El bloqueo del escritor no existe

Cada vez tengo más claro que el bloqueo del escritor no existe, tan solo es la manera que tiene la naturaleza de separar a los que se comprometen de los que no. Escribir es fácil y para los que tenemos la palabra como herramienta de trabajo debe ser una segunda naturaleza. Lo que realmente cuesta y lo que diferencia a los profesionales de los amateurs es el compromiso. Compromiso es sentarse frente al procesador de textos sin ninguna idea sobre los posts que vas a sacar esta semana y ponerte a escribir de todas maneras, aunque no sepas qué va a salir, aunque no tengas ni idea de si conseguirás algo decente después de estar una hora escribiendo. Solo cuando te comprometes con algo es cuando puedes conseguir algún resultado. Y da igual que sea un resultado bueno o malo, lo importante es que lo has conseguido.

Steven Pressfield, en su libro The War of Art, nos habla de la Resistencia. No puedes tocarla, ni verla, pero puedes sentirla cada vez que te pones a trabajar. Sea ponerte a escribir para el blog, salir a correr, crear tu propia empresa o casarte, la Resistencia está ahí. Cuando lo que vas a hacer favorece tu crecimiento a largo plazo, tu salud o tu integridad en lugar de proporcionarte una satisfacción inmediata, la Resistencia ataca. Es esa fuerza negativa que te distrae, te hace pensar en otras cosas y evita que hagas tu trabajo. Quizás parezca un concepto muy new age, pero estoy seguro que sabes de lo que te hablo y que has sufrido el ataque de la Resistencia.

Ayer fue un día plenamente primaveral, uno de los primeros del año, y en vez de salir y aprovecharlo, yo me puse a escribir para el blog. Tardé bastante en ponerme con ello y estuve haciendo otras cosas. Y cuando finalmente deje todo y me dediqué a escribir no sabía sobre qué hacerlo. Creí que era el bloqueo del escritor, pero ya hemos visto que no existe. Simplemente tenía que renovar mi compromiso y vencer a la Resistencia. Porque quiero ser un profesional y porque no voy a dejar que la Resistencia me venza. Porque un blog de éxito no se lanza, se construye día a día, post a post. Porque la satisfacción del corto plazo de salir y tomar unas cañas se traduciría luego en la culpabilidad de dejar el blog desatendido. Ya me ha pasado otras veces y no quiero que vuelva a ocurrir. Por eso escribo estas líneas, quizás más autobiográficas de lo acostumbrado, pero para eso éste es mi blog y yo pongo las reglas. Y si en vez de hablar de la desaparición de la prensa escrita me apetece sentarme y hablar contigo, lector que nunca conoceré, lo hago. Porque es otra manera de superar el bloqueo del escritor y vencer a la Resistencia. Y quizás, solo quizás, pueda servir a otros para que sepan que también pueden hacerlo.

 

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Nada peor que la indiferencia

Nos acorazamos contra el comentario incisivo, el ataque ad hominen, o la persona a la que simplemente no le gustan nuestras cosas.

Pero todo eso son las respuestas que conseguimos cuando tocamos un nervio y nuestro trabajo cuenta lo suficiente para que a alguien le importe.

El peor tipo de respuesta es que no haya respuesta en absoluto. Eso significa que no hemos creado nada más que banalidad»

 

Seth Godin, dando en el clavo de nuevo.

Imagen de Hugh MacLeod.

 

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4 de cada 5 internautas españoles acceden a la red a traves de sus teléfonos móviles

Hace menos de un mes que se ha hecho público, pero no he tenido oportunidad de echarle un ojo hasta este fin de semana. El último estudio Navegantes en la Red de la AIMC, dado a conocer el pasado 8 de marzo, es uno de las radiografías más certeras que podemos encontrar de los internautas españoles y sus hábitos de uso de la red. Dada la rápida evolución de las tendencias en las redes, estudios repetidos periódicamente como estos son absolutamente necesarios para poder conocer los datos de la España conectada a internet.

