La audiencia y los contenidos basura

Streaming TV

Si repasamos el listado de noticias más leídas de cualquier medio de comunicación en su edición web, los primeros puestos estarán llenos de historias sobre deportes, sucesos y crónica rosa. Solo muy de cuando en cuando encontraremos noticias de secciones como política y economía, y su permanencia en esos listados es siempre fugaz, mientras que las noticias más “ligeras” pueden permanecer hasta 48 horas o más. Esta trivialización de la información es parecida al fenómeno de la telebasura y nos lleva a un debate que no tiene fácil respuesta. ¿Los medios ofrecen información trivial porque es lo que el público quiere o el público consume información trivial porque es lo que le dan los medios?

En mi opinión, ambas preguntas tienen una respuesta afirmativa, pues en esta ecuación, ni el público ni los medios están exentos de culpa. En los medios de comunicación siempre se han dado noticias más ligeras o morbosas y siempre se ha sabido que son las que atraen audiencia; el público las demanda, esto es así. Pero también es cierto que la oferta de estos contenidos generada por los medios es excesiva, rozando en ocasiones los límites del buen gusto, de forma que la audiencia en muchas ocasiones, no tiene otra opción.

Afortunadamente, creo que estamos rompiendo ese círculo vicioso. La fragmentación de la audiencia permite, por ejemplo, que en televisión haya canales temáticos dedicados al cine o los documentales, o que proyectos de periodismo más especializado puedan tener éxito, como puede ser Jot Down o Materia. Hay mercado para contenidos de calidad de la misma forma que hay mercado para otros contenidos como las revistas de crónica rosa, y no tenemos que cometer el error de pensar que son antagónicos. No tiene porque ser uno u otro, pueden ser los dos a la vez.

Cualquier persona tiene gustos muy variados y sumamente heterogéneos: se puede ser amante de la ópera clásica y también devorar las noticias de sucesos. Por eso, los listados de noticias que mencionaba al principio son tan diversos, porque los gustos de la audiencia son sumamente diversos. Aunque el gusto mayoritario sea por las noticias “ligeras” eso no significa que no haya demanda de otro tipo de informaciones y corresponde a los medios el ofrecerlas. Mientras haya libertad de elección para la audiencia -esto es, noticias ligeras y no tan ligeras-, todo irá bien, pero si solo tuviéramos acceso a noticias fáciles de sucesos y crónica rosa, entonces sí que estaríamos frente a un grave problema para todos. Todo lo demás son discusiones artificiales, pues la pregunta que lanzaba al principio no tiene respuesta.

 

Si te gustó este post, compártelo.

La mínima unidad informativa y el umbral de saciedad

Después de leer a Jeff Jarvis y su post Past the page me he quedado pensando en cuál es la mínima unidad informativa. Jarvis sostiene en su texto que los modernos sistemas de búsqueda por voz modifican por completo la actual estructura en la que esa unidad es la página. Los medios de comunicación han pasado de vender al público paquetes de información -periódicos, boletines de radio, informativos de televisión- a intentar que accedan a una página, cualquier página, y que de ahí pasen a otra, permaneciendo en la web el tiempo suficiente para justificar las tarifas que cobran a los anunciantes. Pero al igual que la red ha dinamitado el modelo del paquete de información, la búsqueda por voz dinamita el de la página como unidad informativa. Para Jarvis, la posibilidad de conocer, por ejemplo, el resultado del partido de ayer a través de estos sistemas supone una pérdida para los medios de comunicación, cuyo valor de cara al usuario cada vez se reduce más. Creo que es un poco exagerado, pero no le falta parte de razón. Eliminado el paquete y eliminada la página, ¿qué unidad informativa mínima nos queda?

Pensemos fríamente. Usamos los medios de comunicación para estar informados, pero en muchos casos es por pura inercia, ya que estamos acostumbrados y condicionados a informarnos a través de ellos, después de más de un siglo de medios de comunicación de masas. Hoy en día, se puede estar informado sin necesidad de recurrir a los medios de comunicación tradicionales, y esto es así porque la unidad mínima informativa es cada vez menor. Lo dije hace año y medio: “Antes, para estar “informado”, había que consumir un producto informativo cerrado y delimitado en espacio y tiempo, léase telediario, periódico o boletín radiofónico. Hoy, cualquier persona que desee estar informada sólo ha de elegir con cuidado las fuentes de su dieta informativa y lo estará dónde y cuándo desee, sin necesidad de señales horarias o primeras ediciones”. El paquete informativo ya ha perdido su sentido. ¿Qué unidad nos queda que sea inferior?

