Lecturas 2.0 esenciales: Newpaper, de Albert Montagut

Newpaper
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Leyendo Newpaper: Cómo la revolución digital transforma la prensa de Albert Montagut, siento mucha envidia, pues este es el libro que me habría gustado escribir si hubiese completado el libro de EScomunicación, hace algo más de un año. Pero también soy realista, jamás habría podido escribir un texto de la calidad de Newpaper. Aún habiéndolas vivido, me faltan muchos elementos para poder explicar todo lo que ha pasado en las últimas dos décadas desde que internet entró en nuestras vidas y las redacciones de los periódicos de todo el mundo.

Esa disrupción ha transformado por completo la industria del periodismo y la crisis económica ha precipitado ese cambio de paradigma hacia lo digital. La prensa se resiste al cambio digital, pero es un cambio inevitable y, como dice Montagut, no es un debate entre la rentabilidad de los medios, la independencia periodística y la calidad de los textos. Éste no es un debate entre editores, directores, reporteros y financieros. Es un debate existencialista: ser o no ser, vivir o morir.

La revolución de internet ha sido imparable e incluso hoy, cuando la sociedad vive cada vez más conectada, muchos siguen mirando hacia otro lado, ajenos a lo que ocurre. Nos encontramos en un nuevo mundo, un nuevo escenario en el que el rol del periodista ha cambiado por completo y donde el lector, hasta ahora protagonista testimonial del debate informativo, asume un papel protagonista al querer y poder intervenir en ese, hasta ahora, exclusivo juego.

Newpaper nos relata cómo hemos llegado a ese punto y cómo los medios de comunicación se enfrentan a los nuevos retos de la sociedad de la información. A través de entrevistas y declaraciones de más de treinta periodistas y profesionales de la información, Montagut nos da una lección de historia de los medios de comunicación, con especial énfasis en los medios españoles, contándonos los hitos más importantes de los últimos 20 años.

En el principio

En los primeros tiempos, la mayoría de los periodistas consideraba que el periodismo de internet era un género menor en relación con el de los diarios de papel., pero aún así todos los diarios españoles importantes abrieron sus dominios propios en la red durante los años 94 y 95, historia que Montagut nos cuenta con todo lujo de detalles. Algunos lectores más jóvenes pueden incluso encontrar términos que ya no existen, como las BBS, o conceptos hoy en día descabellados, como que un periódico creara un navegador propio para desarrollar todo el proyecto online del diario. Así eran aquellos primeros años.

Entonces, igual que ahora, lo importante era que el periodismo que se haga sea un buen periodismo. Su formato ahora ha cambiado, cambió en el pasado y previsiblemente volverá a cambiar en el futuro al hilo de la evolución tecnológica que se produzca. Pero las reglas permanecen, a pesar de la vertiginosidad de la sociedad de la información, que ha hecho que todo cambie.

La rápida transición hacia la pantalla ha difuminado los ciclos de trabajo periodístico. Un diario, como su propio nombre indica, es el resultado de un proceso que dura veinticuatro horas. Si se arroja en manos de la inmediatez de internet, con ciclos que vienen a durar un minuto o menos, el diario se transforma en otra cosa: lo que gana en rapidez, lo pierde en reflexión y en perspectiva. Su esencia desaparece. Lo único que no debía hacerse es lo que han venido haciendo muchos medios: dar al print la urgencia y la superficialidad del online.

La historia de la creación de las versiones web de El País y El Mundo, y del pulso entre ambas, es un paso por aquellos últimos años del siglo XX y primeros del XXI, que protagonizaron periodistas que hoy son referentes como Mario Tascón y Gumersindo Lafuente, que, en diferentes etapas, pasaron por ambos periódicos y sentaron las bases sobre las que descansan ahora sus páginas web. El experimento de El País en 2002 por el que se convirtió durante tres años en un medio de pago también es uno de los hitos de esa historia, explicando las razones por las que el diario de Prisa optó por esa vía, y cómo El Mundo aprovechó esa coyuntura para convertirse en la web en castellano más visitada del mundo.

El nacimiento de los llamados confidenciales es otro de los aspectos tratados por Montagut en Newpaper. Desde el Drudge Report estadounidense hasta elconfidencial.com español, estos medios nativos de internet han pasado de ser una recopilación de rumores a empresas periodísticas de pleno derecho, y lo son gracias a la vocación de hacer información propia. Quienes en la red se dedican al cotilleo político-financiero o, en el mejor de los casos, a cambiar de titular noticias de agencia, son “confidenciales” más o menos puros pero no periódicos digitales. A través de declaraciones de gente como Fernando Jáuregui, Alfonso Rojo, Arcadi Espada, Ignacio Escolar o Jesús Cacho,  se hace un mapa de los medios puramente digitales de nuestro país, que es donde descansa buena parte del futuro de la profesión.