Los últimos resultados de Navegantes en la Red indican que el equipo de acceso a Internet tiende a diversificarse. El teléfono móvil mantiene su espectacular ascenso y son ya casi 4 de cada 5 internautas los que se conectan a través de este dispositivo (+15,0 puntos en un año y +29,3 en dos), situándose al mismo nivel que el ordenador portátil/Netbook (80.9%) y el ordenador de sobremesa (78.8%). La necesidad de estar “permanentemente conectados” es tal que incluso un 66,0% de quienes se conectan por el móvil afirman acceder “varias veces al día”, a través de sus smartphones.

Por lo que respecta a las tablets, su uso se duplica respecto a 2011 (pasando del 14,3% al 30,7% de los encuestados en 2012) aunque su utilización, en promedio, es algo menor, seguramente debido a la creciente generalización de este fenómeno, que incorpora a gente no tan activa en Internet. De acuerdo con los resultados del estudio, entre quienes se conectan a Internet con la tablet “varias veces al día” han bajado en 2012 del 54,9% al 44,7%, y los que utilizan este dispositivo “más de una hora al día” también han descendido del 43,2% al 31,2%.

Asimismo, hay una serie de preguntas en el estudio sobre la relación de los internautas con los medios de comunicación. En lo que se refiere a la relación con los periódicos, los resultados de la última encuesta de AIMC indican que los internautas que leen únicamente la versión electrónica suben algo más de cinco puntos respecto a 2011 situándose en el 37,7%, mientras que descienden 1,4 puntos los que leen exclusivamente la versión en papel con casi el 8%. En esta misma línea, el consumo diario de periódicos en papel tiende a la baja con un 37,7% (-4,5 puntos). En cuanto a la lectura de los periódicos electrónicos se mantiene constante con un 72,8%, siendo el dispositivo de lectura mayoritariamente seleccionado el ordenador (89.6%). El teléfono móvil gana terreno y crece casi 7 puntos hasta alcanzar el 41,3%, junto con el tablet que, con el 23,6%, aumenta más de 10 puntos.

Todo estoy y mucho más lo podéis encontrar en este estudio, y para ello, además de poder consultarlo en el inserto de abajo, ya lo tenéis disponible en la biblioteca virtual de EScomunicación.

 

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La teoría del mínimo exigible

 

Cada vez estoy más convencido de que el público en general se rige por la teoría del mínimo exigible. Me explico. Hay gente que prefiere una operación de blanqueamiento dental en su dentista, mientras que otros preferirán usar un dentífrico con blanqueador. Obviando las diferencias económicas entre ambos ejemplos, el uso del dentífrico permite conseguir el mínimo exigible dentro del objetivo de blanquear los dientes, mientras que la operación lo sobrepasa con creces. Aunque siempre habrá quien prefiera mucho más, la inmensa mayoría de la gente se conformará con el mínimo exigible.

En resumen, nadie se molestará en adquirir ningún producto que no cumpla el mínimo exigible y, de la misma forma, mucha gente se conformara con el mínimo exigible, aunque haya productos mucho mejores.

En el consumo de información, ocurre exactamente igual. Hay gente que lee dos o tres periódicos, consulta internet o escucha la radio para estar al tanto de la ultima hora y además ve los informativos de televisión. Pero hay mucha gente que no hace ni una décima parte de eso, que con suerte lee un periódico, ve un telediario y escucha un boletín de la radio. Y hay otros que ni tan siquiera hacen eso y se limitan a leer lo que sale en su timeline de Twitter o su muro de Facebook. Cada persona tiene su mínimo exigible.

Es otra de las razones por las que los medios se encuentran en la situación que están. Aunque hay más información y se consume más información que nunca, cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por la misma. ¿Por qué pagar por algo que no entra dentro de mi mínimo exigible? Si con lo que puedo leer gratis en internet y escucho en la radio o veo en la tele me es suficiente, ¿para qué pagar por un periódico, por ejemplo?