[pullquote]El umbral de saciedad informativa marca el punto a partir del cual uno puede considerarse informado y es siempre una consideración subjetiva de cada uno[/pullquote]

Esa unidad sería la página, la noticia singular que consultamos en un momento dado. Pero si aceptamos la tesis de Jarvis de que la página pierde su valor, ¿cuál es la siguiente unidad informativa? El titular. Es algo lógico que el titular sea la mínima expresión a la que puede reducirse una noticia, ya que de siempre ha sido el resumen máximo de la misma. Por tanto, a nadie debe sorprender que sea la mínima unidad informativa, pero quizás sí cuando diga que se puede estar informado a través de titulares.

Puede que esto resulte una aberración para muchos, pero permitid que intente explicarme, porque cuanto más lo pienso, más sentido tiene. Partimos de un hecho conocido como es la sobreabundancia de información, tantas veces tratada en el blog. Esa sobreabundancia hace que tengamos acceso a la información a través de múltiples canales, uno de los cuales son los medios de comunicación, pero no el único. En nuestro quehacer diario, estamos expuestos a todos esos canales y cada uno de nosotros elige a través de cuál de ellos se informa y en qué cantidad; esto es, sacia su necesidad de información. Antes, cuando había pocos canales, el umbral de saciedad informativa -si lo podemos denominar así- se alcanzaba con pocas fuentes de información, que estaban muy aprovechadas; hoy, cuantas más fuentes incorporamos a nuestra dieta informativa, menos podemos aprovechar cada una de ellas individualmente antes de llegar a ese “umbral de saciedad” en el que nos consideramos informados. En otras palabras, consumir un poco de varias fuentes de información es como consumir mucho de pocas fuentes.

[pullquote]Seleccionando bien las fuentes de información, uno puede estar informado sobre un asunto determinado a base de titulares y enlaces[/pullquote]

Si aceptamos ese hecho, entonces podemos estar informados a través de titulares. Twitter es un ejemplo claro de cómo se puede uno informar a través de titulares: si tienes bien seleccionadas las cuentas que sigues, con los tuits y enlaces que publiquen, puedes estar perfectamente informado sobre un asunto determinado. O si lo prefieres, haz un experimento. Accede a la página principal del medio que prefieras y lee los titulares. ¿En cuántos de ellos quieres ampliar la noticia? Repite la misma operación en otro medio y luego en otro, y si quieres en otro más. A medida que vas sumando medios y titulares consultados, el número de titulares que querrás ampliar irá descendiendo, hasta que alcances ese umbral de saciedad del que hablaba anteriormente. Puedes hacerlo igual con periódicos impresos, el resultado será el mismo. Si eres un ávido consumidor de información -tienes un umbral alto-, llega un momento en el que los titulares te bastan y te vuelves más selectivo con aquellos en los que quieres ampliar información. Si no eres un gran consumidor de información, con más razón te bastarán unos titulares para considerarte informado.

Porque la clave final de todo esto está en que es el usuario el que decide, partiendo de la unidad mínima de información. Conociendo los titulares, mi propio criterio informativo es el que me dirá si quiero ampliar la noticia o no; no es necesario que me lo diga el periodista, que puede tener unos criterios muy diferentes de los mios. Este cambio de foco en el que la audiencia gana poder de elección es una de las características del cambio de paradigma en que nos encontramos, y ha motivado una trivialización de la información para poder llegar al mayor número posible de personas, de la que hablaremos en el próximo post. ¿Es la audiencia la que demanda información basura o la audiencia traga información basura por que no tiene otra opción?

 

Si te gustó este post, compártelo.

No se dice curador de contenidos, se dice responsable de contenidos

 

A raíz de este post de Periodismo Ciudadano, he tenido en Linkedin un interesante intercambio de comentarios con mi amigo Pablo Martín, excelente profesional y mejor persona, que me ha llevado a querer hablar sobre ese anglicismo que tan de moda se está poniendo: la curación de contenidos.

 

La curación de contenidos es una traducción literal del inglés, content curation, y se refiere a la figura del curator, que es como se denomina en inglés a los responsables de los museos que dirigen, organizan y seleccionan piezas para exposiciones y que aquí en España se denominan comisarios. Esa labor se ha trasladado al mundo virtual donde, a causa de la sobreabundancia de información, existe la necesidad real de una persona que catalogue, filtre y seleccione de entre toda la información existente lo auténticamente relevante.

