7 claves sobre el uso de tabletas en España

Esta semana hemos conocido el #InformeTAB realizado por la Universidad Internacional de La Rioja, realizado para conocer el uso que los españoles hacemos de las tabletas. Aquí tienes algunas claves de ese informe.

  • Las tabletas más comunes en España son los diferentes modelos de Samsung (32%) y Apple (28%). Fuera de estas dos marcas, existe una gran dispersión del resto de dispositivos, con muchos fabricantes y modelos con escasa penetración en el mercado.
  • El uso entre hombres y mujeres es muy parecido y ronda las 2 ó 3 horas diarias, aunque los jóvenes las usan más intensivamente que los más mayores.
  • El uso más común de una tableta es la comunicación (por mail o redes sociales), tanto para hombres como mujeres. Tras la comunicación, la información y los juegos son los usos más extendidos. Hay muchos otros usos, pero tienen más que ver con lo original de las aplicaciones instaladas que con las características del dispositivo.
  • La gente más joven lo que hace principalmente es leer su correo electrónico cuando se levanta. Los usuarios de 25 a 34 años son más precavidos y lo que más hacen es consultar el tiempo cuando se levantan. A las personas de más de 35 años les gusta estar más informadas que al resto de grupos, y usan la tableta para leer el periódico por la mañana. Los mayores de 55 años lo que más hacen es conectarse a las redes sociales cuando llegan a casa.
  • El análisis de las aplicaciones instaladas muestra que las más descargadas son redes sociales, juegos y utilidades, aunque estas últimas se descargan mucho pero se usan poco. Las aplicaciones de prensa no aparecen en los primeros puestos de descarga a pesar de ser el segundo contenido más consumido en las tabletas. Seguramente, la mayoría de la gente prefiere consumir ese contenido a través del navegador antes que en una aplicación.
  • El 56% de los usuarios reconocen emplear la tableta para comprar por Internet, casi el doble que la tendencia de compra normal del resto de internautas (31%). La mayoría de los productos que se compran son productos electrónicos, viajes y ropa.
  • El 77% de estos usuarios prefieren comprar en los sitios de comercio electrónico con el navegador antes que con una aplicación específica. Una posible explicación es que con las aplicaciones sienten el riesgo de consultar solo una selección de la oferta total que hay en los sitios web.

Puedes descargar el informe completo aquí, o consultarlo en la biblioteca virtual de EScomunicación.

 

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Las otras víctimas de la desaparición de la prensa

Leo en PRnoticias que hay 25.000 kioskos menos desde que comenzó la crisis y recuerdo este post, que escribí hace casi tres años, donde ya apuntaba que la transición digital iba a tener consecuencias nefastas en el nivel de los intermediarios. Las cifras de los kioskos muestran que la caída de la prensa no es algo que solo tenga consecuencias en la profesión periodística; hay varios negocios que dependen de las publicaciones impresas para sobrevivir y que se enfrentan a un futuro incierto.

Las empresas de distribución y reparto van a perder una parte muy importante de sus ingresos a medida que revistas y diarios disminuyan sus tiradas y, desgraciadamente, desaparezcan. Las imprentas dedicadas a publicaciones periódicas también tendrán que reconvertirse si quieren sobrevivir; en un futuro dominado por la impresión por demanda y la lectura en dispositivos portátiles, las grandes rotativas de antaño pierden toda su razón de ser. Y después está el tema de los kioskos.

Para muchas generaciones de españoles, el kiosko ha sido una constante en sus vidas, el espacio donde había un producto adecuado para cada edad: chicles y golosinas para los más pequeños, comics y revistas para los adolescentes y libros y periódicos para los adultos. Por supuesto, eso es una separación artificial pero el kiosko es algo tan cotidiano en nuestras mentes y nuestras calles que muchos barrios de nueva construcción no se han considerado completos hasta que no han tenido su propio kiosko. Hoy, ese modelo está al borde de la extinción y debe replantearse su futuro.

