Los retos de la comunicación-espectáculo

Retomamos la actividad tras un fin de semana alejado del ordenador, y lo hacemos con el post que teníamos ya comprometido sobre la comunicación-espectáculo, tan estrechamente vinculada al deporte, por lo que es inevitable que nos refiramos al Mundial 2010 de Sudáfrica.
Llevamos apenas cinco días de Mundial, pero todavía no hemos empezado a experimentar el auténtico alcance de la comunicación-espectáculo en nuestro país, dado que aún no ha debutado España. Si alguien no recuerda que es la comunicación-espectáculo, que relea este post o conecte con Telecinco mañana a cualquier hora. El debut de la selección española va a multiplicar la cobertura mediática del Mundial tanto en la televisión que ofrecerá el partido como en todas las demás. Las radios modificarán su programación para ofrecer el partido, los periódicos publicarán páginas y páginas sobre el debut, los medios de Internet ofrecerán narraciones y estadísticas en tiempo real…

¿No es una exageración? No, es comunicación-espectáculo, la mayor cobertura, el show mediático en vivo. En el mundo anglosajón, se habla de infotainment para los contenidos mediáticos basados en información y entretenimiento, pero no es exactamente lo mismo. Es comunicación-espectáculo cuando el despliegue que realiza el medio es ya en sí una noticia. Y aquí los criterios deportivos no tienen nada que ver, poco importa que España tenga la oportunidad de hacer algo grande. En la Eurocopa de 2008, Cuatro se encontró de repente con un triunfo deportivo que le llevó a  las audiencias más altas de su historia, pero ya antes de eso, había realizado un despliegue sin precedentes en nuestro país. Y lo mismo hizo La sexta en el Mundial de 2006, aunque en aquel caso los resultados no acompañaran

Y así podríamos ir retrocediendo en cada evento deportivo. Mundiales, Juegos Olímpicos (Imaginad la repercusión mediática que habría sido Madrid 2012), Fórmula 1, motociclismo, Tours de Francia… El deporte es audiencia y cada cadena que recoge el testigo haciendo una gran inversión económica está obligada a hacer una gran inversión en medios técnicos y humanos, tanto para trasladar a su audiencia al evento deportivo como para justificar el capital que han invertido.

El futuro, sin embargo, pasará por las fusiones y las transmisiones compartidas. Cada vez hay más medios, pero no hay dinero para que todos y cada uno de ellos tengan su propio corresponsal o equipo trasladado al evento, por lo que se verán obligados a unirse para este tipo de eventos. Las fuertes inversiones necesarias  no van a dejar espacio a los más débiles, y creo que ya en la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania, dentro de dos años, veremos cómo algunos medios se ven forzados a unirse para poder seguir alimentando ese bebé hambriento que es la comunicación-espectáculo.

El deporte y la comunicación-espectáculo

Si hay algún acontecimiento que apasiona a todas las personas de la tierra, es el deporte, sin duda alguna. Sean unos Juegos Olímpicos, unos Mundiales de fútbol, la Superbowl o el Tour de Francia, millones de aficionados están enganchados a su medio de comunicación predilecto para seguir la actualidad deportiva. Esto es una consecuencia de la implantación de los medios de comunicación de masas durante el siglo pasado, que hicieron accesible a todo el mundo el espectáculo del deporte, naciendo así lo que denomino comunicación-espectáculo.
Todos los grandes acontecimientos deportivos del planeta, como los Juegos Olímpicos (y aprovechamos para mostrar nuestro respeto a la figura de Juan Antonio Samaranch, recientemente fallecido), requieren de una gran cobertura mediática. Tan grande que se convierte en noticia en sí misma, con los medios alardeando del impresionante despliegue técnico y humano que han realizado y de cómo hay centenares o miles de periodistas cubriendo el evento. Es en esa escala cuando podemos hablar de comunicación-espectáculo, cuando todo se hace a lo grande. The bigger, the better.

Además de en grandes eventos puntuales, también podemos hablar de comunicación-espectáculo continuada en el tiempo, a través de eventos y competiciones de largo recorrido. El deporte es así el mayor exponente de la comunicación-espectáculo y eso es porque el mismo deporte se ha convertido en el espectáculo por excelencia. Y como tal, exige un nivel de profesionalidad y entrega que nada tiene que ver con las prácticas de hace unas décadas. ¿Cómo se portarían Di Stefano, Pelé o Cruyff si jugasen en la Liga actual? La exigencia física es hoy mayor, así que posiblemente no estarían a la altura, y la presión de los medios es infinitamente mayor, y quién sabe cómo la soportarían. Di Stefano debutó con el Madrid a los 27 años, hoy día ya sería un jugador «casi» viejo, sobre todo cuando los medios crean héroes deportivos a edades cada vez más tempranas.

Precisamente son las exigencias de la comunicación-espectáculo las que motivan que se busque a figuras cada vez más jóvenes. Hay que seguir alimentando el circo mediático montado en torno al deporte, y la máquina exige combustible. Pero ese combustible son personas que luego pueden «quemarse». Los héroes son masticados y escupidos casi tan rápido como son creados y nadie lo ha representado mejor que Goya hace casi 200 años.