Lecturas 2.0 esenciales: Free, de Chris Anderson

Free, de Chris Anderson
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Chris Anderson es uno de esos autores que todos deberíamos leer. Su primer libro, The Long Tail, es una lectura muy esclarecedora, tal y como reseñé en su momento. En este su segundo libro, Free: The future of a radical price (Gratis: El futuro de un precio radical) nos habla sobre el concepto de gratuidad y cómo está cambiando poco a poco nuestra percepción de todo. Que nadie se lleve a engaño, es posible ganar dinero, mucho dinero de hecho, sin cobrar nada. No es cobrar nada por cualquier cosa, sino por las suficientes para que en torno al precio cero se haya creado una economía más grande que la de muchos países.

Uno de los primeros apuntes que hace Anderson es que apenas hay modelos económicos que estudien la gratuidad, mas allá de teorías olvidadas del siglo XIX o discusiones académicas. Por tanto, ha surgido una economía alrededor de la gratuidad antes que un modelo económico que sea capaz de describirla. Todos sabemos lo que es gratis, pero nada tiene que ver el gratis del siglo XX con el gratis del siglo XXI. El siglo pasado una de las herramientas de marketing más poderosas era regalar una cosa para crear demanda de otra y esa técnica ha aguantado mucho tiempo: regala el teléfono móvil, cobra una tarifa mensual; haz la consola de videojuegos a precio de coste y vende los juegos a precio de oro. Por eso existe tanta desconfianza con el precio cero. Pero el gratis del siglo XXI no tiene nada que ver con trucos o engaños, sino con la posibilidad de reducir los costes de bienes a servicios a precios tan cercanos a cero que es más fácil redondear hacia abajo. Y eso es así porque la nueva gratuidad se basa en la economía de los bits y no en la de los átomos.

En la economía de los átomos, las cosas tienden a encarecerse con el tiempo, mientras que en la economía de los bits, la tendencia es a abaratarse. Las personas suelen sospechar de los productos gratuitos en la económica de átomos, pero confía en los productos gratuitos de la economía de bits. Instintivamente, entienden la diferencia entre las dos economías, y aun lo hacen más los nacidos en el último cuarto del siglo XX. Para las generaciones anteriores, la escasez (de comida, trabajo, ropa u otro bien) era una preocupación constante. Por el contrario, para los nacidos en los últimos 30-35 años la abundancia ha sido la norma.

Está ocurriendo en todos los ámbitos donde los bits sean el elemento predominante. Y a medida que la abundancia pasa a ser la norma, el valor se desplaza a otro lugar. Hace algunas décadas, el mayor valor de los productos residía en el proceso de fabricación. Pero llegó la globalización y la fabricación se convirtió en un bien común y abundante y el precio cayó. Así que el valor se ha movido hacia otras áreas que aún no son comunes, alejándose del trabajo manual y acercándose al trabajo mental. Los trabajadores del conocimiento de hoy en día son los obreros del ayer (y los granjeros del antes de ayer), y buscan la escasez para poder aportar valor.

Nuestros propios sentimientos hacia lo gratuito también juegan un papel importante. Si algo solía costar dinero y ahora ya no cuesta nada o cuesta menos de lo que costaba antes, tendemos a relacionarlo con una pérdida de calidad. Pero si algo nunca ha costado dinero, no sentimos lo mismo. Desde el punto de vista del consumidor, hay una gran diferencia entre barato y gratis. Un producto gratis puede hacerse viral. Cobra un solo céntimo y ya estás en un negocio diferente, en el que tienes que luchar con uñas y dientes por cada cliente. Cero es un mercado y todos los demás precios son otro.

Y como todo, lo gratis también tiene sus riesgos. El precio cero es la mejor manera de maximizar el alcance de un producto o servicio pero, a no ser que maximizar el alcance sea tu objetivo principal (como puede ser en el caso de Google), puede tener efectos contraproducentes. Como cualquier otra herramienta, la gratuidad debe usarse con cuidado para evitar que cause más perjuicios que beneficios.