El kiosko tiene unas condiciones únicas y privilegiadas, situados en puntos estratégicos de gran afluencia. Para sostener esos negocios frente a la caída de ventas de las publicaciones periódicas, han de fomentar nuevas vías de ingreso. La venta al paso, por impulso, tiene que complementar a la venta fija diaria, al cliente de toda la vida. Y para ello, el kiosko debe aprovechar todas las vías a su alcance, imaginando nuevas formas de atraer al público. ¿Kioskos que ofrecen wifi gratis? ¿Poder pagar con tarjeta de crédito cuando compras el diario y tus revistas? ¿Servicio a domicilio y que lleven las publicaciones a tu casa? Es el momento de inventar el kiosko del futuro, porque el del presente tiene sus días contados.

 

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Por qué subir el precio de los periódicos puede ayudarlos a sobrevivir

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Ante la caída de ventas y el descenso de ingresos publicitarios, las dos cabeceras más vendidas de España, El País y El Mundo, apuestan por volver a cobrar por contenidos en internet. Utilizarían el modelo freemium, manteniendo gratis la mayor parte de su contenido pero cobrando en casos concretos, como reportajes, investigaciones o material multimedia. No cabe duda que será una tendencia en el futuro, pues cuando no hay dinero hay que recaudar más, y el que proponen es un modelo que puede tener éxito en España, al no ser tan radical como los paywall de algunos medios anglosajones.

 

Otra cuestión es el debate sobre qué tipo de modelo freemium implementar. ¿Cobrar por cada contenido? ¿Establecer un sistema de suscripción para el acceso a los contenidos de pago? ¿Permites que los usuarios puedan ver un número de artículos antes de que tengan que pagar? Son muchas variables las que hay que tener en cuenta, y no exageramos al decir que se juegan el futuro en la maniobra. Los ingresos del papel estan en caída libre y si no se aumentan los de la web, el futuro para muchos medios pinta muy oscuro.

 

Pero hay otra opción que apuntó Frederic Filoux en su Monday Note: subir el precio de la edición impresa. Puede parecer una mala decisión en el corto plazo, pero en el medio y largo plazo pienso que será la manera menos dolorosa de sobrevivir para muchos diarios. El problema más evidente de esta medida sería el descenso en la tirada de cada cabecera, pero no hay una relación directamente proporcional entre el aumento del precio y la caída de ventas. Filoux ofrece estas cifras de los diarios británicos extraídas de un informe de Simon-Kucher.

 

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Como se ve, el aumento de beneficios a pesar de la bajada en las ventas es sustancial, un empuje que podría ser suficiente para que muchas cabeceras salieran de los números rojos. El informe de Simon-Kucher también indica que, en los próximos años, los diarios no tendrán más remedio que cambiar su fuente primaria de ingresos de la publicidad a la venta de ejemplares. De esta manera, concentrarán su foco de ingresos en el aspecto que más pueden influir.

 

Este obligado cambio de mentalidad será una consecuencia de lo que es la realidad en la calle. El común de los mortales compra el periódico una o dos veces a la semana, y eso si lo compra. Pero hay un núcleo de lectores diarios que son fieles a sus cabeceras, que además suelen ser gente de alto poder adquisitivo, y también un número muy grande de compradores fijos, como bibliotecas, organismos institucionales, lineas aéreas… Ellos seguirán adquiriendo el periódico a pesar de que aumente el precio.

 

La jugada no está exenta de riesgos, claro está. No es sólo vender menos ejemplares sino también, como apuntó Juan Varela, perder relevancia en el mercado de la influencia. Pero creo que ese riesgo no es tan elevado. El prestigio de muchas cabeceras (algunas centenarias) no se pierde de la noche a la mañana. Y el aumento de precio puede hacer que aumente la percepción del periódico como un producto premium, aquellos que valen lo que cuestan.

 

 

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¿Cuánto vale un e-book?

