • Alguna razón hay para sospechar de Megaupload. Nadie apoya a los que se lucran mediante el tráfico de archivos protegidos por derechos de autor y la actitud de Kim ‘Dotcom’, que incentivaba a los uploaders y vivía entre lujos extravagantes, no ayuda a que sintamos simpatía por él. Ahora será un juez quien determine si su actividad era ilegal o no, que es cómo debe ser.
  • El cierre de Megaupload es un mazazo para los defensores de la cultura libre y da un argumento muy poderoso a quienes quieren seguir como hasta ahora. Desde el pasado día 19, es mucho más difícil defender sistemas de intercambio de archivos, el almacenaje en la nube o la eliminación del DRM. No olvidemos que la internet que conocemos hoy en día está basada en el software libre y en compartir y enlazar información sin restricciones.
  • Sienta un precedente muy peligroso. ¿Qué ocurre con otras compañías de alojamiento de archivos como Sendspace o Rapidshare? ¿O con otras más especializadas en almacenaje en la nube como Dropbox o Minus, o incluso con las dedicadas a compartir documentos como Scribd o Slideshare? Los usuarios ahora ya no tenemos garantías sobre nuestros archivos alojados en la nube y menos si Estados Unidos sigue actuando como sheriff mundial, con esa mentalidad de frontera tan norteamericana.
  • No va a conseguir nada. ¿Realmente alguien cree que, por ejemplo, va a subir la venta de discos por el cierre de Megaupload o que la gente retornará a las salas de cine en masa? Quienes no tenían intención de pasar por caja seguirán sin pasar por caja y aquellos que pagan seguirán haciéndolo. Mientras no haya alternativas legales, asequibles y con una experiencia de usuario razonable, no se podrá invertir esa tendencia.

Por qué el precio de la información es cero

Free

Durante cientos de años, nos han enseñado que todo tiene un precio y que lo barato sale caro. Por eso, estamos condicionados para sentir rechazo hacia el regalo y lo gratuito. Todo ello tenía su sentido en una economía de la escasez. Pero, en lo que a producción intelectual se refiere, hemos entrado en una economía de la abundancia. Vivimos en una era de sobreabundancia de información.

Es Economía básica. Si un bien es escaso, su precio crece. Si un bien es abundante, su precio disminuye. En el caso de la información, no hay bien más abundante en la era del zettabyte.  Su precio ha bajado a cero, pero su valor no hace más que crecer. Consumimos más información que nunca en todos los soportes imaginables. El público demanda información, pero a su precio, y el precio que ha fijado el mercado es cero.

Esto va a transformar el panorama de los medios de comunicación y los proveedores de información. El modelo que ha funcionado desde finales del siglo XIX ya no funciona. Las grandes infraestructuras de los mass media ya no son ni operativas ni rentables.

Pero va a costar cambiar nuestra mentalidad. Se va a hacer lo imposible por seguir cobrando por la información. Se va a justificar el cobro por mantener infraestructuras obsoletas e imperios mediáticos. Se va a intentar limitar la libre circulación de la información. La lucha va a ser feroz entre quienes quieren mantener lo que hay y quienes apuesten por lo nuevo y lo único seguro es que nada volverá a ser lo mismo.

La Ley Sinde, una Ley inútil desde su concepción

Hoy se aprobará en el Senado la Ley Sinde. Si en diciembre nos felicitábamos del fracaso en su trámite en el Congreso hoy tenemos que lamentarnos de su aprobación. El texto que se va a aprobar (que puedes consultar aquí) no arregla ninguna de las carencias del anterior, incluso las ahonda al ampliar las funciones de la Sección Segunda:

La Sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información que vulnere derechos de propiedad intelectual o para retirar los contenidos que vulneren los citados derechos siempre que el prestador, directa o indirectamente, actúe con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial.

Las negritas son mías, por cierto. Con esa redacción, se causa una inseguridad jurídica tal, que dudo hasta de si es legal; incluso esta misma página podría ser cerrada si la Sección así lo considerase. Con todo, soy tontamente optimista y quiero pensar que en su trámite definitivo en el Congreso, o en la redacción del Reglamento que la desarrolle, se pueda arreglar de alguna manera aunque ya sé que eso es soñar despierto.