En el futuro

La tecnología tiene una gran influencia en el futuro del periodismo, en la forma de redactar y comunicar, la distribución de la información, la configuración de las empresas periodísticas, el concepto de periodismo, así como la responsabilidad social del periodista y de las empresas periodísticas. Poca gente duda de que a nivel técnico el futuro del periodismo escrito reside en los soportes electrónicos -tabletas, móviles…- y que el papel es un dinosaurio en peligro de extinción, pero ese debate no es el importante, sino quiénes van a ser los periodistas del futuro y qué van a hacer las empresas del sector para financiarse.

La crisis económica ocupa los últimos capítulos de Newpaper, en los que Montagut analiza el ocaso de los periódicos de papel y el auge de tabletas y smartphonesEstos dos aspectos han configurado la mayor revolución periodística de la historia, imposible de resistir por nadie. Por ello, como indica Juan Antonio Giner, uno de los entrevistados, “lo que hay que salvar no son los periódicos, sino el periodismo; y la mejor forma de hacerlo es con más y mejor periodismo, sin complejos, con talento, pasión, creatividad e innovación”.

Ese nuevo periodismo debe tener en cuenta el cambio en la ecuación periodista/lector, que se encuentran en el mismo nivel, horizontal, cara a cara. Los lectores quieren leer sobre los temas que les interesan y sobre los que ya tienen información y opinión, y lograr que sea el periodista quien siga marcando la jerarquía editorial es el gran reto. Para eso, el periodista debe tener un conocimiento profundo de la tecnología, una habilidad que se puede adquirir y perfeccionar igual que la buena escritura.  Y hay que asumir que casi nada de lo que comunican los periodistas constituye ya una novedad para el público.

Hay muchos más temas en Newpaper, como el relato de la irrupción de los blogs o lo que fue Wikileaks para el periodismo, pasando por la explosión de las redes sociales o el caso Megaupload; también se habla y mucho del periodismo en España, con hitos como el proyecto del diario Público, el crecimiento y caída de los periódicos gratuitos o cómo se vivieron los atentados del 11-S y el 11-M. Pero creo que ya te habrás hecho una idea de por qué considero Newpaper una lectura esencial.

Si necesitas una historia de internet y los grandes cambios que ha propiciado en el mundo de la comunicación, si necesitas un estudio sobre la evolución de los medios de comunicación en España en las últimas décadas y si quieres conocer la opinión de muchos de los periodistas y comunicadores que han estado en el centro de la revolución digital, debes leer Newpaper.

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La apatía y la negación de la realidad no salvarán a los periódicos

Menuda la que se ha liado con la intervención de Pedro J. Ramírez en la Conferencia de la Asociación de Editores de Diarios Españoles celebrada el pasado lunes. El director del diario El Mundo se despachó a gusto, acusando a la Asociación de no buscar soluciones para los problemas del sector e incluso de ser un “factor retardatorio” para los periódicos españoles. ¿Qué ha ocurrido para que Pedro J. haya hecho estas declaraciones?

La situación de los periódicos españoles no es buena, eso es algo que todos los actores del sector reconocen. El propio Libro Blanco de la Prensa Diaria de este año habla de pérdidas operativas de 95 millones de euros y una caída en la publicidad del 17%, con lo que el pastel publicitario para la prensa es hoy poco más de una cuarta parte de lo que fue hace seis años. No hay industria que pueda soportar un descenso de casi el 75% en su principal fuente de financiación y es esa situación desesperada la que hace que surjan voces discordantes en un gremio que, a pesar de sus diferencias, solía estar bastante unido.

Lo cierto es que Pedro J. tiene toda la razón en sus afirmaciones. Antes de su intervención, habían hablado los directores de La Razón, ABC y el Diario de Navarra, destacando la importancia del soporte papel y su preeminencia frente al digital. Es como si después de varios años de crisis, de descensos continuados en las ventas de periódicos, de caídas de dos cifras en la inversión publicitaria y de migración del público al entorno digital, estos directores estuvieran todavía en la primera fase del duelo: la negación. Y negar la realidad no es una estrategia empresarial.

En cambio, el director de El Mundo sí parece que ha comprendido la realidad de la situación y está dispuesto a tomar cartas en el asunto. El cambio de piel de El Mundo es su apuesta para poder continuar siendo uno de los diarios más importantes de España, basándose en un muro de pago poroso, aplicaciones dedicadas para acceder a las noticias y nuevos modos de cobro a sus lectores. No parece que le esté yendo muy mal cuando prevé llegar a los 100.000 suscriptores en este trimestre, aunque todavía recuerdo cuando habló de que cerraría 2012 con esa misma cifra. Hay que ser prudentes en las estimaciones, pero lo que no podemos negar es que, a día de hoy, solo El Mundo ha apostado por algo diferente a mantener el status quo.