Este artículo del siempre incisivo Matthew Ingram sobre el precio de los ebooks pone el dedo en la llaga en una cuestión que abordé en EScomunicación hace un tiempo, y es el precio de los e-books. ¿Cuánto vale un libro electrónico? Sencillo, lo que los usuarios estén dispuestos a pagar por él. El problema para la industria editorial es que los usuarios no están dispuestos a pagar mucho.

 

[pullquote]La percepción es la que importa, y la percepción del gran público es que los e-books no tienen que ser caros.[/pullquote]

Es algo perfectamente comprensible, y que se aplica a todas las industrias culturales. En el caso de los e-books al comprador final no le importa en absoluto los costes de elaboración del libro electrónico o lo valioso que considere el contenido la editorial. Si el precio es considerado abusivo, no lo comprará, pero que luego no se extrañen ni hablen de mercados inmaduros.

 

Tengo un caso muy reciente, un libro escrito por una colega periodista sobre mi lugar de trabajo y las intimidades de los personajes que por él habitan. Es un tema que me interesa, me gusta y me viene bien para mi trabajo, pero no voy a comprar su libro. No lo compraré en papel porque apenas tengo espacio físico en mi casa para tanto libro y no lo voy a comprar en formato electronico porque considero que tiene un precio abusivo. De la versión impresa a la electrónica la rebaja es de poco más de un 30%, pero ¿qué se creen en la editorial?

 

 

Una editorial que posiblemente sea la más grande del mercado español, por cierto. Pero desde luego con esos precios, no van a conseguir que yo les compre un e-book en la vida. Y como yo, creo que lo hará mucha más gente.

 

Las falacias de los defensores de la propiedad intelectual

El pasado sábado, el siempre excelente blog Nada es gratis publicaba este escrito de Jesús Fernández-Villaverde, y no puedo menos que aceptar el desafío de su último párrafo, y copiarlo para compartirlo con los lectores de EScomunicación. Aquí lo tenéis. Es largo pero merece mucho la pena (las negritas son mías).

Copyright sign made of jigsaw puzzle pieces separated

La verdad es que los pesados de los “derechos de autor” me tocan las narices cada vez más, por decirlo así de sencillo y de claro. No se que me molesta más: si su farisea moralina o su falta de conocimientos de economía.

Ayer Samuel Bentolila ponía un link a la columna en FT donde se hablaba de mi post con Luis sobre la consolidación fiscal y explicaba que si no salía, se pusiera el título del artículo en Google y que se iba a él. Alguien nos entró a protestar con el argumento que con ello fomentábamos la piratería intelectual. Cuando le respondimos que esto era una bobada, porque FT te deja mirar un número de artículos gratis al mes sin tener que pagar, primero nos dijo que a FT eso no le hacia gracia ya que quiere que uno se registre primero (lo cual es irrelevante; un lector, PVN, lo explica muy bien en otro comentario que además clarifica que nuestro protestón no sabe lo que es un caché) y segundo entró en una diatriba de cómo el sistema actual era fantástico, con afirmaciones tan peregrinas como “El sistema de derechos de autor en Occidente es hasta la fecha la mejor forma conocida de garantizar el crecimiento y la innovación.” Si uno se va a la página web de la asociación con la que firmaba el comentario (aparentemente no le apetecía dar su nombre verdadero, será que está protegido por algún copyright) se ven, además, las típicas acusaciones sobre robos y demás

Bueno, pues esto no es verdad, es solo una pila de falacias de un grupo de presión que quiere limitar el crecimiento económico.

