La desaparición de la prensa escrita (I): Es cuestión de tiempo

En los últimos días, dos posts me han llamado la atención. El siempre interesante Enrique Dans hablaba sobre el plug-in de The Guardian para WordPress y en Nación Red se referían al último libro de Clay Shirky. En ambos casos se destaca la importancia de la difusión de los contenidos informativos frente a las posturas que abogan por el contenido de pago. Ya he hablado de estos temas en otras ocasiones, cuando me he referido a las tres D, pero nunca está de más insistir en el hecho de que el desarrollo de las redes sociales obliga a los medios de comunicación a adaptarse y mejorar sus contenidos para conseguir la máxima difusión. Sólo la difusión permitirá a un medio ser rentable y convertirse en referente.

Y atentos a su predicción de que en quince años los medios impresos serán tan arcaicos como lo son hoy los telegramas. Yo me atrevería a decir que será antes incluso. Si algo me ha enseñado mi búsqueda de una tablet, es que estos dispositivos van a revolucionar nuestra forma de consumir información y que su penetración en la sociedad va a ser rápida, ya que el nivel de los smartphones actuales ha preparado al público para usarlos. El futuro ya no es sólo digital, ahora también es táctil y personalizable. Si gracias al iPhone disfrutamos ahora de una variedad abrumadora de smartphones, gracias al iPad vamos a tener tablets para todos los gustos. Y cuando las tablets se conviertan en un producto de consumo más o menos masivo, los periódicos en papel tendrán los días contados, y de eso vamos a hablar en el próximo post. ¿Qué pasará cuando desaparezcan los periódicos y revistas?

La delgada línea entre periodismo y sensacionalismo

Tras unos días ausente por motivos familiares, regreso a la actividad del blog y continúo refiriéndome al mismo tema que mi anterior post: la comunicación-espectáculo y el Mundial de Sudáfrica. A la espera de que mañana España cierre su pase a octavos de final, hay dos noticias fuera del ámbito deportivo que incluso han eclipsado lo que debería ser la cobertura informativa normal de un acontecimiento como el Mundial. No son otra cosa que las vuvuzelas y el caso de Sara Carbonero.

En lo que se refiere a las vuvuzelas, son un ejemplo perfecto del copo de nieve de Koch, del que ya hablamos en otra ocasión. Cuando no quedan informaciones originales y ningún medio puede distinguirse de los demás, las vuvuzelas han acudido al rescate para facilitar a los sufridos periodistas material para horas y horas de crónicas. ¿Quieres una explicación científica de por qué suenan así? La tienes. ¿Quieres saber cómo conseguir una? Los medios te dan la respuesta. ¿Eres un político y quieres ser original? Utiliza la metáfora de la vuvuzela. Aunque parezca una tonteria, este Mundial será recordado por este instrumento. Esto en sí no es ni bueno ni malo, pero ilustra a la perfección la tendencia humana a regodearnos en detalles accesorios y, si yo llevase la comunicación del Mundial, no estaría nada contento por ello.

Tampoco debe estar nada contenta Sara Carbonero con el famoso artículo de The Times que le culpa del bajo rendimiento de la selección española. Es extraño que haya sido precisamente The Times quien haya publicado una información claramente sensacionalista, y no otros tabloides más amarillos, pero muestra el nivel al que puede llegar un medio de comunicación por ofrecer una «información» diferente a la de los demás.

Desde aquí quiero romper una lanza a favor de la reportera de Tele 5 que está realizando su trabajo de una manera totalmente profesional y que creo que está intentando separar su vida privada de su profesión, aunque no con todo el éxito que querría. Criticarla por salir con Casillas o por ser una mujer bella sólo demuestra la cortedad de miras de los que hacen esas críticas, y afirmar que su presencia desestabiliza a su novio Iker Casillas es un insulto a la profesionalidad del portero de la selección. Su caso es un ejemplo de la delgada línea entre el periodismo, que quiere informar de lo que pasa, y el sensacionalismo, que sólo busca la audiencia a cualquier precio.