No existe una solución clara a la crisis a la que se enfrentan los periódicos, un problema en el que influyen muchos factores. Lo único seguro es que no hacer nada o aguantar hasta que lleguen tiempos mejores es la mejor receta para el desastre. Adelgazar la estructura de los diarios y hacerla más eficiente, buscar fuentes de financiación alternativas y reconocer que la web debe tener más importancia que el papel en la estrategia del diario, como ha hecho el Financial Times, son los pasos más adecuados para garantizar que los periódicos sobrevivan a lo que Pedro J. califica como “terremoto dentro de un tsunami”. Un escenario crítico para el que hace falta decisión, porque incluso equivocándose se puede aprender de los errores, pero de la apatía y la negación de la realidad no se obtiene nada. Y el tiempo corre en contra de la prensa impresa.

 

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La industria del periodismo y la ballena varada

La ciencia desconoce porque las ballenas acaban varadas en las playas de todo el mundo. Puede que se hayan perdido en las profundidades del océano, o que hayan sido confundidas por los sonidos generados por los cientos de buques que transitan por el mar, nadie lo sabe, pero cada año mueren miles de ballenas varadas en el mundo. Esta tragedia ecológica es una buena metáfora de lo que está pasando con la industria periodística.

Al igual que las ballenas, la industria periodística es un gigante amenazado. Donde antes había muchos, ahora cada vez quedan menos representantes de esa industria y los grandes medios de comunicación cada vez son menos y más pequeños. Nadie sabe tampoco con exactitud por qué la industria del periodismo ha quedado varada en la playa; hay muchas causas -caída de la publicidad, descenso en las ventas y audiencias, intereses empresariales, cambio de paradigma hacia la red…- y a ninguna de ellas puede atribuirse la culpa por completo o eximirla de toda culpabilidad. Todos estamos de acuerdo en que es una tragedia, pero nadie supo verlo o hacer caso de quienes avisaron de ello, hasta que la industria quedó varada e incapaz de retornar al mar.

Ahora, todos los ojos están puestos en esa ballena que es la industria periodística, que lucha por sobrevivir fuera de su elemento natural. Muchos intentan ayudarla, pero la mayor parte de los esfuerzos se están dedicando a las consecuencias de estar varada antes que a buscar soluciones para volver a llevarla al agua. De nada sirve que hidraten la piel de la ballena si no pueden devolverla al mar. Además, cuando regrese va a tener que competir por su alimento con los nuevos animales que han surgido de las profundidades. Ya no estará en la cima de la cadena alimenticia, y esos animales pueden atacarla, hacerle daño y privarla de comida. El mar ya no es tan seguro como lo fue para esta ballena, pero quedarse varada es una muerte segura.

Esta ballena ha llegado por su propio impulso a la playa, no existe ningún capitán Achab que la haya perseguido por los océanos, aunque haya quien quiera buscar un culpable de la tragedia. Guiada por su propia inercia y no haber sabido darse cuenta de los cambios a su alrededor, ha terminado varada e indefensa ante la vista de todos; los periodistas seríamos los activistas y ecologistas en esta metáfora, buscando la forma de que la ballena siga viviendo a pesar de estar enterrada en la arena, y el público seguiría siendo público. Unos cuantos colaborarían para salvar a la ballena, otros simplemente mirarían lo que hacen los demás para salvarla y la gran mayoría pasará de largo, sin apenas mostrar interés. Es triste, pero eso es lo que ha ocurrido con los miles de ballenas varadas de verdad y es lo que está pasando con la industria del periodismo.

Pero en ocasiones las ballenas varadas logran ser salvadas. Aún hay esperanza.

Fotografía: El Mundo

 

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El problema de la salvación de los periódicos

PROBLEMA: Eres el director de un gran periódico y te encuentras inmerso en un proceso de cambio de paradigma en tu oficio y tus consumidores. Tu fuente de ingresos más importante, la publicidad, ha caído a niveles nunca vistos que ponen en serio peligro la viabilidad del periódico. Tu otra gran fuente de ingresos, las ventas y suscripciones, también se encuentran en un punto peligrosamente bajo. Has recortado gastos usando todas las herramientas que tradicionalmente daban resultado: despidiendo gente de tu plantilla, subcontratando servicios y lanzando ofertas, promociones y regalos para aumentar tus ventas y suscripciones online y offline. También has apostado por reportajes propios y periodismo de investigación, buscando exclusivas e informaciones relevantes. Tu página web tiene muchas visitas, pero no da suficientes beneficios para compensar la sangría económica del periódico de papel. ¿Qué piensas hacer para salvar tu periódico?