Empecemos por el principio: ¿es violar la propiedad intelectual robar como roba un pirata? No. Esto es muy obvio una vez que se piensa un poco. Los economistas solemos distinguir entre los bienes rivales y los bienes no rivales. La diferencia se fundamenta en si el uso del bien por un agente económico impide a otro agente usarlo al mismo tiempo: si la respuesta es que sí, es un bien rival, si la respuesta es no, no lo es. Pensemos en una camisa: si yo me pongo una camisa, a la misma vez usted, querido lector, no se la puede poner (al menos que queramos hacer una escena de película de los hermanos Marx). En comparación, si yo estoy utilizando el teorema fundamental del cálculo, no impido a nadie que también lo use. Los 7000 millones de seres humanos podemos estar empleándolo a la misma vez y no pasa nada. Por ello, cuando yo le quito una camisa a mi vecino, le impido que la pueda seguir empleando. Cuando yo le copio a mi vecino su libro de macroeconomía, no impido que él lo pueda seguir usando. Por tanto, el bien bajo propiedad intelectual no me lo estoy apropiando.

Lo que sí que puedo estar causando es un perjuicio económico. Si el dueño del libro es su autor y yo lo copio, él sigue siendo el propietario del libro pero, por ejemplo, no me lo puede vender. Este daño no es un robo, es, como su propio nombre indica, un posible ingreso que se ha perdido.

Me dirá usted, entonces, que en realidad no hay tanta diferencia: que un robo supone la pérdida de un bien y la copia de un libro supone un lucro cesante. Sí y no. Sí, porque en ambos casos el agente sufre una pérdida. No, porque en el segundo caso lo que realiza es una perdida de potenciales ingresos futuros que nuestro sistema jurídico respeta en muchos casos. La mejor prueba de ello es la limitación temporal en los derechos de propiedad: la camisa es mía y lo será siempre. Si tengo descendientes, se la podrán ir pasando el uno al otro hasta el final de los tiempos cuando se caiga a cachos. En cambio, el derecho de propiedad intelectual expirará en un momento u otro. Es decir: que el derecho ya reconoce de manera bastante clara que estamos hablando de cosas muy distintas.

Pero pongamos otro ejemplo para ir más allá. Imaginémonos que yo, en vez de copiar el libro de macroeconomía de mi vecino, escribo uno mejor y le robo el mercado. El daño se lo causo igual: le quito los ingresos futuros. Esto es perfectamente legal. Sin embargo, si yo creo una nueva camisa, no impido a mi vecino que siga disfrutando de su camisa original sin problema.

La única conclusión lógica a la que se puede llegar, por tanto, es que el copiar una obra intelectual es un acto que no limita el disfrute de la cosa por su propietario pero que causa un daño económico en una tercera persona y que el derecho ha decidido limitar en ciertos casos. Robo, no es robo de nada. Daño al autor: sí, si efectivamente se pierde el flujo de ingresos.

¿Por qué protege el derecho la propiedad intelectual? Porque es necesario dar incentivos ex ante a los creadores de obras intelectuales. Estas se caracterizan por generar, casi en su totalidad, solo costes fijos, mientras que los costes marginales son casi cero. Pensemos en una película: el coste de la misma es filmarla (coste fijo), el coste de vender un DVD más de la misma es casi trivial. Si estuviésemos en un sistema donde copiar DVDs fuera gratuito, el precio de los mismos convergería rápidamente a su coste marginal (cero) y por ello, en principio (las cosas en realidad son más sutiles, por eso digo en principio) el creador nunca podría recuperar sus costes fijos, con lo cual no habría creación intelectual. El remedio que tenemos en occidente es dar un “monopolio” temporal al creador de la obra (o el que tenga el derecho en ese momento) por el cual si alguien vende DVDs de la misma película, se le aparecerá la Guardia Civil a hacerle cambiar de opinión. El monopolista entonces impondrá un precio superior al coste marginal, lo que genera una distorsión ex post.

Es decir: que el otorgar derechos de propiedad intelectual es únicamente un sistema de incentivos y por tanto carece de ninguna valoración moral, ni positiva ni negativa. Nadie tiene “derecho” innato y natural a la propiedad intelectual (sí que creo que tiene derecho al reconocimiento de ser el autor, pero nada más). La propiedad intelectual es simplemente un mecanismo de la sociedad para solucionar un problema. Es como poner una cañería en la casa de uno: por algún sitio tiene que ir el agua.