Y ante esto, la industria se dedica a lo que no tiene que hacer, acusar a su público, sus clientes potenciales, de piratas y delincuentes. No, lo que hay que hacer es poner tus contenidos a un precio justo, que no tiene que ser el que tu quieras, sino el que marque el mercado o la disposición de tus clientes. Y poner esos contenidos a disposición de tus clientes para que les sea fácil acceder a ellos, por el canal que mejor les venga. E intentas por todos los medios evitar que a tus posibles clientes les pasen cosas como ésta. Por tu propio bien. Y por que es el mínimo exigible.

 

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Por qué desaparecen los intermediarios de la comunicación

Si hay algo que hemos comprobado en estos primeros años del siglo XXI, es que los viejos modelos del XX han quedado obsoletos. El antiguo sistema emisor-receptor ha sido dinamitado por la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación, que han acortado la distancia entre emisor y receptor, eliminando a los intermediarios del proceso.

Los medios de comunicación han sido durante muchos años los intermediarios por excelencia. Toda la información que se generaba era filtrada, contrastada, elaborada y servida a los ciudadanos, en contenedores limitados en espacio y tiempo, y enviados a intervalos regulares. Hoy, ese sistema está en franca regresión, pues los antiguos receptores pueden acceder directamente a los emisores y se han convertido en emisores a su vez, sin limitaciones de espacio o tiempo y prescindiendo cada vez más del intermediario.

A pesar de ello, los intermediarios tienen todavía su importancia. Cualquier empresa que quiera llegar a audiencias masivas aún debe tener en cuenta a la televisión y la radio. Salvando algunas excepciones de cuentas con seguimiento masivo, las redes sociales todavía no pueden considerarse medios de comunicación de masas y, a grandes rasgos, el modelo del siglo XX aún está vigente. Pero ya hay indicios de que las cosas están cambiando.

En este sentido, el mayor cambio que podemos ver hoy en día es que empresas, instituciones y gobiernos ya no dependen tanto de los medios de comunicación para hacer llegar sus mensajes al público. Tal y como apunta Matthew Ingram, la palabra clave es cooperación. Antes, todos esos organismos debían cooperar con los medios porque eran necesarios para difundir sus mensajes. Hoy, ya no es así, o al menos no es tan necesaria esa cooperación.

Si cualquier institución, empresa o gobierno puede hacer llegar directamente sus mensajes al gran público, ¿qué necesidad tienen de cooperar con los medios de comunicación? Esta es una de las razones que han hecho posibles las comparecencias sin preguntas y los actos con señal realizada. Y en este nuevo escenario, en el que todavía estamos intentando averiguar las reglas, queda ya en las manos del público el saber distinguir entre lo que es información y lo que es propaganda.

 

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El periodismo de copiar y pegar

Copy-Paste

 

En mi trabajo, consulto muy a menudo Google News para comprobar el alcance y repercusión de las diferentes notas de prensa que mandamos, y cada vez se me hace más evidente que existe un periodismo que se basa exclusivamente en copiar y pegar. Esto no es malo de por sí, y la voracidad del ciclo de noticias 24/7 exige nuevos contenidos a cada momento por lo que el copy-paste es un recurso cada vez más usado en las redacciones. La pregunta es si es un buen recurso.

Hace poco, el periodista Pekka Pekkala hablaba sobre este mismo tema en Online Journalism Review y venía a concluir que los lectores no pagarán por historias que ya pueden haber leído en otra parte. Da igual que el medio tenga 100 años de historia o fuera el medio de referencia para quienes toman las decisiones. Una copia es una copia, incluso detrás de un muro de pago, y por eso muchas publicaciones pierden audiencia, especialmente la que paga por los contenidos.

Desde un punto de vista periodístico, que haya más copia-pega de noticias de agencias y notas de prensa es una mala noticia porque para picar una nota de prensa no necesitas un periodista. Eso se traduce en menos noticias originales que genera el medio y, por tanto, menos puestos de trabajo para los periodistas. El lado positivo es que ahora los periodistas y los medios están obligados más que nunca a encontrar su propia voz y su propio nicho, porque la firma de un periodista, bien sea en una columna o un reportaje, no puede copiarse. 

