La mínima unidad informativa y el umbral de saciedad

Después de leer a Jeff Jarvis y su post Past the page me he quedado pensando en cuál es la mínima unidad informativa. Jarvis sostiene en su texto que los modernos sistemas de búsqueda por voz modifican por completo la actual estructura en la que esa unidad es la página. Los medios de comunicación han pasado de vender al público paquetes de información -periódicos, boletines de radio, informativos de televisión- a intentar que accedan a una página, cualquier página, y que de ahí pasen a otra, permaneciendo en la web el tiempo suficiente para justificar las tarifas que cobran a los anunciantes. Pero al igual que la red ha dinamitado el modelo del paquete de información, la búsqueda por voz dinamita el de la página como unidad informativa. Para Jarvis, la posibilidad de conocer, por ejemplo, el resultado del partido de ayer a través de estos sistemas supone una pérdida para los medios de comunicación, cuyo valor de cara al usuario cada vez se reduce más. Creo que es un poco exagerado, pero no le falta parte de razón. Eliminado el paquete y eliminada la página, ¿qué unidad informativa mínima nos queda?

Pensemos fríamente. Usamos los medios de comunicación para estar informados, pero en muchos casos es por pura inercia, ya que estamos acostumbrados y condicionados a informarnos a través de ellos, después de más de un siglo de medios de comunicación de masas. Hoy en día, se puede estar informado sin necesidad de recurrir a los medios de comunicación tradicionales, y esto es así porque la unidad mínima informativa es cada vez menor. Lo dije hace año y medio: “Antes, para estar “informado”, había que consumir un producto informativo cerrado y delimitado en espacio y tiempo, léase telediario, periódico o boletín radiofónico. Hoy, cualquier persona que desee estar informada sólo ha de elegir con cuidado las fuentes de su dieta informativa y lo estará dónde y cuándo desee, sin necesidad de señales horarias o primeras ediciones”. El paquete informativo ya ha perdido su sentido. ¿Qué unidad nos queda que sea inferior?

[pullquote]El umbral de saciedad informativa marca el punto a partir del cual uno puede considerarse informado y es siempre una consideración subjetiva de cada uno[/pullquote]

Esa unidad sería la página, la noticia singular que consultamos en un momento dado. Pero si aceptamos la tesis de Jarvis de que la página pierde su valor, ¿cuál es la siguiente unidad informativa? El titular. Es algo lógico que el titular sea la mínima expresión a la que puede reducirse una noticia, ya que de siempre ha sido el resumen máximo de la misma. Por tanto, a nadie debe sorprender que sea la mínima unidad informativa, pero quizás sí cuando diga que se puede estar informado a través de titulares.

Puede que esto resulte una aberración para muchos, pero permitid que intente explicarme, porque cuanto más lo pienso, más sentido tiene. Partimos de un hecho conocido como es la sobreabundancia de información, tantas veces tratada en el blog. Esa sobreabundancia hace que tengamos acceso a la información a través de múltiples canales, uno de los cuales son los medios de comunicación, pero no el único. En nuestro quehacer diario, estamos expuestos a todos esos canales y cada uno de nosotros elige a través de cuál de ellos se informa y en qué cantidad; esto es, sacia su necesidad de información. Antes, cuando había pocos canales, el umbral de saciedad informativa -si lo podemos denominar así- se alcanzaba con pocas fuentes de información, que estaban muy aprovechadas; hoy, cuantas más fuentes incorporamos a nuestra dieta informativa, menos podemos aprovechar cada una de ellas individualmente antes de llegar a ese “umbral de saciedad” en el que nos consideramos informados. En otras palabras, consumir un poco de varias fuentes de información es como consumir mucho de pocas fuentes.

[pullquote]Seleccionando bien las fuentes de información, uno puede estar informado sobre un asunto determinado a base de titulares y enlaces[/pullquote]

Si aceptamos ese hecho, entonces podemos estar informados a través de titulares. Twitter es un ejemplo claro de cómo se puede uno informar a través de titulares: si tienes bien seleccionadas las cuentas que sigues, con los tuits y enlaces que publiquen, puedes estar perfectamente informado sobre un asunto determinado. O si lo prefieres, haz un experimento. Accede a la página principal del medio que prefieras y lee los titulares. ¿En cuántos de ellos quieres ampliar la noticia? Repite la misma operación en otro medio y luego en otro, y si quieres en otro más. A medida que vas sumando medios y titulares consultados, el número de titulares que querrás ampliar irá descendiendo, hasta que alcances ese umbral de saciedad del que hablaba anteriormente. Puedes hacerlo igual con periódicos impresos, el resultado será el mismo. Si eres un ávido consumidor de información -tienes un umbral alto-, llega un momento en el que los titulares te bastan y te vuelves más selectivo con aquellos en los que quieres ampliar información. Si no eres un gran consumidor de información, con más razón te bastarán unos titulares para considerarte informado.