Y de la misma manera que uno puede diseñar distintas cañerías, existen diversas maneras de suministrar los incentivos adecuados. En particular, tenemos que recordar que el monopolio al que nos referíamos genera una distorsión ex post para generar los incentivos ex ante. Por tanto es sensato pensar en la posibilidad de mecanismos alternativos.

El primero es el mecenazgo, público o privado. Buena parte de lo mejor de la innovación en la historia de occidente ha venido del mismo, incluido la inmensa mayoría de la ciencia básica y de la tecnología moderna. Este post está escrito gracias la arquitectura básica de internet, Unix, C++ y Latex, todos ellos productos de este mecenazgo. La financiación (pseudo) pública nos ha dado Unix; la búsqueda de beneficios, Windows Vista.

El segundo son los premios. A lo largo de la historia los gobiernos han otorgado premios a aquellas personas que generaban una nueva idea (por ejemplo, un reloj particularmente exacto para la navegación). Muchos economistas como Michael Kremer han propuesto recuperar esta tradición y que los gobiernos anuncien, por ejemplo, un premio a la primera compañía que encuentre una vacuna efectiva contra ciertas enfermedades tropicales.

El tercero es el facilitar mecanismos de cooperación múltiple. Wikipedia es el mejor ejemplo posible: en vez de gastarnos un dinero tonto en una enciclopedia privada, tenemos ahora una pública que es varios órdenes de magnitud mejor.

El cuarto son todos los mecanismos de innovación competitiva que han permitido, por ejemplo, el crecimiento de Walmart. Buena parte de los procesos de negocios no están protegidos y pueden ser copiados libremente y sin embargo las empresas continuamente crean nuevos procesos.

Finalmente, y manteniéndonos dentro del sistema actual, se pueden cortar muchos de los excesos que el mismo tiene. Que un libro siga estando protegido 70 años después de la muerte del autor me parece sencillamente absurdo. Cualquier flujo de ingresos futuros descontados tan lejos en el tiempo a un tipo de interés sensato (pongamos el 4% anual) es trivial. La presunción es, en consecuencia, que estamos protegiendo en exceso a la propiedad intelectual. Quien tenga opinión contraria debe de suministrar evidencia: la carga de la prueba recae en aquellos que quieren el monopolio, no en lo que los queremos eliminar.

Dado que existen alternativas, la necesidad de reconfigurar nuestro sistema de propiedad intelectual es más importante que nunca. En un mundo digital los límites a la creatividad y a la experimentación, son tan difusos que, coartarla como intenta hacer buena parte de la industria con cosas como SOPA es una profunda equivocación. Vivimos en un momento en el que deberíamos de pecar de poca protección, no de protección excesiva. Daron Acemoglu lo explica mucho mejor que yo:

Para que no los sepan Daron es uno de los líderes actuales de la profesión económica. No se me ocurre nadie en su generación que haya contribuido más en temas de crecimiento económico o de la innovación.

Pero los ejemplos de gente que se ha sentado a pensar en este tema y han llegado a la conclusión de que nuestro sistema actual no tiene ni pies ni cabeza serían interminables así que solo voy a citar uno cercano a este blog: Michele Boldrin, que junto con David Levine, han escrito un magnífico libro al respecto. Lo mejorcito de la profesión, por tanto, es profundamente escéptica sobre el sistema de protección actual.

Son los defensores del sistema actual los que están en minoría en el mundo académico. Se aferran a una concepción anticuada de la innovación y lo que es peor, ni saben historia económica ni entienden los problemas de incentivos existentes. Y encima aderezan esa ignorancia con “moralina” de serie americana barata: “que si esto es robar”, “que si es piratería”, blah, blah. Zarandajas.