Los retos de la comunicación-espectáculo

Retomamos la actividad tras un fin de semana alejado del ordenador, y lo hacemos con el post que teníamos ya comprometido sobre la comunicación-espectáculo, tan estrechamente vinculada al deporte, por lo que es inevitable que nos refiramos al Mundial 2010 de Sudáfrica.
Llevamos apenas cinco días de Mundial, pero todavía no hemos empezado a experimentar el auténtico alcance de la comunicación-espectáculo en nuestro país, dado que aún no ha debutado España. Si alguien no recuerda que es la comunicación-espectáculo, que relea este post o conecte con Telecinco mañana a cualquier hora. El debut de la selección española va a multiplicar la cobertura mediática del Mundial tanto en la televisión que ofrecerá el partido como en todas las demás. Las radios modificarán su programación para ofrecer el partido, los periódicos publicarán páginas y páginas sobre el debut, los medios de Internet ofrecerán narraciones y estadísticas en tiempo real…

¿No es una exageración? No, es comunicación-espectáculo, la mayor cobertura, el show mediático en vivo. En el mundo anglosajón, se habla de infotainment para los contenidos mediáticos basados en información y entretenimiento, pero no es exactamente lo mismo. Es comunicación-espectáculo cuando el despliegue que realiza el medio es ya en sí una noticia. Y aquí los criterios deportivos no tienen nada que ver, poco importa que España tenga la oportunidad de hacer algo grande. En la Eurocopa de 2008, Cuatro se encontró de repente con un triunfo deportivo que le llevó a  las audiencias más altas de su historia, pero ya antes de eso, había realizado un despliegue sin precedentes en nuestro país. Y lo mismo hizo La sexta en el Mundial de 2006, aunque en aquel caso los resultados no acompañaran

Y así podríamos ir retrocediendo en cada evento deportivo. Mundiales, Juegos Olímpicos (Imaginad la repercusión mediática que habría sido Madrid 2012), Fórmula 1, motociclismo, Tours de Francia… El deporte es audiencia y cada cadena que recoge el testigo haciendo una gran inversión económica está obligada a hacer una gran inversión en medios técnicos y humanos, tanto para trasladar a su audiencia al evento deportivo como para justificar el capital que han invertido.

El futuro, sin embargo, pasará por las fusiones y las transmisiones compartidas. Cada vez hay más medios, pero no hay dinero para que todos y cada uno de ellos tengan su propio corresponsal o equipo trasladado al evento, por lo que se verán obligados a unirse para este tipo de eventos. Las fuertes inversiones necesarias  no van a dejar espacio a los más débiles, y creo que ya en la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania, dentro de dos años, veremos cómo algunos medios se ven forzados a unirse para poder seguir alimentando ese bebé hambriento que es la comunicación-espectáculo.

Los gabinetes de prensa (IV): Entre periodistas anda el juego

La relación entre los gabinetes de prensa y los medios de comunicación es siempre una relación interesada. El gabinete quiere aparecer en los medios con gran exposición y de manera positiva a sus intereses. El medio tiene que tratar con el gabinete como fuente de informaciones noticiables o como intermediario para acceder a las fuentes primarias. En ambos casos, son los profesionales de gabinete y medios los que tienen que manejar esta relación atendiendo a sus propios intereses y evitando posibles conflictos. Por eso es bueno que los gabinetes de prensa cuenten con periodistas en su plantilla que conozcan las prácticas y códigos de los medios y puedan usar ese conocimiento para conseguir los objetivos del gabinete.

Esta relación tiene que cuidarse. A los miembros del gabinete de prensa no les interesa tener enfadados a los medios, pues eso significa, como mínimo, no aparecer en ellos, y a los periodistas no les interesa tampoco tener enfadado al gabinete de prensa, ya que eso significa privarse de una fuente que en ocasiones puede ser muy valiosa. Por ello, es conveniente que en el gabinete de prensa se cumplan una sencilla serie de reglas que harán más fácil la relación con los medios.

La educación es primordial, tanto por parte del gabinete como del periodista. No hay nada que predisponga más en contra durante una conversación que un tono de voz seco o directamente agresivo. Y nunca está de más, tras una gestión exitosa, una llamada de agradecimiento. En mi experiencia, puedo citar el caso de un programa de radio matinal, cuyo productor es un tipo educado, amigable y con el que puedes hablar francamente. ¿Resultado? Cuando nos pide cosas, se pone más interés en gestionarlas.