 

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Lecturas 2.0 esenciales: El periodista en la encrucijada

 

Hace unos días que terminé el informe El periodista en la encrucijada, del que ya hablé aquí, y puedo decir que me ha dejado con sensaciones contrapuestas. Por un lado, es un excelente estudio, en el que se ha entrevistado a varios periodistas de prensa, radio, televisión e internet y se han conseguido unos datos estadísticos muy valiosos, además de una gran cantidad de agudas reflexiones sobre el futuro del periodismo. Pero por otro, noto al estudio carente de unidad, como si cada uno de los autores de los capítulos hubiese trabajado por su cuenta, sin saber que hacían sus compañeros. Que haya múltiples citas duplicadas una y otra vez a lo largo del libro no hace más que reafirmarme en esa impresión; por muy buenas que sean las reflexiones de Virginia Pérez Alonso, por ejemplo, no necesito que me las repitan en cada capítulo.

El estudio parte de algo que todos deberíamos de dar por sentado: la información ya no es patrimonio exclusivo del periodista. Es algo tan obvio que no haría falta ni decirlo pero para muchos no lo es tanto y por eso vale la pena recalcarlo. La consecuencia: el gran reto del periodismo es ahora hacerse necesario, toda vez que la información ya no es fruto exclusivo de su tarea y que el periodista ha dejado de ser el único intermediario entre emisor y receptor.

En este sentido, hay que evitar cometer otro error de bulto que es confundir la naturaleza del principio básico que gestionan los periodistas, el derecho a la información, un derecho que no es de los periodistas sino de los ciudadanos. Los periodistas, en cuanto periodistas, no tienen derecho a la información, son los ciudadanos y la sociedad los que lo tienen.

 

 

IRRUPCIÓN DE LA RED

En este escenario de crisis económica y de modelo ha aparecido internet y ha cambiado de forma definitiva el negocio periodístico. La red ha roto con los viejos territorios bien establecidos de cada medio. La crisis ha debilitado las barreras de entrada y ha facilitado la aparición de nuevos medios y el aumento de la competencia informativa. Esto ha pasado casi siempre en tiempos de crisis y no podemos dejar de lado que el periodismo es una industria más y funciona como tal, buscando la subsistencia y los beneficios.

Así, los medios se han encontrado con que, más allá de sufrir las repercusiones de la crisis económica, han de competir con otros agentes que han irrumpido en el mercado y que, aunque no se dediquen a hacer periodismo, sí compiten con ellos en términos de audiencia y publicidad. Los canales de comunicación son muchos más y mucho más amplios y por lo tanto, pierden peso los medios tradicionales.

El problema fundamental al que se enfrentan los medios en este contexto es cambiar el modelo de negocio, pasar de un negocio orientado a ingresos por productos concretos a un negocio orientado a maximizar los ingresos por usuario. Y hay que cambiar el modelo de negocio porque un medio que no genere suficientes ingresos por sí mismo, es decir, en venta y publicidad, tiene que buscar otras fuentes, y ahí es donde reside el peligro de no poder ser independiente.

 

 

LA NUEVA AUDIENCIA

La audiencia ha cambiado y ya es parte integrante de la redacción, porque hay que contar con ella, es activa, sabe lo que quiere y tiene las mismas herramientas que el periodista. No necesita una imprenta, no necesita una licencia de televisión o de radio y es capaz de informarse sin necesidad de intermediarios como era el periodista. Y si la audiencia no encuentra dónde expresarse, crea sus propios medios.

La actitud del público hoy día es totalmente diferente, porque tiene múltiples vías de acceso a la información y múltiples herramientas para emitirla. Es un público heterogéneo, cuyas decisiones a la hora de consumir contenidos no dependen necesariamente de la calidad de la información. Y no hay más que ver cualquier índice de las noticias más leídas en un periódico digital para comprobarlo.