 

En España, ni curación ni curar tienen entre ninguno de sus significados recogidos por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua nada remotamente parecido a la definición inglesa. Sólo curador puede aceptarse en un sentido muy amplio, toda vez que su primera definición es “que tiene cuidado de algo”, pero no es ni de lejos el equivalente al curator inglés.

 

¿Cómo podríamos traducir o adaptar el término al español? Comisario sería la primera opción, pero no tenemos posibilidad de usarlo como verbo. O al menos no la tendremos hasta que salga la 23ª edición del Diccionario, que acepta el verbo comisariar en el sentido de “organizar una exposición o muestra artística o cultural”. Aunque sea correcto, no creo que vayamos a ver en el corto plazo los términos “comisario de contenidos” o “comisariar contenidos”.

 

Como no podemos esperar a la nueva edición del Diccionario, lo mejor es hacer caso a la Fundación del Español Urgente, que ya en noviembre de 2011, recomendaba utilizar la expresión «responsable de contenidos» para traducir content curator, o usar alguna de sus alternativas como «editor de contenidos» o «gestor de contenidos».

 

Es muy cierto que el lenguaje de la calle va siempre por delante de las academias y los diccionarios pero también es cierto que los anglicismos no nos aportan nada. Cuando son términos sin equivalente en castellano son neologismos y siempre son bienvenidos, como puede ser chatear (que también es una nueva palabra aceptada en la 23ª edición), pero no cuando existen palabras en nuestro idioma que pueden utilizarse para esa función. Así que ya sabes, no se dice curador de contenidos, se dice responsable de contenidos, y no se dice curación de contenidos, se dice edición o gestión de contenidos.

 

 

Si te gustó este post, compártelo.

La erosión de la pirámide de los contenidos

El siempre recomendable Seth Godin publicó hace unos días un interesante post titulado «The erosion of the paid media pyramid«, que me pareció particularmente interesante, y quería compartirlo con los lectores del blog. En él, Godin analiza la pirámide de valor de los contenidos según su precio:

Así, nos encontramos en la base con los contenidos gratuitos, que normalmente sirven para llamar la atención sobre el producto y conseguir futuras ventas. Son los trailers de las películas, los capítulos de muestra, los singles promocionales o la actuación en televisión.

Los contenidos de masas son los contenidos, hasta ahora, más reconocibles, y por los que el público paga. La entrada al cine, el libro, el CD… Durante todo el siglo XX y parte del XXI, los contenidos de masas han sido el motor de la cultura popular y de toda la industria cultural.

Los contenidos exclusivos son aquellos contenidos mas difíciles de conseguir y, por tanto, más caros. Son las ediciones de coleccionista, los CD de lujo, las impresiones limitadas…  Y finalmente, tenemos los contenidos únicos, aquellos realmente caros y extraordinarios, como puede ser un concierto privado, un cuadro único, un libro dedicado por el autor…

¿Qué ocurre con esta pirámide? Que las cosas han cambiado y mucho. Hoy, cualquier persona puede publicar y todos podemos ser creadores. No se necesita una discográfica para sacar un disco ni una editorial para sacar un libro. Como consecuencia, la oferta de contenidos se ha multiplicado exponencialmente y la competencia entre los creadores ha aumentado en igual medida.

Por ello, la atención es el factor más importante a la hora de distribuir tu contenido. La posibilidad de que te compren sólo existe si te conocen. Si a esto le sumamos que el coste de hacer copias de tu contenido (la clave para fijar el precio de los contenidos de masas) se ha reducido prácticamente a cero, no ha de extrañarnos que la pirámide de los contenidos se haya convertido en esto:

La pirámide se erosiona y los contenidos de masas son cada vez menores, porque cada vez menos gente está dispuesta a pagar por ellos cuando hay más contenidos gratuitos. Este fenómeno es el que ha llevado a extremos como el canon digital o la ley Sinde, intentos inútiles de mantener modelos de negocio obsoletos en vez de evolucionar y adaptarse al mercado.

De hecho, todas esas maniobras están evitando que se fijen en el segmento que crece, el de aquellos consumidores de contenidos (los auténticos fans, los seguidores) que sí están dispuestos a subir en la pirámide y quieren contenidos exclusivos. ¿Serán suficientes para compensar el dinero perdido en los productos de masas? Por supuesto que no, pero nadie dijo nunca que la vida sea justa.