 

OPCIÓN A: Instauras un muro de pago semiporoso en tu página web, en el que tus usuarios menos activos pueden seguir viendo un cierto número de artículos de forma gratuita. Para tus heavy users planteas toda una serie de características premium que les animen a suscribirse a la web. El objetivo es conseguir más dinero en la red y así poder compensar las pérdidas del papel y cuadrar los números de la empresa. Otros diarios lo han hecho y han tenido éxito ¿por qué no puede ocurrirte a ti lo mismo?

OPCIÓN B: Apuestas fuerte por la innovación y desarrollas una novedosa aplicación para tabletas, primero en el ecosistema de Apple y en un futuro en Android. La lanzas de manera gratuita, aprovechando todas las posibilidades que ofrece el formato. Insertas vídeos, hipervínculos, fotografías en alta resolución, pasatiempos y todo tipo de elementos para atraer, sorprender y enganchar a tus lectores. Buscas aumentar tu audiencia y financiarte mediante publicidad en la aplicación. Otros diarios lo han hecho y han tenido éxito, ¿puedes tenerlo tú también?

OPCIÓN C: Decides que tienes que cambiar por completo la estructura del periódico y que el papel debe dejar de ser tu principal soporte para centrar todos tus esfuerzos en la web. Eso supone reconfigurar tu redacción, acercándola más al modelo de un canal permanente de noticias y olvidándote de conceptos como hora de cierre. El papel queda como elemento complementario de tu estrategia digital. Tienes que implicar a tu redacción en el cambio y conseguir que todos tus periodistas cambien el chip y se adapten al nuevo modelo, y que este cambio no afecte a tu actual base de suscriptores tanto en papel como en digital. Es quizá la estrategia más ambiciosa de todas. Uno de los diarios más importantes del mundo está comenzando ese camino pero todavía queda por ver si tendrá éxito.

OPCIÓN D: Abrazas por completo un periodismo abierto en la red y ofreces todos tus contenidos de forma gratuita en tu página web. El objetivo es conseguir la audiencia más grande posible y que así el pequeño porcentaje de gente dispuesta a pagar sea lo más grande posible. Además, puedes convertir los millones de visitas a tu página web en ingresos publicitarios. También cobras una cuota mensual en las aplicaciones para smartphones y tabletas. Todo ello hace que seas uno de los diarios más visitados del mundo, aunque sigues perdiendo dinero cada año. Quizás esta opción no sea la más adecuada a largo plazo, pero es la que está siguiendo uno de los diarios de referencia en Gran Bretaña ¿Puedes utilizar su experiencia para tu propio problema?

OPCIÓN E: (Escribe tu propia propuesta para resolver el problema)

 

Elige una de las opciones para salvar tu periódico. Justifica tu respuesta.

 

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El futuro de los periódicos está en internet

futuro de los periódicos

Tras el anuncio del Financial Times de volcar sus esfuerzos en la web y abandonar el papel como soporte principal de la información, que analizamos aquí el miércoles, todas las miradas están puestas en el éxito o fracaso de la iniciativa, que por su carácter pionero determinará el futuro de los periódicos. Desde luego, una cosa queda clara: el paso adelante dado por el FT es un paso lógico, y tarde o temprano todos los periódicos deberán decidir cómo encarar ese proceso de migración a la red. Están obligados, porque el periódico impreso está acabando su ciclo y está lastrando a las empresas editoras.

Desde un punto de vista económico, no hay manera de sostener el papel. El mayor problema de los periódicos es la cantidad de costes fijos a los que deben hacer frente. Cada día, solo para funcionar, deben pagar grandes sumas de dinero para que toda la maquinaria que da vida a un periódico siga en marcha: enormes cantidades de papel, imprentas gigantescas que no pueden estar paradas en ningún momento, tinta en cantidades industriales… todo ello para producir cientos de miles de periódicos que deben ser distribuidos en una flota de camiones a todos los puntos de venta del país. A todo eso hay que sumar el coste que suponen todos los sueldos no solo de los periodistas, sino del resto de personal que compone la plantilla de cualquier gran periódico: administrativos, secretarias, gerentes, publicistas… en muchos casos con convenios laborales negociados en tiempos de bonanza que ahora han de ser renegociados a la baja por fuerza.

Para que una empresa como un periódico funcione, hace falta un caudal abundante y regular de capital, o toda la cadena se rompe. Lo que ha ocurrido en los últimos años es que mientras la mayoría de los costes que hemos mencionado se han mantenido fijos, el beneficio se ha desplomado. Los ingresos publicitarios han caído por varios motivos, principalmente dos: primero, que las grandes empresas (y las no tan grandes también) han recortado sus presupuestos destinados a publicidad; y en segundo lugar, los anuncios clasificados, que eran una fuente estable para los diarios, en la práctica han desaparecido a medida que los usuarios se han desplazado a la red.