No hay que tener miedo a decir que no. Es una de las cosas de las que se habló en el Foro Compol con Moraleda al que asistí hace unas semanas. El silencio es muy importante y hay que saber gestionarlo, por lo que no hay temer decir que no a las peticiones. Es más, muchas veces es mejor delimitar así los temas, mediante educadas negativas en cada petición, que poner en contacto a un periodista con alguien advirtiéndole «de esto no preguntes». Hay de todo en la profesión periodística, pero como regla general, es mejor no coartar la libertad del profesional periodístico, especialmente cuando hay formas mejores de dirigirlo hacia los puntos que te interesan.

Hay que saber administrar la relación. Más que en los tradicionales términos de favores, me gusta pensar que la relación entre medios y gabinetes es como una cuenta bancaria. Cada vez que se realiza una gestión, esa cuenta pierde saldo. Por ejemplo, un medio puede estar realizando un reportaje complejo que exige que el gabinete le ponga en contacto con varias personalidades, un trabajo laborioso y que ocupa mucho tiempo. El saldo del medio decrece, en mayor o menor cuantía y es fácil imaginar que después de tres gestiones de este tipo, pueda llegar a números rojos y no se realice con la misma disposición.

No se puede pedir y pedir, sin dar nada a cambio. Para un medio, y siguiendo con el caso anterior, sería la mención elogiosa de dichas personalidades en el reportaje o que éste refleje ampliamente la visión que tienen dichas personalidades. Para el gabinete, es también lógico que no pueda estar llamando a un medio continuamente para intentar «colocar» sus noticias, sin ofrecer algo a cambio como una exclusiva o un trato preferencial para futuras historias. Siguiendo con la metáfora de la cuenta, el gabinete puede estar en números rojos con muchos medios de comunicación, y eso comprometería su efectividad, por lo que nunca se debe permitir llegar a esos extremos.

Políticos y periodistas, condenados a entenderse y enfrentarse

La relación entre políticos y periodistas siempre ha sido algo tirante, tensa incluso, pero en los últimos tiempos se ha llegado a niveles que huelen a guerra soterrada entre dos profesiones que se necesitan. Véase por ejemplo la tendencia a mandar comunicados y realizar declaraciones sin preguntas que han aprovechado sin rubor políticos de uno y otro signo. Esta costumbre de no someterse al escrutinio de los periodistas menosprecia al gremio, convirtiéndolo en mero transmisor del mensaje del día y, con toda lógica, cabrea al profesional, que no puede realizar su trabajo en condiciones.

Desde el punto de vista de la comunicación, puede llegar a ser hasta contraproducente. Cualquiera de nosotros puede nombrar figuras políticas de cualquier partido que no tienen ninguna aparición pública y permanecen desaparecidos incluso cuando se les solicita, pero que luego son los primeros en salir a la palestra cuando el tema perjudica a otro partido o les puede aportar réditos políticos. Aunque no llegue esa percepción a la opinión pública, la profesión periodística sí lo percibe y, a la larga, puede convertirse en un problema de imagen díficil de corregir.

Esta tendencia no se limita únicamente a declaraciones y comunicados. Hoy día, es una práctica común para todos los partidos ofrecer señal realizada de sus mítines y eventos. Algo que empezó para poner un poco de orden en el caos que supone organizar un gran evento se ha convertido en una forma de controlar la imagen que aparece en el telediario, limitando la capacidad de los medios gráficos para transmitir la noticia. En este caso, no es algo tan extremo como puede parecer por esta descripción, pero sí es un síntoma del miedo al mensajero y la tendencia a controlar el continente, además del contenido, del mensaje.

Pero en todas partes cuecen habas y la profesión periodística también tiene prácticas que, jugando a abogado del diablo, no ayudan tampoco a la buena relación entre políticos y periodistas. La distribución de los medios en España en grandes grupos de comunicación provoca que, en muchas ocasiones, las prioridades periodísticas cedan ante las prioridades empresariales y que la imparcialidad sea prácticamente imposible. Todos conocemos la tendencia de cada medio de comunicación, más o menos explícita, y esa tendencia permea las acciones del periodista, siempre, y es inútil negarlo.