La Ley de Moore multiplicada por tres

La Ley de Moore juega un importante papel en la economía de los bits, ya que afecta a tres aspectos clave de internet: la capacidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento y el ancho de banda. En los tres casos, más o menos cada año y medio se duplica la capacidad o, lo que es lo mismo, el coste se reduce a la mitad. Un centro de datos de Google cuesta ahora la mitad que a finales de 2011, y esa caída de los precios es la clave y el motor del gratis del siglo XXI. El coste de cualquier cosa relacionada con esos tres aspectos siempre bajará y continuará bajando hasta llegar tan cerca de cero como sea posible.

Y si los aspectos físicos están viajando hacia el precio cero, ¿qué ocurre con los contenidos? Pues que las ideas son el bien más común que hay, y se difunden y propagan a coste cero. Una vez concebidas, las ideas buscan diseminarse en todas las direcciones, son los memes. Pero en el mundo de los negocios, las compañías ganan su dinero creando una escasez artificial de ideas a traves de patentes, copyrights y leyes de propiedad intelectual. Todas esa trabas legales tuvieron su razón de ser en la economía de la escasez para dar a los creadores un incentivo par seguir creando, pero en la economía de la abundancia han perdido su sentido y deben reformularse. Las ideas no pueden ser controladas por siempre.

Y cuantos más productos están hechos de ideas antes de que materia, de bits antes que de átomos, más rápido se abaratan y buscan el precio cero. De ahí viene la abundancia que lleva a lo gratis en el mundo digital y que resumimos como la Ley de Moore. Pero no se limita a la red, cualquier industria en la que la información se convierta en la materia prima seguirá esa misma curva y tenderá a cero con el tiempo. Ocurrirá por ejemplo en la medicina, en la que cada vez más servicios médicos y de diagnóstico serán realizados por software (que también se abarata con el tiempo, hasta llegar a ser gratis) en vez de por doctores (que serán cada vez más caros).

Una lectura imprescindible

Estos son solo algunos de los aspectos relacionados con la gratuidad y el precio cero que Anderson examina en su libro. Al igual que The Long Tail, Free es un libro visionario que abre los ojos sobre las nuevas relaciones que se establecen entre las tecnologías de la información y la economía. Desde la la desaparición del mercado de las enciclopedias hasta las luchas de Microsoft contra el software libre, pasando por la situación de los medios de comunicación y cómo el precio cero afecta a las industrias editorial o de la música. También estudia el surgimiento de nuevas formas de valorar las cosas cuando el dinero ya no forma parte de la ecuación, como son la reputación, la atención o la repercusión, además de cómo usar la escasez en el nuevo entorno de abundancia.

Para los periodistas, Free es un libro que ayudará a entender el ecosistema digital en el que nos movemos y que va a ser donde los estudiantes de periodismo de hoy desarrollen su carrera. Además les servirá para desmontar muchos mitos sobre la gratuidad que todavía hoy existen, como el afirmar que internet no es gratis porque pagas a tu proveedor de internet. Aparte de que eso significa equiparar el contenido al contenedor, es confundir el coste de transmitir cada mega de información con el coste de crearlo y el valor que tiene para el un receptor. Son dos cosas totalmente distintas y se rigen por economías distintas.

En resumen, considero que Free es una lectura imprescindible. Tanto si quieres ahondar en el desarrollo del precio cero a lo largo de la historia, como si quieres conocer diferentes ejemplos de cómo se pueden construir negocios rentables y exitosos partiendo de la gratuidad, en Free tendrás muchas, si no todas, de las respuestas que necesitas. Este es uno de esos libros que abren tu mente a nuevos conceptos e ideas y solo por eso deberías leerlo cuanto antes. Pero además estoy convencido que será una lectura de referencia dentro de unos años. Si quieres saber antes que nadie cómo será parte de la economía del futuro, debes leer Free, de Chris Anderson.