Porque la clave final de todo esto está en que es el usuario el que decide, partiendo de la unidad mínima de información. Conociendo los titulares, mi propio criterio informativo es el que me dirá si quiero ampliar la noticia o no; no es necesario que me lo diga el periodista, que puede tener unos criterios muy diferentes de los mios. Este cambio de foco en el que la audiencia gana poder de elección es una de las características del cambio de paradigma en que nos encontramos, y ha motivado una trivialización de la información para poder llegar al mayor número posible de personas, de la que hablaremos en el próximo post. ¿Es la audiencia la que demanda información basura o la audiencia traga información basura por que no tiene otra opción?

 

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¿Y si estamos interpretando mal los estudios sobre el consumo de medios de comunicación?

Es una pregunta que me surge tras leer este texto de Jeff Jarvis. En él, Jarvis apunta que podemos estar malinterpretando los resultados de los estudios sobre el consumo de medios de comunicación y cita el reciente estudio de Pew Research, que puedes consultar resumido aquí. Sí, las nuevas generaciones cada vez pasan menos tiempo consumiendo noticias, pero ¿y si lo estamos interpretando mal? ¿Y si esas nuevas generaciones simplemente hacen un consumo más eficiente?

Cuanto más lo pienso, más creo que Jarvis tiene razón. Considerar que el éxito de un medio de comunicación se basa en la cantidad de tiempo que invierten en él sus usuarios es algo que tenía su sentido en la era de los medios de comunicación de masas. Mayor tiempo y, por tanto, mayor atención, funciona cuando los medios operan bajo la premisa de que todos los lectores/oyentes/espectadores ven todos los anuncios del medio, con lo que el medio puede cobrar a los anunciantes por la cantidad de lectores/espectadores, con unos precios controlados por los medios en base a su monopolio de la producción y distribución.

Pero ese tiempo ya ha terminado, a causa de la sobreabundancia de información.

Cada vez hay más información disponible para todos nosotros, ya no es un bien escaso. Por tanto, los usuarios (un término en el que englobo a los antiguos lectores/oyentes/espectadores) ya no necesitan leer un periódico completo o ver un informativo entero para poder acceder a la información que les interesa. La red es un nuevo canal en el que hay muchas herramientas que, debidamente configuradas, permiten consultar de manera rápida todo aquello que nos interesa. Nuestro consumo es más eficiente gracias a esas herramientas, porque aunque ahora hay más información que nunca, el día sigue teniendo solo 24 horas. Y en eso puedo citar mi caso personal, que creo es el de muchos.

Creo que nunca he leído un periódico entero y no conozco a nadie que lo haga. Me limito a las noticias que realmente me interesan, que siempre serán un pequeño porcentaje de las que ofrezca el diario. Puedo escuchar en su integridad un boletín horario de la radio, pero nunca escucharé el informativo de mediodía completo, por ejemplo; cuando hayan dado la noticia que me interesa, o hayan dado los titulares, que para mí cumplen el mínimo exigible, apagaré la radio. Y en televisión, aunque tenga puesto en mi tele el telediario completo, mi atención no estará puesta en él salvo en las noticias que me interesen, y el 99% de las veces habré apagado la tele antes de que acabe.

Nuestro tiempo es limitado, siempre lo ha sido. Pero es ahora, ante una multiplicación de la oferta, cuando los medios de comunicación ven como su porción del pastel de nuestra atención disminuye cada vez más. Eso se ve como una mala noticia porque seguimos anclados en la presunción de que más tiempo equivale a más atención, y los medios de comunicación siguen vendiendo nuestra atención para conseguir publicidad. Por eso hay que darle la vuelta a esa presunción.

Los medios de comunicación del siglo XXI no deben trabajar para retener a los usuarios, deben trabajar para dar a los usuarios lo que quieren: información, unas veces en cápsulas, otras en artículos más largos, pero siempre con la vista puesta en el usuario, no en sacar beneficio del tiempo que emplea en ello. El medio que da a los usuarios lo que quieren puede cobrarles por ello, y con mayor motivo si les da algo que no pueden encontrar en ningún otro sitio; eso es igualmente válido para internet y si lo hacen consumiendo menos de nuestro tiempo, mucho mejor. Como dice Jarvis, la eficiencia no es el enemigo de las noticias, debería ser el objetivo.

 

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Public parts en español

Después de unos días alejado del blog para coger fuerzas, vuelvo con energías renovadas y con una gran noticia bajo el brazo. Ya está disponible en español Public parts de Jeff Jarvis.