Por ello, cuando un político de un signo determinado responde a las preguntas de un periodista perteneciente a un grupo de signo contrario, existe una predisposición en ambas partes que no es buena para nadie, a pesar de la relación personal que haya entre ellos, por muy buena que sea. Y es mucho peor cuando hablamos de periodistas-estrella, aquellos que gozan de un estatus elevado dentro de la profesión y/o su grupo de comunicación. Por supuesto, los periodistas-estrella son profesionales como el que más y han alcanzado esa posición a base de mucho trabajo y esfuerzo pero existe el riesgo de que se les suba a la cabeza y ejerzan el periodismo arrogándose la verdad desde posiciones de prepotencia.

No hay soluciones aparentes para ninguno de los problemas que he expuesto en este post, pero sí hay un antídoto. Para que un ciudadano esté plenamente informado sobre estos asuntos, a pesar de los controles o parcialidades que se ejerzan desde un lado u otro,  hay que utilizar el mayor número de fuentes posible. No basta con leer el periódico o escuchar la radio afín a tus ideas, si quieres hacerte una imagen completa de la realidad, tienes que consultar otros medios, incluso los que no te gustan. Sólo conociendo el mayor número posible de enfoques se puede conseguir ver el cuadro completo o, al menos, gran parte de él.

El mapa de los medios en España

Cuando empecé a trabajar de becario a finales del siglo pasado, mi primera labor fue el seguimiento de medios y mi entonces jefa me dijo que era un trabajo apasionante. pues vería de primera mano lo fragmentado y polarizado que estaba el mundillo de los medios de comunicación. Más de 10 años después, esa afirmación es más cierta que nunca, exceptuando el tema de la fragmentación, al encontrarnos grandes grupos de comunicación que se expanden de forma horizontal en todos los soportes. Como resultado, tenemos un panorama de los medios en España con los siguientes grupos, sin ánimo de ser exhaustivo y sin ningún orden en particular.

  • PLANETA. En los últimos tiempos, la editorial Planeta ha expandido sus actividades a los medios de comunicación, convirtiéndose en el accionista de referencia de Antena 3 y, por extensión, la cadena de radio Onda Cero, además del diario La Razón. El diario gratuito ADN es también de Planeta, editado junto a otros grupos autonómicos.
  • UNIDAD EDITORIAL. Nacido con el periódico El Mundo, surge en 2007 al comprar el Grupo Recoletos y su fuerte está en la prensa escrita, con el citado diario más los líderes en prensa deportiva (Marca) y en prensa económica (Expansión). También tiene una gran presencia en internet mediante elmundo.es, líder de difusión en castellano y posee la cadena de TDT Veo7.
  • MEDIAPRO. Éste es un grupo nacido en las legislaturas de Gobierno de Rodríguez Zapatero, bajo cuyo Gobierno nació la cadena de televisión La Sexta y el diario Público. Es quizás el menos horizontal de todos los grupos, pero también es el más joven y gracias a los derechos de varios espectáculos deportivos tiene una gran capacidad para expandirse.

A todos estos grupos habría que sumar el grupo público RTVE (con TVE y RNE) u otros como Intereconomía o Prensa Ibérica, pero como dije, no pretende esto ser un repaso exhaustivo. Por ello, tampoco vamos a adentrarnos en las posiciones políticas de cada uno de estos grupos, ya que habrá tiempo para poder irlos examinando en futuros posts, especialmente cuando hablemos de cuestiones tan peliagudas como la lucha por las audiencias, la concentración como única opción de supervivencia o la reconversión de los medios al futuro digital.