Este desapego de la audiencia viene motivado también por la degradación de los medios, una de cuyas causas es la excesiva politización. Hoy en día, periódicos, radios y televisiones no venden información, no venden contenido, venden ideología. Los periodistas son los más afectados por la crisis de los medios, pero no se muestran muy autocríticos con algunas de sus causas, como es la politización, y tienden a echar balones fuera. Y la audiencia se da cuenta.

 

 

LOS NUEVOS PERIODISTAS

Ante todos estos cambios, los periodistas deben renovarse y volver a los orígenes.  En los últimos treinta años el periodismo se ha convertido en una profesión de clase media con aspiraciones de nuevo rico, al menos mentalmente. Y eso ha hecho que se aleje de la sociedad y se arrime a las esferas de poder, perdiendo el contacto con la sociedad real. Lo bueno es que eso puede remediarse volviendo, simplemente, a hacer periodismo.

La misión esencial del periodista ha sido siempre, y seguirá siendo, contar historias y contarlas de la mejor manera posible. Aunque cambie el entorno y los ingredientes, la esencia permanece, que es el tratamiento adecuado de la información y responder de su fiabilidad. El periodismo sigue siendo lo de siempre: la información, la verificación y la emisión.

El terreno del periodista ha sido siempre la calle. Ahora tiene dos calles: una física y otra que es virtual, pero que es igual de real, porque la integran personas que están allí y haciendo cosas. Esas dos calles se traducen en un volumen de posibles temas para seleccionar al que jamás se había enfrentado el periodista, por no mencionar esa tercera e ingente vía que es la que procede del comunicador institucional. Por ello, el nuevo periodista tiene que estar necesariamente más cualificado de lo que estaban sus antecesores.

 

 

SOBREABUNDANCIA DE INFORMACIÓN

La sobreabundancia de información hace que la sociedad reclame y aprecie otras funciones típicamente editoriales, como son la selección, jerarquización y valoración de los hechos, tareas que hasta ahora se asociaban a la mediación periodística y que ahora empiezan a compartirse con nuevos actores. El usuario, el consumidor de información, cuya saturación ya no es preciso ni mencionar, demanda orientación, clarificación, seguridad, credibilidad y utilidad.

En este panorama de exceso de información, el periodismo tiene tanto o más valor que nunca porque, desde siempre, una de sus labores ha sido separar el polvo de la paja, elegir entre una gran cantidad de información aquellos datos auténticamente relevantes para la historia que se quiere contar. Sencillamente, no hay ninguna profesión más capacitada para esa función.

Es en ese aspecto donde deben destacar los nuevos periodistas y donde deben adquirir la condición de profesionales. Y es que no hay que olvidar que si hablamos de periodismo profesional es porque alguien paga a alguien que se dedica profesionalmente a ello. Es una obviedad, pero como tantas otras, a veces se nos olvida.

Por eso, los nuevos periodistas deben estar mejorando y formándose continuamente. En los últimos quince años se han producido más avances tecnológicos que en los últimos cincuenta, afectando a todos los aspectos de la vida y todas las industrias y profesiones. Sería de estúpidos que los periodistas no se adaptaran a esos cambios con la excusa de que “llevo veinte años trabajando así . Tienen que estar mejorando en su profesión y aprendiendo algo nuevo cada día, y más cuando una de las características por las que los periodistas amamos nuestro trabajo es que no hay dos días iguales.

 

 

CONCLUSIÓN

Como se puede ver, El periodista en la encrucijada es un estudio que da mucho que pensar y me alegra mucho que existan estudios así en castellano. Gracias a ellos, estudiantes, periodistas en ejercicio, académicos e interesados en el impacto de las tecnologías de la información en el periodismo tienen un excelente punto de partida para abordar el futuro de los medios de comunicación en general y la situación de los medios en España en particular.

Por todo ello, considero que El periodista en la encrucijada es una lectura 2.0 esencial. Si te interesa el futuro de los medios de comunicación, la desaparición de la prensa escrita y/o el cambio de paradigma comunicativo en el que nos encontramos, el estudio coordinado por Mª Pilar Diezhandino es una lectura obligada.