Bajo el título de Partes públicas: Por qué compartir en la era digital mejora nuestra manera de trabajar y vivir, Gestión 2000 ha editado el libro del que hablamos en su momento tanto aquí como en una nueva entrega de lecturas 2.0. Con esta edición en castellano, ya no tienes excusa para leer un libro que aporta una mirada muy necesaria a las nuevas realidades que nos traen los cambios tecnológicos. Como dije hace un par de meses:

La tecnología ha cambiado nuestra forma de ser, y como nos encontramos en esta época de cambio de paradigma, hay mucha resistencia al cambio y miedo a lo desconocido. ¿Qué cosas necesitamos mantener privadas y por qué? ¿Cuáles son las raíces de nuestro temor a perder la privacidad? ¿Cómo relacionamos las diferentes visiones de la privacidad que cada persona tiene? Son preguntas que todos debemos empezar a tener en cuenta. Al igual que en la vida real, en internet cada persona debe poner sus propios límites a lo que quiere compartir con los demás, pero también tiene que sopesar las oportunidades que se pueden perder si no se es público, como recuperar amistades o hacer nuevas relaciones y contactos profesionales.

 

Lecturas 2.0 esenciales: Public Parts, de Jeff Jarvis

Haz clic para acceder a la versión inglesa en Amazon.es. No hay versión en castellano por el momento.

El libro Public Parts de Jeff Jarvis es el primer estudio medianamente serio que he leído sobre lo privado (privacy) y lo público (publicness) en la era digital, y cómo lo uno no excluye a lo otro, sino que son interdependientes. Es imposible definir lo privado sin examinar lo público y viceversa. Jarvis explica que ya estamos viviendo nuestras vidas de forma cada vez más pública, compartiendo nuestros pensamientos, fotografías, vídeos, lugares, compras, recomendaciones y mucho más en Facebook, Twitter, Flickr, Youtube, Foursquare y otras plataformas creadas por empresas que basan su razón de ser en compartir. Por eso, el debate sobre qué es privado y qué es público será uno de los más importantes de los próximos años.

La tecnología ha cambiado nuestra forma de ser, y como nos encontramos en esta época de cambio de paradigma, hay mucha resistencia al cambio y miedo a lo desconocido. ¿Qué cosas necesitamos mantener privadas y por qué? ¿Cuáles son las raíces de nuestro temor a perder la privacidad? ¿Cómo relacionamos las diferentes visiones de la privacidad que cada persona tiene? Son preguntas que todos debemos empezar a tener en cuenta. Al igual que en la vida real, en internet cada persona debe poner sus propios límites a lo que quiere compartir con los demás, pero también tiene que sopesar las oportunidades que se pueden perder si no se es público, como recuperar amistades o hacer nuevas relaciones y contactos profesionales.

No sólo las personas deben hacerse estas preguntas. Los gobiernos también han de decidir sobre lo privado y lo público. Jarvis afirma, y yo coincido con él, que los gobiernos deben ser públicos por defecto y privados sólo por necesidad. Hay muchas razones para que haya información restringida bien sea por seguridad, por investigaciones criminales o por cuestiones diplomáticas. Todo lo demás tiene que ser público, es nuestra información. Pero los gobiernos no actúan así, y por eso surgen nuevas especies como Wikileaks, contra los que el status quo puede luchar, pero no prevalecer. Clasificar más información como secreta no es la respuesta, porque cuánto más secretos ocultas, menos confiable eres para decidir qué es secreto. La transparencia en la vida pública es la mejor estrategia.

Al igual que los gobiernos, también las empresas deben valorar los beneficios que les supondría ser más públicas.  Imagina una empresa que escuchase a sus clientes y que colaborase con ellos para que le ayudaran a diseñar los productos. Esa colaboración en el diseño daría a la empresa un producto con una demanda certificada, lo que estabilizaría las ventas y eliminaría los riesgos que siempre supone lanzar un nuevo producto. Además, la imagen de la marca cambiaría, transformando a la empresa en la compañía que convierte a sus clientes en socios. ¿Como consumidor, quien no elegiría a una empresa así? En un mundo enlazado y una economía basada en relaciones, el aislamiento sale muy caro.

Newspapers B&W (3)

Public Parts para los periodistas

En lo que al periodismo se refiere, Jarvis (que es profesor de periodismo en la City University de Nueva York) habla de la diferencia entre el trabajo periodístico como producto finito y el trabajo periodístico como proceso inacabado. Si anteriormente todos los productos periodísticos tenían un principio y un fin en el espacio y en el tiempo, hoy eso ya no es así. La noticia digital nunca muere, es un proceso continuo con múltiples autores en el que los periodistas no son ya los dueños únicos de la información.  El periodismo del futuro estará en una continua fase beta, mejorándose y reinventándose a cada momento.