El deporte y la comunicación-espectáculo

Si hay algún acontecimiento que apasiona a todas las personas de la tierra, es el deporte, sin duda alguna. Sean unos Juegos Olímpicos, unos Mundiales de fútbol, la Superbowl o el Tour de Francia, millones de aficionados están enganchados a su medio de comunicación predilecto para seguir la actualidad deportiva. Esto es una consecuencia de la implantación de los medios de comunicación de masas durante el siglo pasado, que hicieron accesible a todo el mundo el espectáculo del deporte, naciendo así lo que denomino comunicación-espectáculo.
Todos los grandes acontecimientos deportivos del planeta, como los Juegos Olímpicos (y aprovechamos para mostrar nuestro respeto a la figura de Juan Antonio Samaranch, recientemente fallecido), requieren de una gran cobertura mediática. Tan grande que se convierte en noticia en sí misma, con los medios alardeando del impresionante despliegue técnico y humano que han realizado y de cómo hay centenares o miles de periodistas cubriendo el evento. Es en esa escala cuando podemos hablar de comunicación-espectáculo, cuando todo se hace a lo grande. The bigger, the better.

Además de en grandes eventos puntuales, también podemos hablar de comunicación-espectáculo continuada en el tiempo, a través de eventos y competiciones de largo recorrido. El deporte es así el mayor exponente de la comunicación-espectáculo y eso es porque el mismo deporte se ha convertido en el espectáculo por excelencia. Y como tal, exige un nivel de profesionalidad y entrega que nada tiene que ver con las prácticas de hace unas décadas. ¿Cómo se portarían Di Stefano, Pelé o Cruyff si jugasen en la Liga actual? La exigencia física es hoy mayor, así que posiblemente no estarían a la altura, y la presión de los medios es infinitamente mayor, y quién sabe cómo la soportarían. Di Stefano debutó con el Madrid a los 27 años, hoy día ya sería un jugador «casi» viejo, sobre todo cuando los medios crean héroes deportivos a edades cada vez más tempranas.

Precisamente son las exigencias de la comunicación-espectáculo las que motivan que se busque a figuras cada vez más jóvenes. Hay que seguir alimentando el circo mediático montado en torno al deporte, y la máquina exige combustible. Pero ese combustible son personas que luego pueden «quemarse». Los héroes son masticados y escupidos casi tan rápido como son creados y nadie lo ha representado mejor que Goya hace casi 200 años.

El futuro de la prensa y las tres D

Uno de los grandes retos de los medios de comunicación en este principio de siglo ha sido adaptarse a la nueva realidad social en las sociedades occidentales. Plataformas que hace 15 años ni existían, como son Internet o la telefonía móvil, hoy son la nueva frontera a explorar por periodistas, publicistas y estudiosos de la comunicación. Los paradigmas han cambiado, todo es novedoso, es la proverbial tierra prometida donde una persona con una idea puede literalmente cambiar el mundo. ¿Y en qué se traduce esto para los periódicos?

La prensa escrita es el medio de comunicación de masas más antiguo. En los periódicos escriben las firmas más prestigiosas, hay cabeceras centenarias de gran prestigio, pero la circulación es cada vez menor. Se leen menos periódicos que antes (y eso que España nunca fue muy lectora) y la publicidad ya no es lo que era. La competencia de radio y televisión es muy fuerte a la hora de repartir la tarta publicitaria. ¿Cómo se puede evitar que la prensa escrita desaparezca?

En la próxima década vamos a asistir a un auténtico proceso darwiniano. La selección natural va a hacer que desaparezcan las cabeceras que no sepan adaptarse a un nuevo modelo. Es muy posible que se produzcan fusiones y concentraciones de medios, siempre en aras de recortar gastos, pero aún cuando recortar gastos siempre es beneficioso para una empresa, la solución no consistirá sólo en apretarse el cinturón. Hay que invertir juiciosamente en la traslación del periódico a Internet (y digo Internet en el sentido más amplio de la palabra, no sólo la World Wide Web), para que su éxito permita a la edición impresa sobrevivir a la caída de ventas. Y todo ello en pos de tres objetivos, las tres D que hay que buscar: Difusión, Diferenciación y Dinero.