En el fondo de la Ley, yace el eterno debate de la piratería en la Red, las descargas, los derechos de autor… un debate del que ya empiezo a estar cansado. El mundo ha cambiado, cómo consumimos productos culturales ha cambiado/está cambiando y quien no quiera verlo está ciego. En primero de periodismo tuve una asignatura de introducción a la economía, y una de las primeras cosas que nos enseñaron es que los bienes son escasos, y por eso tienen valor. ¿Qué valor puede tener entonces una copia digital, que genera abundancia y cuyo coste es prácticamente cero? En el ámbito cultural y otros muchos, hemos pasado de una economía de átomos a una economía de bits, pero ni nuestra mentalidad ni nuestra legislación ha cambiado para adaptarse a esa realidad, y por eso medidas como la Ley Sinde son inútiles desde su mismo concepto. Pero el cambio está en marcha…

El fracaso de la Ley Sinde

Finalmente, ayer se bloqueó en el Congreso la conocida como Ley Sinde. La disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible fue rechazada en la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso por todos los grupos parlamentarios menos el partido del Gobierno, culminando una jornada muy larga con aplazamientos de la votación, mentideros en los pasillos y protestas online y offline de la industria cultural y los internautas.

Ha habido mucha propaganda y mucha desinformación, por lo que lo primero que debe hacer cualquiera para formarse una opinión es examinar primero la famosa disposición final segunda (pág. 55 y siguientes de este PDF). Ese es el texto presentado por el Gobierno y no da lugar a interpretaciones: Crea una Comisión de Propiedad Intelectual dependiente del Ministerio de Cultura; la faculta para interrumpir servicios de la sociedad de la información y retirar contenidos si considera que violan la propiedad intelectual (algo que antes de esta Ley sólo podía decidir un juez); establece un procedimiento express de sólo cuatro días para ejercer esas facultades y limita la autorización judicial a la ratificación del procedimiento.

Con este texto, no es de extrañar que todas las asociaciones de internautas pusieran el grito en el cielo, pero es que la tramitación política ha sido, como mínimo, deficiente. Se ha colado de tapadillo como una disposición final en una Ley que no tiene nada que ver con la propiedad intelectual o internet, y el PSOE ha intentado su aprobación con el debate público mínimo, usando la competencia legislativa plena en la Comisión de Economía. El problema del Gobierno es que calculó mal los apoyos que podría obtener ante el rechazo de la opinión pública y se vio obligado a mendigar o comprar esos votos que le hacían falta, pero no ha podido ser.

El timeline de ayer también fue curioso. La Comisión comenzó ayer a las 12:00 y la primera votación estaba prevista a las 13:30, primero se aplazó a las 15:30 y luego a las 15:45; cuando ya toda España estaba impaciente, se aplazó la votación hasta después del Pleno de la tarde. Aunque la razón primordial era seguir negociando con CiU para intentar salvar la Ley Sinde, hay que decir que el aplazamiento también tenía su lógica por el Pleno, que comenzaba a las 16:00. La disposición final segunda era una votación entre cientos, y el proceso de votaciones de la Ley de Economía Sostenible podía durar fácilmente más de hora y media. Miembros de la Comisión, de uno y otro partido, tenían que intervenir en el Pleno, que debatía asuntos de importancia como el veto del Senado a los Presupuestos Generales del Estado, la Ley antitabaco o leyes orgánicas como la reforma del Estatuto de Extremadura o la reforma de la Ley Electoral General. Para los grupos más pequeños, era materialmente imposible poder hacer ambas cosas a la vez, así que el aplazamiento estaba justificado.

Ahora que ha sido rechazada, queda la cuestión de los vencedores y los vencidos. El principal derrotado es el Gobierno y su ministra de Cultura, a la cual creo que le queda poco en el cargo. Pero también hay que tener en cuenta a las sociedades de gestión y a los artistas que se posicionaron a favor de la Ley Sinde. Por un twitt, a Alejandro Sanz le han caído de todos los colores y un comentario de Miguel Bosé en Facebook ha generado el mismo rechazo de los internautas. Si ya la SGAE tenía mala imagen, después de esto, no ha hecho más que empeorar.

¿Hay vencedores? Políticamente, cualquier partido que ha votado en contra de la Ley Sinde podría ponerse las medallas y habrá que esperar a las declaraciones del día de hoy por si alguno lo hace. Pero los vencedores claros son las asociones de internautas, la blogosfera española y, en última instancia, todos nosotros. El debate de la Ley Sinde no era el debate de la propiedad intelectual (que es muy necesario), era el debate de si una comisión política podía tener atribuciones que corresponden al poder judicial o no. Y ante ese debate, no cabía otra postura que el rechazo total a la Ley Sinde.