Y finalmente, no olvidemos que, simplemente, cada vez se leen menos periódicos. Todos los estudios indican que las nuevas generaciones dedican mucho menos tiempo a la prensa escrita y eso tiene que trasladarse por fuerza a las ventas de diarios. El descenso de ventas implica menos capacidad de los diarios para conseguir campañas publicitarias, que ya estaban descendiendo, y los números rojos se convierten en la tendencia dominante.

El futuro de los periódicos pasa por adelgazar las estructuras y diversificar las fuentes de ingresos, creando un nuevo periódico que ya no tiene por qué ser diario y que debe buscar la implicación de sus lectores. Ese nuevo periódico debe tener la red como su principal canal y dejar el papel para números especiales que puedan aportar más valor a la marca. El periódico como medio de comunicación de masas está cumpliendo su ciclo, y ya están surgiendo nuevos diarios puramente digitales que heredarán el hueco dejado por los periódicos en el ecosistema informativo, trabajando en un nuevo canal, internet, que es superior a la prensa escrita. Eso es lo que está haciendo el Financial Times y lo que deben hacer el resto de periódicos del mundo. Y cuanto antes, mejor.

 

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El giro copernicano del Financial Times, un momento histórico para los periódicos

Financial Times

 

Hoy hemos conocido posiblemente la noticia más importante para el futuro de los periódicos en lo que va de año, por encima de la compra del Washington Post por Jeff Bezos: El Financial Times va a cambiar su modo de trabajo y asignación de recursos para enfocarse primero en la web, con lo que el diario impreso derivará del contenido publicado en la red y no al contrario.

En una nota enviada a los trabajadores del Financial Times y hecha pública hoy en la web del FT, el editor del diario, Lionel Barber, explica que el Financial Times está listo para el siguiente paso de su estrategia digital. Eso implicará cambios en los modos de trabajo en la redacción, mayores recursos para FT.com y un replanteamiento del periódico impreso.

En la primera mitad de 2014, el Financial Times lanzará una única edición del diario, desterrando conceptos como primera o segunda edición, algo habitual en todos los periódicos del mundo. Se terminó el realizar cambios sucesivos en múltiples ediciones a lo largo de la noche; ese modelo, indica Barber, está muerto. El nuevo Financial Times impreso será producido por un equipo más pequeño orientado a la edición en papel, que trabajará junto a un equipo mayor encargado de la web.

Esa única edición implica realizar cambios mínimos en el periódico durante la tarde y noche, y páginas más estructuradas y fijas. No obstante, serán flexibles para hacer una edición diferenciada en el Reino Unido. En el campo del diseño, el periódico impreso usará más gráficos y datos para acompañar sus informaciones.

Los diferentes editores van a tener que planificar más los contenidos y encargar con inteligencia las informaciones que haya que elaborar, tanto para el papel como para la red. Para ello tendrán que cambiar su mentalidad, tanto editores como periodistas. Todos estos cambios supondrán que gran parte del periódico estará preparada y planeada con antelación, sin depender tanto de la actualidad. La web del Financial Times será la que refleje la actualidad y las noticias se publicarán en momentos de picos de visitas en la red más que por las antiguas horas de cierre, de forma muy similar a un boletín de noticias.

Para conseguir todos estos objetivos, todos los trabajadores del FT deben cambiar el chip, pues el diario va a trasladar recursos y personal de los turnos de tarde y noche al de día, y de la tarde a la mañana. El periodismo del FT, afirma Barber, debe adaptarse aún más a un mundo donde periodistas y analistas mantienen conversaciones con sus lectores, con el objetivo de profundizar en esas relaciones y asegurar que cubren las necesidades de los lectores cuando consultan el FT para noticias de última hora y análisis de calidad, en cualquier momento y por cualquier medio.

Hay mucho más contenido en la nota de Barber, pero la intención es evidente. Es un giro copernicano en el que el papel deja de ser el soporte principal de la información en beneficio de internet, algo que ya comentamos aquí hace tan solo dos días. Mantienen el papel como un importante activo de su oferta multimedia, pero ya no es el más importante, centrando sus esfuerzos en la red.

Y no olvidemos que este giro copernicano no lo hace un diario cualquiera. Lo hace el Financial Times, uno de los pocos periódicos que ha conseguido instaurar un modelo de pago de éxito en la red; tanto que han conseguido tener más suscripciones online que circulación offline. Por eso, nos encontramos ante un momento histórico, en el que uno de los periódicos más importantes del mundo da un vuelco de 180 grados y asume que el papel ya no puede ser su principal valor. Un movimiento arriesgado, que duda cabe, que iremos siguiendo en EScomunicación.