Difusión

A nadie se le escapa que a todo medio le interesa llegar al mayor número posible de destinatarios, conseguir visitas en su web, ser el más visto y consultado. La mayor parte de las cabeceras de prensa escrita cuentan ya con un número de seguidores suficiente para, cuando dan el salto a Internet, no partir de cero, pero siempre hay que buscar el modo de conseguir mayor difusión. Más difusión significa más ingresos publicitarios y el beneficio es el objetivo del medio como empresa. Hay muchas formas de conseguir que un medio en Internet consiga más visitas, desde el posicionamiento en buscadores hasta el simple boca a boca (o en este caso, mail a mail), pasando por ofrecer servicios adicionales como metereología, callejeros, información de tráfico, o servicios exclusivos para móviles. Pero en última instancia el único modo seguro de aumentar la circulación es la calidad. Nada hará volver tanto a un internauta como la calidad de la información, incluso aunque no comparta la ideología del medio. Y la calidad también es una forma de conseguir la siguiente D…

Diferenciación

La cantidad de información que hay en Internet es inmensa y el número de medios de comunicación no lo es menos. Para que un medio consiga alcanzar la máxima difusión y, al mismo tiempo, fidelizar a sus lectores/visitantes, debe diferenciarse. ¿Qué tengo yo que no ofrecen los demás? Puede ser los servicios adicionales que mencionamos anteriormente, firmas exclusivas que me generan contenidos y prestigian mi medio o la especialización en un campo que me permite llegar donde otros medios no pueden. Todo es válido para sobresalir entre tus competidores, y quien consiga dar primero con lo que el público de esta nueva década reclame a los medios será el primero del pelotón durante mucho tiempo.

Dinero

Y por supuesto, todo esto es para ganar dinero. Pero cada medio debe buscar el difícil equilibrio entre los contenidos gratuitos y los de pago, porque el futuro de los medios de comunicación pertenecerá a aquellos que sean capaces de monetizar sus contenidos. Siempre habrá información gratuita, pero los medios más fuertes serán los que logren que la gente pague por ellos, una empresa nada fácil. Estamos en terra incognita y los modelos de explotación económica deben cambiar y adaptarse. No hay más que recordar cómo le fue a elpais.com cuando intentó un modelo exclusivamente de pago. Hay que buscar otros modelos y el de Spotify es el que creo que mejor puede servir para lograrlo. Acceso gratuito con publicidad y privilegios exclusivos si pagas. Si se consigue que uno de cada 10 de  tus lectores/visitantes pague por acceder a tus contenidos, tendrás el éxito, la matemática es fácil. Si tienes 100.000 usuarios únicos al mes y 10.000 pagan una cuota mensual de 10 euros por una serie de privilegios o contenidos exclusivos, tienes 100.000 euros mensuales asegurados. Si tienes un millón de usuarios unicos, hablamos de un millón de euros mensuales. Ahí está el futuro, en ofrecer ese plus informativo a ese porcentaje de gente dispuesto a pagarlo, y en ofrecer tus contenidos gratuitos a los demás.

De todas formas, la realidad informativa y de la red es cambiante, por lo que, dentro de un año, retomaré este post para ver qué ha cambiado en ese período de tiempo y hacia dónde se mueven los medios. Será un ejercicio interesante, tanto de análisis como de constancia por mi parte. El escribir ese post supondrá que yo también he alcanzado parte de las tres D….

Después del debate, el copo de nieve

Bueno, técnicamente el debate no ha acabado, pero a las 13:30 de la tarde no espero que haya ningún gran anuncio. Hoy se ha producido el primer debate de altura en el Congreso entre el presidente del Gobierno y los líderes de la oposición en este período de sesiones. Realmente, no ha sido el mejor de los debates que he visto en esta Cámara, y tras escuchar a los diferentes portavoces, me reafirmo en la opinión previa que tenia. Cada partido se ha enrocado en sus posiciones y no piensan salir de ellas hasta las próximas elecciones, en las que (previsiblemente) irán a la yugular y a la caza del voto. Sentada esa premisa, ya dan igual los ofrecimientos de pactos o el echar en cara rechazos anteriores, y el debate se queda en un concurso de aplausos… y de titulares.

Evidentemente, la atención mediática sobre este tipo de sesiones es mucho mayor que en un pleno ordinario, y aún sin haber acabado el debate, ya proliferan artículos de opinión, análisis con las claves de cada discurso, twitters en tiempo real de los diputados desde sus escaños (yo me había planteado hacerlo así, menos mal que no lo hice porque no habría podido), encuestas para dilucidar quien ha ganado el debate… Es una tonteria, cada medio ya tiene su ganador, y no ha esperado precisamente al debate para decidirlo.