Así que querido lector: si usted es de los que les molesta el sistema actual y quiere luchar para cambiarlo, por favor adelante. Callemos con nuestros argumentos a una industria que quiere destruir nuestro futuro de innovación y crecimiento.

Pd. Y prediquemos con el ejemplo: copie este post masivamente, cuanto más mejor.

 

Se puede ganar mucho dinero sin cobrar nada

Hasta hace bien poco, lo habitual era que todo tiene un precio y que todo puede comprarse. Hoy, y cada vez en más sectores, es más fácil ofrecer tu servicio de forma gratuita para obtener beneficios mucho mayores de los que conseguirías cobrando.

Seguramente tengas un correo en Gmail, Hotmail o Yahoo tanto para tus necesidades personales como profesionales y no has pagado por él. Cada vez que utilizas Google para buscar información, no aparece en tu tarjeta de crédito. No hay ningún contador que te cobre por las veces que usas Twitter. Cuando entras en Facebook no tienes que abonar ninguna cuota. Consultar Wikipedia no te cuesta nada. WordPress no te pasa la factura a fin de mes. Flickr no te cobra por almacenar tus fotos y Dropbox tampoco por guardar tus archivos.

Se puede ganar mucho dinero sin cobrar nada.

 

El suicidio de la industria editorial

The Book IV

En mi opinión, el artículo publicado el pasado domingo en El País, “Guerra abierta por el precio del libro”, es la primera andanada del año de los intermediarios de la industria editorial para seguir manteniendo el statu quo. Conscientes de que el aumento en la venta de lectores electrónicos (tablets, kindles y resto de dispositivos) amenaza su modelo de negocio decimonónico, contraatacan despreciando (“el kindle es bastante malo, como todas las cosas baratas”) o directamente infravalorando la realidad (“Es más la publicidad que se da al tema de los dispositivos que lo de verdad suponen las descargas”).

Ante argumentos tan falaces, no merece la pena ni rebatirlos. Seguramente para los autores de esas dos frases, los éxitos de Juan Gómez-Jurado o Fernando Trujillo no merecen la pena. Da igual que uno sea el autor más vendido de Amazon.es o que el otro haya vendido 4.500 ejemplares en un mes. Como son baratas, por deducción sus novelas son “bastante malas”.

Pero claro, ¿qué podemos esperar de una industria que no es capaz de poner precios decentes? Las editoriales pequeñas sí parece que se están dando cuenta y ponen precios razonables, pero las grandes no se dan cuenta que las reglas han cambiado y que no pueden poner el precio que quieran. ¿Cómo pueden pretender que alguien pague casi 17 euros por el ebook de La caída de los gigantes de Ken Follett (precio en Casa del Libro, Fnac y Amazon) cuando lo tiene en bolsillo por menos de 13 (Casa del Libro, Fnac y Amazon)?

Y de esta manera tan simple, la industria editorial española se está suicidando.

Actualización 24 de enero: Si ha seguido cualquiera de los enlaces, veras que el precio de La caída de los gigantes ha bajado hasta menos de nueve euros (Lástima no haber hecho una captura de pantalla de los precios anteriores).  Nueve euros aún sigue siendo quizás algo caro, pero es más barato que en bolsillo y, al menos, es el reconocimiento de la industria editorial de su propio suicidio.

La erosión de la pirámide de los contenidos

El siempre recomendable Seth Godin publicó hace unos días un interesante post titulado The erosion of the paid media pyramid, que me pareció particularmente interesante, y quería compartirlo con los lectores del blog. En él, Godin analiza la pirámide de valor de los contenidos según su precio:

Así, nos encontramos en la base con los contenidos gratuitos, que normalmente sirven para llamar la atención sobre el producto y conseguir futuras ventas. Son los trailers de las películas, los capítulos de muestra, los singles promocionales o la actuación en televisión.

Los contenidos de masas son los contenidos, hasta ahora, más reconocibles, y por los que el público paga. La entrada al cine, el libro, el CD… Durante todo el siglo XX y parte del XXI, los contenidos de masas han sido el motor de la cultura popular y de toda la industria cultural.