 

Si quieres leer el texto completo de Lionel Barber (en inglés), pincha aquí

 

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Hacia dónde va la prensa: el futuro de los periódicos, en la revista Capital

La revista Capital dedica la portada de su número de octubre al futuro de los periódicos, preguntándose hacia dónde va la prensa. En un estupendo reportaje de ocho páginas firmado por Jordi Benítez, encontramos declaraciones al respecto de directivos de algunos de los diarios más importantes de España y de todo el mundo. La clave está en el título del reportaje: La buena información cuesta dinero. Como bien indica Benítez “cobrar por los contenidos está muy bien (…) pero está claro que nadie va a conseguirlo si no da una calidad tal por la que compense hacerlo”. Es algo tan sencillo que muchas veces se pasa por alto, por lo que no está de más destacarlo: nadie va a pagar por información de mala calidad, y yo añado, nadie va a pagar por información que encuentre gratis en otro sitio.

Otro aspecto que me ha parecido muy interesante del reportaje es el referido a la globalización de la prensa. Uno de los directivos entrevistados, Juan Luis Cebrián, indica que El País “es el primer periódico digital de México ¿Cuánto piensan los periodistas en el 1,2 millones de lectores que tenemos allí? No me atrevo a dar la respuesta”. Gracias a la red, los diarios de España tienen las mismas oportunidades para conseguir lectores y visitas en España y en Iberoamérica; de hecho, es más fácil que los consigan en el continente americano que en nuestro país, todavía inmerso en la crisis. Por eso, encontramos que El País y El Mundo tienen ediciones específicas para América en sus páginas web desde hace tiempo y que otros periódicos como Marca buscan expandirse al continente americano. Con internet, ya no hay límites, y es una tontería ponérselos uno mismo.

El caso del New York Times es citado varias veces a lo largo del reportaje. Gracias a su estrategia digital, el diario neoyorquino ha conseguido facturar más ingresos por sus lectores que por la publicidad, convirtiéndose así en el modelo a imitar por todos los grandes diarios. Está por ver si otros periódicos pueden conseguirlo, como ha hecho el Financial Times, pero en ambos casos hablamos de marcas de mucho peso en el periodismo internacional, en ambos casos con más de un siglo de historia. No son dos medios cualquiera y no todos los medios van a poder replicar su éxito en la red.

También me ha llamado la atención que, de todos los entrevistados, sean precisamente los directivos del New York Times y el Financial Times los que más defienden el periódico impreso como producto estrella. En mi opinión y, como ya he dicho alguna vez, el papel es un soporte ideal, barato y perdurable, pero ya no puede ser el soporte principal de la información. Al leer las declaraciones de Eileen Murphy (New York Times) o Ben Hughes (Financial Times) me da la impresión de que están ganando tiempo; no hay nada que oponer cuando argumentan que el papel sigue siendo rentable o que si las ventas bajan, se puede aumentar el precio del ejemplar, pero echo de menos una reflexión sobre este punto. Los periódicos, y cualquier medio de comunicación, deben asumir que su futuro está en internet, es ahí dónde va la prensa.

 

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No nos engañemos, internet es superior a la prensa escrita

Las declaraciones realizadas la semana pasada por Hal Varian, economista jefe de Google, han levantado cierta polémica. Varian apuntó en una conferencia en Italia ocho claves económicas del negocio de la prensa, algunas de ellas quizás muy evidentes, pero que de vez en cuando conviene recordar. Por ejemplo, que la red no es la culpable de que disminuyan las ventas de periódicos, pues este fenómeno comenzó mucho antes de internet; en Estados Unidos, la circulación de la prensa tocó techo en 1972 y desde entonces no ha dejado de descender.

Pero de todas las claves que apuntó Varian, me quedo con esta: Internet es superior a la prensa escrita, sencillamente porque es una mejor forma de distribuir y leer noticias. Para muchos es algo evidente, para otros es una blasfemia, pero el hecho está ahí y no se puede ocultar.

En el lado de los productores de noticias, simplemente no hay comparación entre la prensa escrita y la red: los costes de impresión y distribución suponen más de la mitad de los costes de un periódico, unos costes que un medio nacido en la red no tiene. Para los lectores, las noticias online tienen la ventaja de la actualidad y mayor facilidad de acceso a través de cualquier pantalla del hogar, y gracias al uso de hipervínculos, la lectura de noticias puede ser una experiencia mucho más enriquecedora.

Cualquier argumento que intente hacer prevalecer la prensa escrita frente a internet tiene que girar necesariamente en torno a razones nostálgicas. Quienes hemos entrado en el siglo XXI con unos cuantos añitos hemos vivido una época histórica, la transición de una sociedad analógica a una sociedad digital y siempre recordaremos con cariño ceremonias y rituales como comprar el periódico los domingos y leerlo en familia. Pero eso no debe cegarnos ante la realidad: aquella época ha pasado y ya no va a volver.