Pero esta sobreabundancia de información en tiempo real me ha llevado a reflexionar sobre si realmente es necesaria. Si tuviéramos que traducir en papel todos los bits que se han creado con motivo del debate (incluyendo estos que está leyendo), no nos valdría con un periódico completo, ni siquiera una edición dominical. Esto mismo pasa con los eventos deportivos y no ocurre nada, se genera mucha información que tiene su propio impacto. Pero precisamente en el entorno deportivo ha ocurrido un fenómeno que puede trasladarse a la información política.

El copo de nieve de Koch es una buena metafora de este fenómeno. Es una figura fractal de un copo de nieve del que puede hacerse infinitas iteraciones, pero en un espacio limitado. La sobreabundancia de información hace que conozcamos todo lo imaginable, desde como entrena el Barcelona, hasta las fichas médicas de los jugadores del Madrid, pero todo ello dentro del espacio limitado de la información deportiva, en la que no sé yo si tiene sentido conocer los planos de la casa de Cristiano Ronaldo, pero también eso está al alcance.

En política está pasando lo mismo. Conocemos desde cómo ha preparado Zapatero su discurso a las tablas comparativas de silencios y aplausos en las intervenciones, pero también si los diputados han bostezado mucho o poco, o lo que estaban viendo en sus pantallas mientras los líderes hablaban. Cuando la información a cubrir es limitada en el tiempo y el espacio (el debate de hoy por ejemplo), pero la atención mediática es tan masiva, se genera una sobreabundancia de información en la que los medios, para distinguirse de los demás, deben centrarse en detalles cada vez más pequeños, concretos (como el número de veces que Rajoy diga «pacto» o Zapatero «crisis») e incluso irrelevantes.

¿Y en qué se traduce esto? En varios temas sobre los que hablaré muchas veces, como son la desaparición de la figura del gate-keeper, la especialización de la información, la importancia de la reputación y la marca, las redes sociales en la comunicación o la economía de la atención.

¿Y entonces al final, qué me ha parecido el debate? Pues mira, empate a cero, aburrido y sin goles. Si lo sé, me quedo en casa y lo veo por televisión.

Los smartphones y el periodismo

Llevo casí un mes disfrutando de mi nuevo móvil, un HTC Hero que cada día me gusta más. Es mi primer smartphone, ya que con mi anterior teléfono, un N95, no llegué a explotar las posibilidades que  me ofrecía para la comunicación y el trabajo, limitandome a usarlo como reproductor multimedia. Estoy gratamente sorprendido por el sistema Android y la facilidad de uso, además de la integración del teléfono con correo y redes sociales.

Los smartphones son una herramienta que aún está por explotar en el mundo del periodismo.Aunque habrá quien aproveche ya todas sus virtudes, aún no son un instrumento estándar, pero afortunadamente eso cambiará a medida que los estudiantes de periodismo de ahora, que han crecido con las nuevas tecnologías, se vayan introduciendo en el mercado laboral. Mi generación ha asistido al nacimiento de Internet y la informatización masiva de los medios. La próxima (yo también, aunque ya no lo veré de la misma forma) verá nacer un nuevo modelo, en el que el problema no será ya acceder a la información, sino la selección de la información, y herramientas como el smartphone o los tablet PC permitirán acercar el periodismo escrito al nivel de la radio o la televisión, información en directo, 24/7.

Quizás estoy exagerando, al fin y al cabo ya estamos en una sociedad con sobreabundancia de información, pero es una sociedad glotona, no parece tener nunca bastante. Los próximos años serán interesantes en ese aspecto. Ante las macrofusiones de grandes empresas internacionales, lo local se convierte en un valor positivo a fomentar en un marco de medios cada vez más segmentados y con menor audiencia. Y herramientas versátiles, baratas (relativamente) y cómodas de usar como un smartphone van a ser cada vez más habituales y más útiles.

Mientras llega ese futuro, yo seguiré practicando con el Hero, nunca está de más estar entrenado por si acaso…