¿Periodistas generalistas o especializados?

 

Con el fin del verano llegan los exámenes de septiembre y el inicio del curso universitario. Cuando quien escribe estas líneas estudiaba en la universidad, le sorprendía la cantidad de asignaturas de “Introducción a” que existían en el plan de estudios de la carrera de Periodismo. Asignaturas como ”Introducción a las ciencias jurídicas”, “Teoría general de la publicidad”, “Principios de economía”, “Teoría general de la imagen” o “Fundamentos de las relaciones públicas”, además de otras asignaturas de introducción al marketing, sociología, documentación…

 

Toda este cúmulo de introducciones tenía como objetivo formar a periodistas todo terreno, capaces de portarse como una navaja suiza y poder defenderse en cualquier campo del periodismo. Ése era el modelo de periodista imperante en aquella época, un profesional polivalente, capaz de redactar una noticia política, hacer una crónica de radio de sociedad o redactar una pieza para televisión sobre cultura. Incluso hoy en día, no es extraño mover a periodistas entre secciones en los medios más grandes y así encontramos a profesionales de la sección de nacional que pasan a economía o redactoras de política que terminan en deportes. Es parte del juego, pero las reglas del juego están cambiando. La crisis que asola el sector periodístico puede que favorezca el modelo del periodista generalista y todo terreno, dado que las redacciones se reducen y los que quedan tienen que hacer de todo. Pero ese “de todo” incluye, cada vez más a menudo, tareas que no se enseñan en las facultades de periodismo (o al menos, no lo hacían en mis tiempos).

 

Programas como Quarkxpress, Final Cut, Photoshop o Illustrator son de uso común en muchas redacciones y el periodista debe saber manejarlos o al menos tener unas nociones básicas de su funcionamiento. A estos programas hay que sumar aquellos desarrollados específicamente para cada medio, que pueden ser desde maquetar un periódico de forma remota hasta hacer cortes de audio. Y además hay que sumar otras habilidades digitales, como saber editar vídeo para la web, usar Twitter o Facebook como herramientas periodísticas, crear infografías para explicar datos complejos, tener conocimientos de escritura SEO…

 

Todas estas habilidades son las que necesitará el periodista del futuro para poder trabajar en la web, que será el soporte principal de la información en todos los sentidos. Conocer y dominar bien algunas de estas herramientas sera esencial, pero dominarlas todas “por encima” no servirá a los futuros periodistas. En el Laboratorio de Periodismo Nieman, han publicado un post al respecto hace poco, señalando que las empresas de noticias prefieren a periodistas que sean sobresalientes en algunos aspectos, frente a los que sean buenos en muchos.

 

Es algo lógico. Una vez que los estudiantes adquieren las nociones básicas del periodismo, esto es, saber narrar, contrastar las fuentes o distinguir lo noticiable de lo que no lo es, entre otros aspectos, la especialización en un campo es el único modo de destacar entre los demás. La base es el periodismo de siempre, pero hay que complementarlo con habilidades nuevas que nada tienen que ver con lo que se enseña en las escuelas de periodismo.

 

No hay que negarse a aprender estas habilidades. Por desgracia, ya no basta con lo básico, hay que saber mucho más para poder ejercer. Para una profesión que siempre se ha enorgullecido de la inteligencia, tolerar la ignorancia es una estupidez que no se debe permitir. Tal y como dicen en el articulo de Nieman, “las facultades y escuelas de periodismo que licencian a sus alumnos con un entrenamiento rudimentario en un gran número de plataformas no estan aportando valor a sus estudiantes y hacen un flaco servicio al negocio del periodismo, que está luchando por su supervivencia”.

 

Por desgracia, que esto significa que vamos a tener generaciones de periodistas cada vez más cualificados cobrando cada vez menos sueldo es otra triste realidad…

Los medios de comunicación no pueden volver al pasado aunque quieran

El concepto de flecha del tiempo es bastante simple: El tiempo va del pasado hacía el futuro pasando por el presente y es irreversible. El pasado es inmutable, el futuro es incierto y vivimos un presente fugaz. Por eso, cuesta creer que haya gente que quiera invertir la flecha del tiempo y volver al pasado.