La profesión periodística se enfrenta a un proceso de transformación, dentro de una crisis económica que coincide con el paso de una economía industrial a una economía digital en la que la información es la nueva moneda. Y ante estos cambios, sólo hay dos posibilidades: resistirse, lo cual es inútil, o intentar entenderlos y aprovechar las oportunidades que representan. Las empresas periodísticas harían bien en construir su futuro digital antes que proteger su pasado impreso. 

El problema para las empresas periodísticas es que la vieja arquitectura de sus mercados ha sido barrida por la red y la transparencia que exige. Los medios solían construirse sobre marcas. Para conseguir contenidos, accedíamos a esa marca y comprábamos su publicación o veíamos su programa. Eso daba el control al propietario del medio, pero ahora esa relación se ha invertido.

Ahora todo empieza en el consumidor, que se hace una pregunta. Y ante la sobreabundancia de información en que vivimos, la industria de la búsqueda, personificada en Google, es la que encuentra las respuestas. Si tu contenido está ahí con la respuesta (que puede ser el resultado de un partido o la última noticia sobre sobre un suceso), estupendo. Si no lo está, es como si no existieras.

Después llegó una fuerza más poderosa que las herramientas de búsqueda: nosotros. Nuestros enlaces a través de Twitter, Facebook, blogs y otras herramientas sociales desafían el poder del propio Google. El contenido no es la clave, la distribución tampoco. Las relaciones son la clave, y esas relaciones y cómo se construyen, cuáles son públicas y cuáles son privadas, serán lo que determine nuestro futuro.

En resumen, el libro de Jarvis es una mirada muy necesaria a las nuevas realidades que provoca el cambio tecnológico, planteando muchas preguntas y respondiendo algunas de ellas. Quiero terminar este post con una cita del mismo, que creo lo resume perfectamente (la negrita es mía).

Internet, ordenadores exponencialmente más rápidos, almacenamiento de datos cada vez más barato, bases de datos mayores y más eficientes, tecnología móvil, cámaras en cada esquina y cada mano y en el cielo, notación geográfica de la información, redes sociales y plataformas omnipresentes de publicación hacen posibles formas completamente nuevas de recopilar y compartir información. Y pueden ocurrir cosas malas. Es sabio y prudencial considerar esa posibilidad y prevenirse contra los peligros, como proclama el ejército de partidarios de la privacidad. Pero esas nuevas tecnologías también representan nuevas oportunidades, que podríamos perder si estamos demasiado ocupados construyéndonos un bunker.  

Leyendo Public Parts, de Jeff Jarvis

En un mundo enlazado y una economía de las relaciones, el aislamiento sale muy caro.

Jeff Jarvis, Public parts.

Estoy disfrutando con la lectura de Public Parts de Jeff Jarvis, libro del que ya hablamos aquí. El profesor de la Escuela de Periodismo de Nueva York examina la esfera pública y la esfera privada en la nueva sociedad de la información, hasta dónde llegan, qué beneficios y qué inconvenientes aportan y cómo la transparencia puede ayudarnos en nuestra vida y nuestro trabajo. La semana que viene, tocará un análisis más extenso dentro de la serie de Lecturas 2.0, pero he querido adelantarme para compartir tanto la cita que encabeza este post, como el siguiente párrafo sobre la importancia del link o enlace:

El enlace es una invención capital. Los enlaces nos permiten, no sólo conectarnos a páginas web, nos permiten conectarnos con otras personas, con la información, con acciones y con transacciones. Los enlaces nos ayudan a organizarnos en nuevas sociedades y redefinir a nuestros públicos. Cuando, por miedo a lo desconocido, cortamos los enlaces con otros, perdemos como individuos, como compañías y como instituciones. Cuando nos abrimos, ganamos nuevas oportunidades para aprender, conectar y colaborar. 

 

Lo último de Jeff Jarvis: Public Parts

Uno de mis autores de cabecera es Jeff Jarvis, periodista estadounidense profesor en la Escuela de Periodismo de Nueva York, especialista en como las tecnologías de la información afectan al oficio del periodismo y autor del libro Y Google ¿cómo lo haría? (What would Google do?), además del blog Buzzmachine.com.

Su nuevo libro, Public Parts, es un estudio sobre la transparencia en la era digital y cómo el hecho de compartir puede mejorar nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.  El propio autor ha hecho pública la introducción del libro, que comparto aquí para todos los lectores de EScomunicación, además de incluirla en la biblioteca virtual de la web.

Public Parts de Jeff Jarvis – Introducción