Todavía existirán periódicos impresos durante años, quizás algunas décadas, pero serán cada vez más caros y un artículo de lujo, por el que pagarán aquellos que quieran recuperar aquel ritual y revivir la experiencia del periódico en papel. El resto accederá a las noticias a través de cualquiera de sus dispositivos móviles, en cualquier momento o lugar; podrán ser noticias de pago o gratuitas, o puede que una mezcla de las dos. No es nada que no hayamos dicho antes en el blog. El mismo camino que ha seguido la industria de la música o que está comenzando la industria editorial, lo está emprendiendo desde hace años la industria de la prensa escrita.

Esa transición digital de la prensa es un proceso disruptivo en cámara lenta, que lleva ya años en marcha y que se va acelerando conforme pasa el tiempo. Todos los que han vivido en torno al negocio del periodismo escrito van a tener que reconvertirse y adaptarse a esta nueva era. Periodistas, transportistas, kioskeros, imprentas, distribuidores… todos deberán buscar la manera de adaptarse al nuevo escenario en el que, a pesar de todo, sigue habiendo oportunidades, porque todo fin supone un nuevo principio.

 

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¿Qué hara Jeff Bezos con el Washington Post?

Jeff Bezos
“Una empresa no debería acostumbrarse a ser brillante, porque el brillo no dura para siempre”

Ha pasado más de un mes desde que se anunció la venta del Washington Post a Jeff Bezos y ya conocemos más sobre sus planes: ha concedido una entrevista a su periódico y estuvo reunido con los periodistas del Post para tranquilizarles con respecto a su futuro. ¿Qué podemos sacar de esas dos muestras de las intenciones de Bezos? En mi caso, sensaciones contrapuestas ya que apunta cosas que no parece que sean la renovación que necesita el Post, y al mismo tiempo tiene ideas muy claras de cómo renovarlo todo.

Una de los aspectos que han quedado definidos es que a Bezos le gusta el periódico impreso y que apuesta por crear un paquete de noticias (o como quieras traducir news bundle) que se convierta en un ritual diario para los lectores. En otras palabras, reproducir en la web o la tablet lo que es el periódico impreso o una experiencia parecida. No creo que sea una buena idea, ya que supone ir a la contra de cómo los lectores, especialmente los más jóvenes, consumen hoy la información y olvida por completo las lecciones que se pudieran aprender del caso de The Daily.

En la entrevista, Bezos señala que el Post invierte energía, sudor y dólares en descubrir historias importantes, y después un puñado de sitios web resumen ese trabajo en cuatro minutos y los lectores pueden acceder a esas noticias gratis. Para cortocircuitar esa dinámica, sostiene que el Post debe convertirse en un paquete ritual diario, cuyo valor esté ligado a la coherencia y la conveniencia, no a la suma de las noticias. La gente comprará un paquete, no pagará por una sola historia. Aquí Bezos parece olvidar que muchas personas no quieren pagar por paquetes que contengan historias que no van a leer, y que a otras muchas personas les basta con un resumen de la noticia hecho en cuatro minutos como su mínimo exigible.

Pero si lo del paquete de noticias es desafortunado, no lo es tanto el ritual diario. Si pueden acostumbrar a los lectores a que consultar la página del Post, su app o su feed se convierta en algo tan normal como lavarse los dientes, tienen el 90% del trabajo hecho en la labor de monetizar los contenidos. Eso sí, es una tarea titánica, pero si fuera fácil lo haría todo el mundo, igual que aprovechar a ese otro grupo de personas que está dispuesto a pagar por el paquete de noticias. Aunque haya muchos que no, hay otros tantos que sí quieren pagar por sus noticias y por el ritual diario de informarse, y esos deben ser el objetivo de Bezos, al igual que el del resto de periódicos del mundo.

Es paradójico que al mismo tiempo que quiere mantener ciertas características de la vieja industria de los medios, Bezos tenga muy claro algunas de las reglas que deben aplicar la nueva industria de los medios. En la entrevista del Post, Bezos habla de la regla número uno, que debe ser “no seas aburrido. Algo tan simple nos dice mucho de la personalidad de Bezos, que ha visto al momento uno de los problemas más importantes de los medios en la actualidad: los medios ya no compiten entre sí, compiten con todo aquello que puede captar la atención del lector, sean libros, videojuegos, series, blogs… y para tener opciones de ganar esa batalla, no pueden ser aburridos. No se trata de meter animaciones y grafiquitos, o hacer textos cortos para no cansar, se trata de que la información sea agradable de leer, que no eche para atrás a nadie. Inculcar eso en los redactores del Post es otra tarea titánica para Bezos.