 

Este verano hemos tenido un ejemplo de ello con las fotografias del príncipe Harry desnudo en Las Vegas. Por increíble que parezca, la familia real pidió a los tabloides ingleses que no las publicaran, a pesar de que ya habían sido vistas por millones de británicos a través de internet. Y lo más increible es que los medios accedieron, al menos por un día. Al final The Sun publicó las fotos en su portada, reconociendo en el titular lo estúpido de su posición.

 

 

“La fotografia de Harry desnudo que ya has visto en internet”. Creo que es la primera vez que un periódico admite abiertamente su propia irrelevancia en la portada y creo que es algo bueno. Para solucionar un problema, lo primero que hay que hacer es reconocer que lo tienes. El problema de la prensa escrita es que el papel ha dejado de ser el soporte principal de la información y ha sido sustituido por el bit, fácil de difundir, de almacenar y de acceder. La prensa siempre ha publicado noticias de ayer, pero no nos hemos dado cuenta hasta ahora, cuando gracias a la tecnología somos capaces de acceder a las noticias prácticamente cuando se producen.

 

La disrupción provocada por la popularización de internet y las redes sociales ha hecho temblar los cimientos de toda industria cuyo producto principal pueda convertirse en bits. Ha ocurrido con la música, está ocurriendo con los libros y el cine y esta llegando ahora a los medios de comunicación, que además han tenido que lidiar con una grave crisis publicitaria, consecuencia del negro contexto económico mundial.

 

Y esta crisis de la prensa escrita viene de lejos. Más de 50 medios de comunicación han tenido que cerrar, y los que permanecen han tenido que afrontar dolorosos Expedientes de Regulación de Empleo. Más de 6000 periodistas han perdido su puesto de trabajo desde que comenzó la crisis y la situación no tiene visos de mejorar. Incluso el periódico más vendido de España, El País, está dejando de ser la máquina de ganar dinero que fue y lleva con un posible ERE en puertas desde abril.

 

La situación nunca habia sido tan crítica y por eso, insisto, cuesta creer que haya gente que quiera invertir la flecha del tiempo y volver al pasado. La solución a los problemas de la prensa escrita no pasa por mantener contra viento y marea la importancia del papel, sino por abrazar el bit como modo de llegar a tus usuarios, eliminando gastos superflúos y centrándose en lo esencial. No hay que confundir el continente y el contenido. El producto que elaboran los medios de comunicación escritos no son hojas de papel muerto con las noticias de ayer, son noticias y es en eso en lo que deben centrarse para sobrevivir.

 

Nuevo curso y nuevo reto: El libro de EScomunicación

Después de algo más de un mes de inactividad, EScomunicación vuelve a la carga, con algunas novedades respecto de la temporada pasada. Desde hace unos días esta operativo el twitter oficial de EScomunicación, al que podréis seguir a a través del botón habilitado en la sidebar derecha. También estrenamos una nueva cabecera, que tenéis aquí abajo, que se unirá a las ya disponibles y aparecerá de forma aleatoria cada vez que cargue la página.

 

 

Pero la mayor novedad es el contador que tenemos en la parte superior de la sidebar. Es un contador de palabras que indica el progreso del que será el primer libro de EScomunicación, un proyecto que acariciaba desde hace mucho tiempo. En este libro recopilaré todas las ideas sobre las que vengo escribiendo en los ultimos dos años referentes a los cambios que ha traido la tecnologia a la sociedad y, muy especialmente, a los medios de comunicación.

 

Es un proyecto ambicioso, como todo primer libro, y para ayudarme he puesto ese contador, confiando en que haciendo públicos mis progresos, o la falta de los mismos, pueda conseguir ese objetivo. Periódicamente iré hablando en el blog de cómo va el libro, para el que me he puesto una meta de 25.000 palabras, una extensión ideal para un libro electronico, que es como será publicado. No hay una fecha de salida establecida y confío en que mis compromisos laborales me dejen tiempo para escribir, pero espero tenerlo listo antes de final de año.

 

Ya está, ya lo hice público. Ahora, a escribir.