 

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Gabinetes de prensa: Cómo construir tu agenda de medios

construir tu agenda de medios

En los primeros tiempos del blog, dediqué varios posts al mundo de los gabinetes de prensa, que es donde he desarrollado mi carrera profesional durante los últimos catorce años. Hoy, retomo el tema con la intención de hacerlo una sección habitual en el blog, ya que hay mucho que decir sobre gabinetes de prensa y agencias de comunicación. Y comenzamos con una de las tareas básicas de todo gabinete: construir la agenda de medios, pero antes recordemos la definición de gabinete de prensa que establecí hace tres años:

Dentro de una organización o empresa, el gabinete de prensa es una división especializada en comunicación, tanto interna como externa, que, con mayor o menor independencia respecto a la cúpula de dicha organización, crea, establece y gestiona la estrategia comunicativa de la misma. Es también un órgano multidisciplinar que abarca varios aspectos de la actividad de la organización y sus actividades incluyen desde la organización de eventos a la gestión de relaciones con los medios, pasando por elaboración de boletines internos o la presencia en redes sociales».

Como vemos, una de las tareas de los gabinetes de prensa es la gestión de relaciones con los medios y para ello es fundamental que el gabinete pueda construir una agenda de medios. Para ello, no basta con conseguir el teléfono móvil de un periodista. Ese es el requisito básico, cierto, pero si nos limitamos a eso en vez de una agenda de medios tendremos un listín telefónico. Una auténtica agenda de medios nos permite saber quién es la persona adecuada para llamar dentro de un medio cada vez que tengamos que hacer una gestión; es un mapa de los medios de comunicación gracias al cual podremos orientarnos y llegar exactamente a la persona que queremos llegar. Con toda seguridad, es la herramienta más importante que puede tener un gabinete de prensa. ¿Cómo construirla? Veamos cómo hacerlo.

Construir tu agenda de medios en tres pasos

  1. Apúntalo todo. Es algo tan evidente que muchas veces lo pasamos por alto, pero una vez que tenemos el contacto de un periodista, sea móvil, correo electrónico, twitter… hay que apuntarlo en la agenda. No importa que no sea conocido, que sea el becario o que sea un teléfono fijo de la redacción. Tener una forma de contacto es tener un pie dentro del medio, y nunca sabes cuándo puede serte útil. Yo me he encontrado con que redactores rasos con los que tenía cierto contacto han terminado, con el paso de los años, como presentadores de informativos y gracias a apuntarlo todo, tengo su teléfono personal. Así que no desprecies a nadie y apúntalo todo.
  2. Organizate. Una vez que te has acostumbrado a apuntar todo, debes encontrar un buen método para organizar todos esos datos. Puedes usar una agenda de papel de las de toda la vida, pero no te dejará ordenar lo que apuntes más que alfabeticamente. ¿Y si un día necesitas todos los contactos que tienes de un único medio de comunicación? ¿O si tienes que buscar un periodista que recuerdas que apuntaste, pero no eres capaz de acordarte de su nombre o apellido? Para evitar todos esos problemas, te recomiendo que utilices Evernote. Yo llevo usándolo desde hace un tiempo y no hay competencia. No encontrarás ningún otro programa tan flexible y versatil como él. Instálalo y aprende a usarlo cuanto antes.
  3. Conoce los medios. Conocer a los periodistas es el punto más importante de la agenda de medios, de nada te sirve tener el contacto si luego ellos no saben quién eres. Tener una buena relación con los periodistas y conocerlos es una tarea lenta y ardua, pero que merece la pena y puede facilitar mucho las gestiones que hagas en ese medio. Y no hay que limitarse a los periodistas habituales de tu sector, o los jefes de sección. También es aconsejable que estés siempre al tanto de los movimientos que se produzcan en la redacción o en la parrilla de programación: quién se queda, quién se va… Aparte de que como gabinete de prensa es tu labor conocer el mapa de los medios, puede serte de ayuda para evitarte confusiones embarazosas o directamente despistes, al preguntar por gente que ya no está, que dan muy mala imagen.

 

Y ya está. Es tan simple y complicado como estos tres pasos: Apunta todo, organízalo y conoce los medios, por dentro y por fuera. Siguiendo esas pautas y manteniéndolas en el tiempo conseguirás construir tu agenda de medios.

 

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Cómo ha avanzado la tecnología

avances de la tecnología

Los avances de la tecnología hacen que lo que ayer era ciencia ficción hoy sea una realidad. Podemos verlo claramente en la foto superior, en la que un smartphone de 2013 realiza todas las funciones, y más, de múltiples gadgets de 1993. Puede que el siglo XXI no nos haya traído mochilas-cohete, pero los actuales smartphones son bastante parecidos a un tricorder

 

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