Pero Bezos tiene claras sus ideas, aunque algunas de ellas parezcan erróneas. Hace un tiempo, Amphibia habló de las lecciones de Jeff Bezos para los periodistas, una lectura muy recomendable en la que junto a recomendaciones obvias como ‘nunca dejes de experimentar’, ‘obsesión por los clientes’ o ‘piensa en el largo plazo’, encontramos otras que pueden darnos las claves de lo que puede ser el futuro Post, como ‘trabaja en grupos para dos pizzas’ (o como evitar la burocratización y la reunionitis), ‘empieza ya para evitar lamentarte después’ (hoy día, el segundo que llega no se lleva premio) o ‘sean tercos pero flexibles’ (no hay que ser un talibán para conseguir tus objetivos).

Todos los periódicos del mundo están expectantes y pendientes de las oficinas del Post para ver de qué manera puede Bezos renovar el diario. Habrá que estar muy atento a lo que hace Jeff Bezos con el Washington Post y desde EScomunicación, os lo iremos contando.

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La crisis de la prensa escrita en once apuntes

Redacciones vacías ¿el futuro de los periódicos?

 

  • El siglo XXI nació con una industria muy poderosa y respetada, la de la prensa escrita, que tenía más de cien años de experiencia en crear periódicos y revistas. Es un arte tan perfeccionado y estudiado que los beneficios son inmensos, tanto económicamente como en reputación.
  • Los avances tecnológicos cambian poco a poco la forma en que los lectores consumen información. En poco más de de una década, nos hemos convertido en una sociedad hiperconectada con sobreabundancia de información, mientras que la industria de la prensa sigue trabajando exactamente igual a hace 20 años.
  • La prensa escrita intenta entrar en internet y volcar sus contenidos. Es un mundo nuevo y extraño en el que no sabe manejarse y se nota. Solo con el tiempo va cogiéndole el tranquillo y comienza a experimentar con formas de pago, pero sin agobios, pues sus mayores ingresos están en algo tan seguro como es la publicidad en papel.
  • La crisis económica mundial rompe todas las reglas y castiga duramente las economías de medio mundo. La clase media es una de las más perjudicadas y en España el paro llega a cifras nunca antes vistas. En estas circunstancias, el periódico ya no es una prioridad en los hogares.
  • Las visitas en internet crecen. Los nuevos smartphones con conexión a la red hacen que muchos los usen para informarse. Las redes sociales se convierten en un agregador que a veces es más poderoso que Google a la hora de llevar tráfico. La industria de la prensa empieza a prestar más atención a la red, aprendiendo conceptos como viralidad, botones sociales, métricas o SEO. 
  • La crisis económica hace que las empresas ya no puedan anunciarse como antes. Los ingresos por publicidad caen en picado en la prensa escrita y los directivos de las grandes empresas de medios ven como los beneficios desaparecen y se transforman en pérdidas millonarias.
  • Espoleados por las cuentas de resultados, periódicos y revistas buscan formas de equilibrar los balances. Acometen jubilaciones anticipadas, recortes de plantilla y expedientes de regulación de empleo. Optimizan procesos y unifican redacciones para disminuir los gastos. Los periodistas se convierten en uno de los colectivos más afectados por la crisis.
  • Los ingresos publicitarios en la red aumentan, pero no son suficientes para cubrir la sangría del papel. Se experimenta con nuevos formatos para su visión en tablets y smartphones, se buscan nuevas formas de ingreso cobrando por hemeroteca, por noticias destacadas o por acceso puntual. Se hacen ofertas por captar lectores, en una suerte de zoco marroquí parecido a lo que fue el kiosko hace unos años, con la explosión de coleccionables y promociones en los periódicos.
  • Nada de eso consigue equilibrar las cuentas de resultados. La prensa escrita y la profesión periodística claman por ayudas estatales y buscan convencer a su antigua audiencia de que deben pagar por las noticias. La audiencia está cambiando y ya no es la misma que hace una década. No quiere pagar por noticias que puede encontrar gratis en otros lados.
  • Muchos de los periodistas que han sido despedidos de diarios y revistas montan nuevos medios nacidos y enfocados a la red. Se produce un baby boom de medios de comunicación en la red, desde los más grandes y ambiciosos hasta los más modestos y locales. Todos ellos se caracterizan por estructuras más ligeras y ágiles, y por buscar nuevas formas de ingreso más allá de la publicidad.
  • Ahora entramos en el sexto año de crisis y la situación no ha cambiado para la prensa escrita. La antaño poderosa industria se ha convertido en una patata caliente que ninguna gran empresa quiere comprar y periódicos ilustres son vendidos a precio de saldo. Los nuevos medios en internet todavía no se han convertido en referentes como lo es aún la prensa escrita y nadie parece saber qué hacer para enderezar el rumbo. Lo único seguro es que todo ha cambiado y la prensa escrita nunca volverá a ser lo que fue.

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