Los contenidos exclusivos son aquellos contenidos mas difíciles de conseguir y, por tanto, más caros. Son las ediciones de coleccionista, los CD de lujo, las impresiones limitadas…  Y finalmente, tenemos los contenidos únicos, aquellos realmente caros y extraordinarios, como puede ser un concierto privado, un cuadro único, un libro dedicado por el autor…

¿Qué ocurre con esta pirámide? Que las cosas han cambiado y mucho. Hoy, cualquier persona puede publicar y todos podemos ser creadores. No se necesita una discográfica para sacar un disco ni una editorial para sacar un libro. Como consecuencia, la oferta de contenidos se ha multiplicado exponencialmente y la competencia entre los creadores ha aumentado en igual medida.

Por ello, la atención es el factor más importante a la hora de distribuir tu contenido. La posibilidad de que te compren sólo existe si te conocen. Si a esto le sumamos que el coste de hacer copias de tu contenido (la clave para fijar el precio de los contenidos de masas) se ha reducido prácticamente a cero, no ha de extrañarnos que la pirámide de los contenidos se haya convertido en esto:

La pirámide se erosiona y los contenidos de masas son cada vez menores, porque cada vez menos gente está dispuesta a pagar por ellos cuando hay más contenidos gratuitos. Este fenómeno es el que ha llevado a extremos como el canon digital o la ley Sinde, intentos inútiles de mantener modelos de negocio obsoletos en vez de evolucionar y adaptarse al mercado.

De hecho, todas esas maniobras están evitando que se fijen en el segmento que crece, el de aquellos consumidores de contenidos (los auténticos fans, los seguidores) que sí están dispuestos a subir en la pirámide y quieren contenidos exclusivos. ¿Serán suficientes para compensar el dinero perdido en los productos de masas? Por supuesto que no, pero nadie dijo nunca que la vida sea justa.

Amazon.es, el futuro del comercio electrónico

Con la llegada de Amazon a España, nos encontramos por fin ante el momento esperado por muchos, el desembarco de la empresa líder en comercio electrónico, la gran esperanza blanca para levantar el sector en nuestro país.Y aunque su producto estrella, el Kindle, no llegará hasta la campaña navideña, juegan con la baza de su experiencia durante más de quince años y la diferenciación que les da un excelente servicio de logística.

Creo que muchas empresas en España no son aún conscientes de lo que supone la implantación de Amazon España. Aunque el comercio electrónico en España no hace más que crecer, todavía no ha llegado al gran público, el que sigue temiendo introducir el número de su tarjeta de crédito en un formulario. Creo que Amazon va a suponer el espaldarazo definitivo a la compra por internet en España. Su facilidad de uso y su gigantesco catálogo – aunque en España todavía no llegue, en ese aspecto, ni de lejos al nivel de otras filiales de la compañía – van a hacer que cada vez más gente se anime a comprar por internet.

Para ello, cuenta con un grupo de conversos, todos aquellos que hemos comprado en Amazon en algún momento. Yo confieso que soy un gran comprador de Amazon desde que, hace poco más de un año, adquirí el Kindle DX. Además del lector y su cubierta, he adquirido más de 30 libros electrónicos de todo tipo, disfrutando de la rapidez y comodidad de la compra en un clic y el envío instantáneo al Kindle.

Y es con el Kindle con el que Amazon ha cuadrado el círculo. Un lector de ebooks que es de los mejores del mercado y, al mismo tiempo, gracias a la conexión gratuita, un portal directo a la tienda de libros de la compañía. No es de extrañar que sea el producto más vendido de todo Amazon, aunque puede que sea destronado pronto por el Kindle Fire, la tablet que previsiblemente se presentará mañana a los medios.