 

 

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El terremoto de las audiencias

 

Antes de que termine esta década, vamos a ver en primera línea un terremoto en las audiencias. Los sistemas de medición y los estándares que han funcionado casi sin cambios desde mediados del siglo pasado ya no valen para la nueva sociedad hiperconectada. Las audiencias masivas quedan para eventos muy concretos, normalmente espectáculos deportivos, pero para todo lo demás, entramos en segmentos de audiencia cada vez más segmentados y especializados, en las que ya no basta con saber tu edad y sexo, sino desde qué pantalla estás consumiendo el contenido.

La gran afectada por este terremoto va a ser la televisión. La famosa caja tonta que ha definido el siglo XX y cambió por completo los hábitos de varias generaciones se enfrenta a su mayor reto hasta el momento: aceptar que ahora es sólo una pantalla más entre todas las que tenemos para consumir contenidos, y no siempre la más importante, pues el consumo de datos en móviles cada vez es mayor.

Las redes sociales han hecho mucho para dinamizar la televisión y poder ver reacciones en tiempo real de los televidentes. Ya es una práctica común indicar hashtags en los diversos programas para poder unificar y medir la conversación. Las cadenas se pelean por conseguir trending topics y los antiguos espectadores se convierten en comentadores en tiempo real. La gala de los Goya, el festival de Eurovisión, el último Gran Hermano… cualquier programa puede crear una conversación a su alrededor, ya no tenemos que esperar al día siguiente en la oficina, podemos comentar al mismo tiempo que lo estamos viendo junto a miles de personas en nuestra misma situación.

Las series de televisión tampoco se libran de esta revolución. El caso de la recientemente estrenada House of Cards es un buen ejemplo. Estrenada en Netflix, ha roto por completo con todas las convenciones, poniendo a disposición de los suscriptores del servicio todos los episodios de la primera temporada de golpe, en un experimento cuyos resultados veremos con el tiempo, pero ya hay algo insólito: en ningún sitio vamos a ver datos de las audiencias de House of Cards.

Tal y como ha explicado Ted Sarandos, de Netflix, la empresa de streaming no está ofreciendo datos de audiencia, porque para ellos, el saber que un número x ha visto los episodios no es tan importante como saber cuál es el comportamiento de esos espectadores: qué es lo que ven, a qué horas lo ven, en suma, qué tipo de contenidos audiovisuales consumen. Es una auténtica mina de oro que puede cambiar el esquema tradicional de la publicidad en televisión, cuyo impacto está en mínimos históricos, al menos en España.

Y puede cambiarlo porque si antes las audiencias se medían únicamente en términos cuantitativos, con algunos pequeños matices diferenciadores de edad o género, el caso de House of Cards puede ser el primero en el que los estudios de audiencia sean cualitativos. Conocer si la gente ve toda la temporada seguida o se programa un capítulo semanal, si la ve entre semana o los fines de semana, o qué otras series sigues además de esa, son claves para poder presentar nuevos contenidos audiovisuales dirigidos a públicos especificos. Antes, el objetivo era llegar al mayor número de gente posible; hoy el objetivo es llegar a la gente adecuada, la que está dispuesta a pagar por tu producto. Y para eso, los viejos modelos de audiencia ya no valen.

 

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El poder de una conversación, por Álvaro González-Alorda [VÍDEO]

Ya he puesto en otras ocasiones vídeos de TED en el blog, pero éste es especial porque corresponde a la jornada TEDxSevilla, celebrada en la capital hispalense el pasado 17 de enero. De todas las ponencias que tuvieron lugar, la que más me interesó fue la de Álvaro González-Alorda, autor que vengo siguiendo desde que leí su muy recomendable Los próximos 30 años. En su charla, titulada El poder de una conversación, Gonzalez-Alorda nos explica cómo una conversación puede cambiar por completo tu vida y tu carrera profesional. Espero que la disfrutéis tanto como yo.

 

 

 

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