La delgada línea entre periodismo y sensacionalismo

Tras unos días ausente por motivos familiares, regreso a la actividad del blog y continúo refiriéndome al mismo tema que mi anterior post: la comunicación-espectáculo y el Mundial de Sudáfrica. A la espera de que mañana España cierre su pase a octavos de final, hay dos noticias fuera del ámbito deportivo que incluso han eclipsado lo que debería ser la cobertura informativa normal de un acontecimiento como el Mundial. No son otra cosa que las vuvuzelas y el caso de Sara Carbonero.

En lo que se refiere a las vuvuzelas, son un ejemplo perfecto del copo de nieve de Koch, del que ya hablamos en otra ocasión. Cuando no quedan informaciones originales y ningún medio puede distinguirse de los demás, las vuvuzelas han acudido al rescate para facilitar a los sufridos periodistas material para horas y horas de crónicas. ¿Quieres una explicación científica de por qué suenan así? La tienes. ¿Quieres saber cómo conseguir una? Los medios te dan la respuesta. ¿Eres un político y quieres ser original? Utiliza la metáfora de la vuvuzela. Aunque parezca una tonteria, este Mundial será recordado por este instrumento. Esto en sí no es ni bueno ni malo, pero ilustra a la perfección la tendencia humana a regodearnos en detalles accesorios y, si yo llevase la comunicación del Mundial, no estaría nada contento por ello.

Tampoco debe estar nada contenta Sara Carbonero con el famoso artículo de The Times que le culpa del bajo rendimiento de la selección española. Es extraño que haya sido precisamente The Times quien haya publicado una información claramente sensacionalista, y no otros tabloides más amarillos, pero muestra el nivel al que puede llegar un medio de comunicación por ofrecer una «información» diferente a la de los demás.

Desde aquí quiero romper una lanza a favor de la reportera de Tele 5 que está realizando su trabajo de una manera totalmente profesional y que creo que está intentando separar su vida privada de su profesión, aunque no con todo el éxito que querría. Criticarla por salir con Casillas o por ser una mujer bella sólo demuestra la cortedad de miras de los que hacen esas críticas, y afirmar que su presencia desestabiliza a su novio Iker Casillas es un insulto a la profesionalidad del portero de la selección. Su caso es un ejemplo de la delgada línea entre el periodismo, que quiere informar de lo que pasa, y el sensacionalismo, que sólo busca la audiencia a cualquier precio.

Los retos de la comunicación-espectáculo

Retomamos la actividad tras un fin de semana alejado del ordenador, y lo hacemos con el post que teníamos ya comprometido sobre la comunicación-espectáculo, tan estrechamente vinculada al deporte, por lo que es inevitable que nos refiramos al Mundial 2010 de Sudáfrica.
Llevamos apenas cinco días de Mundial, pero todavía no hemos empezado a experimentar el auténtico alcance de la comunicación-espectáculo en nuestro país, dado que aún no ha debutado España. Si alguien no recuerda que es la comunicación-espectáculo, que relea este post o conecte con Telecinco mañana a cualquier hora. El debut de la selección española va a multiplicar la cobertura mediática del Mundial tanto en la televisión que ofrecerá el partido como en todas las demás. Las radios modificarán su programación para ofrecer el partido, los periódicos publicarán páginas y páginas sobre el debut, los medios de Internet ofrecerán narraciones y estadísticas en tiempo real…

¿No es una exageración? No, es comunicación-espectáculo, la mayor cobertura, el show mediático en vivo. En el mundo anglosajón, se habla de infotainment para los contenidos mediáticos basados en información y entretenimiento, pero no es exactamente lo mismo. Es comunicación-espectáculo cuando el despliegue que realiza el medio es ya en sí una noticia. Y aquí los criterios deportivos no tienen nada que ver, poco importa que España tenga la oportunidad de hacer algo grande. En la Eurocopa de 2008, Cuatro se encontró de repente con un triunfo deportivo que le llevó a  las audiencias más altas de su historia, pero ya antes de eso, había realizado un despliegue sin precedentes en nuestro país. Y lo mismo hizo La sexta en el Mundial de 2006, aunque en aquel caso los resultados no acompañaran

Y así podríamos ir retrocediendo en cada evento deportivo. Mundiales, Juegos Olímpicos (Imaginad la repercusión mediática que habría sido Madrid 2012), Fórmula 1, motociclismo, Tours de Francia… El deporte es audiencia y cada cadena que recoge el testigo haciendo una gran inversión económica está obligada a hacer una gran inversión en medios técnicos y humanos, tanto para trasladar a su audiencia al evento deportivo como para justificar el capital que han invertido.

El futuro, sin embargo, pasará por las fusiones y las transmisiones compartidas. Cada vez hay más medios, pero no hay dinero para que todos y cada uno de ellos tengan su propio corresponsal o equipo trasladado al evento, por lo que se verán obligados a unirse para este tipo de eventos. Las fuertes inversiones necesarias  no van a dejar espacio a los más débiles, y creo que ya en la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania, dentro de dos años, veremos cómo algunos medios se ven forzados a unirse para poder seguir alimentando ese bebé hambriento que es la comunicación-espectáculo.

El deporte y la comunicación-espectáculo

Si hay algún acontecimiento que apasiona a todas las personas de la tierra, es el deporte, sin duda alguna. Sean unos Juegos Olímpicos, unos Mundiales de fútbol, la Superbowl o el Tour de Francia, millones de aficionados están enganchados a su medio de comunicación predilecto para seguir la actualidad deportiva. Esto es una consecuencia de la implantación de los medios de comunicación de masas durante el siglo pasado, que hicieron accesible a todo el mundo el espectáculo del deporte, naciendo así lo que denomino comunicación-espectáculo.
Todos los grandes acontecimientos deportivos del planeta, como los Juegos Olímpicos (y aprovechamos para mostrar nuestro respeto a la figura de Juan Antonio Samaranch, recientemente fallecido), requieren de una gran cobertura mediática. Tan grande que se convierte en noticia en sí misma, con los medios alardeando del impresionante despliegue técnico y humano que han realizado y de cómo hay centenares o miles de periodistas cubriendo el evento. Es en esa escala cuando podemos hablar de comunicación-espectáculo, cuando todo se hace a lo grande. The bigger, the better.

Además de en grandes eventos puntuales, también podemos hablar de comunicación-espectáculo continuada en el tiempo, a través de eventos y competiciones de largo recorrido. El deporte es así el mayor exponente de la comunicación-espectáculo y eso es porque el mismo deporte se ha convertido en el espectáculo por excelencia. Y como tal, exige un nivel de profesionalidad y entrega que nada tiene que ver con las prácticas de hace unas décadas. ¿Cómo se portarían Di Stefano, Pelé o Cruyff si jugasen en la Liga actual? La exigencia física es hoy mayor, así que posiblemente no estarían a la altura, y la presión de los medios es infinitamente mayor, y quién sabe cómo la soportarían. Di Stefano debutó con el Madrid a los 27 años, hoy día ya sería un jugador «casi» viejo, sobre todo cuando los medios crean héroes deportivos a edades cada vez más tempranas.

Precisamente son las exigencias de la comunicación-espectáculo las que motivan que se busque a figuras cada vez más jóvenes. Hay que seguir alimentando el circo mediático montado en torno al deporte, y la máquina exige combustible. Pero ese combustible son personas que luego pueden «quemarse». Los héroes son masticados y escupidos casi tan rápido como son creados y nadie lo ha representado mejor que Goya hace casi 200 años.