A pesar de que ni el Kindle ni el Kindle Fire estén aún disponibles en España, estoy seguro que aquel que compre en Amazon repetirá y ello servirá para impulsar el comercio electrónico en nuestro país que, por otra parte, necesitaba una empresa que se tomará los envíos en serio. De hecho, el servicio Amazon Premium, que da gastos de envío gratis por una módica cantidad anual, es tan interesante que yo ya me he hecho con él, pues planeo hacer bastantes compras, así que si alguien quiere regalarme algo, aquí está mi lista de deseos (guiño, guiño).

4 ideas sobre la reforma de la Constitución

Hoy se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la reforma de la Constitución española, la primera desde 1992, pero la polémica por esta reforma no ha cesado desde que se propuso, saltando de internet a la calle, con posiciones a favor y en contra tanto del fondo como la forma de la modificación de nuestra Carta Magna.

  • Una cosa sí está clara. Desde el punto de vista de la comunicación, esta reforma ha sido un desastre. Ha faltado pedagogia, ha faltado debate, ha faltado explicar a la opinión pública las razones para reformar la Constitución, que son muchas y muy graves, pero que se pueden resumir en una: la cosa no va mal para España, va peor. Que nadie se llame a engaño, Zapatero no impulsaría esta reforma si la situación no fuese desesperada. A una situación de paro catastrófica se le ha unido una crisis bursátil sin precedentes que nos ha puesto con el agua al cuello y sólo con medidas de este calado podíamos confiar en invertir esa tendencia. Pero este gobierno no se caracteriza por saber manejar situaciones adversas, no lo hizo con la crisis y no lo ha hecho con esta situación de emergencia. Aún así, explicando mejor las cosas quizás no habría habido tanta protesta.
  • Con todo, y admitiendo que el proceso ha sido un desastre, tampoco hay lugar para las críticas desaforadas y los rasgamientos de vestiduras que llevamos viendo desde la semana pasada. Antes del 23 de agosto, dudo mucho que todos los que están protestando ahora supieran siquiera lo que dice el artículo 135, que no es necesario un referéndum para cambiarlo o que sólo 34 de los 169 artículos de la Constitución necesitan ser refrendados para su reforma. Es cierto que eso no impide consultar a la ciudadanía de alguna manera, pero por una vez que hay un acuerdo entre los dos grandes partidos para hacer algo necesario y hacerlo rápido, creo que es más para celebrar que para criticar.
  • El gran argumento que se utiliza contra esta reforma es que los mercados no pueden mandar sobre nuestra economía ni dictar nuestras leyes. En una economía mundial, negar la influencia de los mercados es inútil, de la misma forma que es imposible que ningún país pueda ser una autarquía y depender sólo de sí mismo. Ni siquiera la primera potencia del mundo es inmune a los mercados. Por supuesto que no es plato de buen gusto, pero si los mercados no se fían de España será por algo, y algo habrá que hacer para arreglarlo. Y si son ataques especulativos, ya están instituciones como el Banco Central Europeo para intentar corregir y atajar esos ataques (con todas sus limitaciones). Lo que no se puede pretender es ir por libre.
  • Pero tampoco la clase política puede ignorar lo que muchos ciudadanos demandan. El 15-M demostró y sigue demostrando que la sociedad ya no está dormida y que está muy pendiente de lo que hace la clase política. Ante una modificación de la norma fundamental de nuestro Derecho, esa misma sociedad quiere ser escuchada y tener sino voto, al menos voz. Y lo que estamos viviendo ahora es sólo el principio, porque de aquí a las elecciones del 20-N, la sociedad española se va a hacer oír y todos los partidos, especialmente los mayoritarios, deben tomar nota. Las cosas han cambiado, no sólo en la economía, también en la sociedad y por eso me atrevo a vaticinar que la participación en los comicios de noviembre va a ser histórica y que el reparto de votos va a sorprender a más de uno. Siempre, claro está, que todos los indignados demuestren su indignación como ha de hacerse en democracia, que es votando. Por que sólo votando podemos cambiar las cosas.