Riptide, el choque entre periodismo y tecnología digital

Una historia oral del choque épico entre periodismo y tecnología digital, desde 1980 hasta ahora” o “Lo que realmente le pasó al negocio de las noticias”. Esos son los ambiciosos lemas de Riptide (Aguas revueltas), el proyecto del Laboratorio de Periodismo Nieman de la Universidad de Harvard, que pretende recopilar los cambios que ha experimentado el periodismo en el cambio de paradigma hacia lo digital, a través de más de cincuenta entrevistas a directivos de empresas de medios de todos los campos. El proyecto suena ambicioso y lo es, pero ¿han conseguido su objetivo?.

En primer lugar, Riptide es un ejemplo de lo que pueden ser las publicaciones periodísticas en el futuro. Siguiendo la estela de Snowfall, sus responsables han creado un sitio web con un excelente diseño, limpio, intuitivo, legible y pensado para su lectura en cualquier tipo de pantalla; leerlo en la tablet es realmente una delicia. En segundo lugar, el atractivo del continente es superado por el del contenido: el grueso del estudio lo componen las entrevistas, y entre estas podemos destacar gente como Nicholas Negroponte, fundador del Laboratorio de Medios del MIT; Ariana Huffington, fundadora del Huffington Post; Eric Schmidt, máximo responsable de Google; Marty Baron, editor de The Washington PostDoc Searls, coautor del Manifiesto Cluetrain; Andrew Sullivan, bloguero y fundador de The Dish; Jim Vandehei, editor de Politico; Dick Costolo, CEO de Twitter; Om Malik, fundador de Gigaom; Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web; Jeff Jarvis, ya conocido por los lectores de este blog; Chris Cox, responsable de producto en Facebook; Matt Mullenweg, creador de WordPress; Henry Blodget, fundador de Business Insider; Steve Case, cofundador de AOL, o Will Hearst, presidente de Hearst Corp. Por citar un tópico, quizás no estén todos los que son, pero desde luego que son todos los que están.

Riptide está compuesto por 15 capítulos en los que se aborda la relación entre periodismo y tecnología desde los años 80 hasta la actualidad. Desde la llegada del teletexto hasta la normalización de las redes sociales, pasando por el nacimiento de la World Wide Web, los blogs, la burbuja de las puntocom, la explosión de la publicidad online con Google o la gran recesión de 2008. En los próximos días publicaré un post más extenso con los puntos más destacados del estudio. Todavía tengo dudas de si voy a leerlo online a través de la tablet o aprovecharé el PDF que tienen preparado con una versión en texto del mismo. En cualquiera de los casos, Riptide tiene muy buena pinta y creo que va a ser un estudio de referencia.

 

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Cómo organizar y gestionar tus fuentes de información

 

Es bien sabido por todos los lectores del blog que nos encontramos en la era de la sobreabundancia de información, por lo que es una cuestión vital saber cómo organizar y gestionar tus fuentes de información. Lo que antes de internet se podía conseguir conservando recortes de periódico o fotocopias, ahora se convierte en una tarea mucho más exigente; decenas o cientos de blogs, columnas de opinión, artículos, tuits, infografías, archivos de audio y vídeo… Consumimos muchos contenidos a lo largo del tiempo y es necesario disponer de herramientas para poder archivar, organizar, compartir y recuperar esos contenidos cuando sea necesario. Para un periodista, es una labor incluso más crítica, pues debe poder acceder a toda la información de su archivo de forma rápida y sencilla; no es algo que podamos confiar exclusivamente a nuestra memoria.

No es la primera vez que hablo de este asunto. Hace algo más de un año, hablaba de mi dieta informativa y unos meses después de ese post,  de algunas herramientas para procesar, compartir y archivar información; desde entonces he ido perfeccionando el método y creo que ya está lo bastante maduro para poder hablar de ello en el blog.

Recibir y clasificar la información

El primer paso es elegir una buena plataforma para en la que unificar tus fuentes y tus lecturas. Yo he apostado por Feedly, que se ha convertido en el heredero más aventajado del Google Reader. A través de Feedly recibo las actualizaciones de más de 70 fuentes diferentes de comunicación y tecnología, que puedo consultar desde mi smartphone, la tablet o cualquier PC con conexión a internet. He terminado tan a gusto con Feedly que incluso me he suscrito al servicio Premium, que por poco más de 35 euros al año me permite buscar entre los feeds archivados y se integra con Evernote, como explicaré más adelante. Además de Feedly, Twitter es la otra gran herramienta con la que accedo a la información. Con más de 175 cuentas seguidas y subiendo poco a poco, mi timeline está salpicada de grandes y pequeñas historias, e intento consultar Twitter tan a menudo como puedo. Y por supuesto, sigue quedando el descubrimiento a través de recomendaciones de los amigos en redes sociales o la navegación sin rumbo en la que acabas llegando a textos interesantes.

En cualquiera de los casos, es necesaria una manera de poder guardar y recopilar aquello que me interese conservar y Evernote se ha convertido en la aplicación de referencia donde archivo todo lo que leo y considero que puede ser de interés. He creado una estructura de libretas en las que dentro de la carpeta de tareas, incluyo tres libretas con las tres acciones más comunes cuando encuentro un texto de interés: Para leer significa que merece una segunda lectura más atenta, pues puede ser materia para un post; y las carpetas Para Hootsuite y Para Spundge donde mando aquellas entradas que quiero compartir en el futuro. Como a Evernote también puedo acceder desde cualquier dispositivo, puedo consultar todas esas notas cada vez que tengo un momento libre.

Compartir y archivar la información

El siguiente paso es compartir esa información que he considerado de interés. Para eso, sigo usando Hootsuite, que me permite con apenas dos o tres clics, programar contenidos y enlaces que considere interesantes para los seguidores del blog en redes sociales. Durante estos primeros días de septiembre aún no he comenzado a compartir enlaces, pero a partir de esta semana retomaré el hábito así que si quieres recibir contenidos de calidad, no dudes en seguirme en Twitter o Facebook.

Además de Hootsuite, también continúo usando Spundge, en la que mantengo el cuaderno Periodismo sobre periodistas, con una recopilación de entrevistas, vídeos y tuits en los que los periodistas son los protagonistas. Lo que me gusta de Spundge es su facilidad a la hora de añadir contenidos al cuaderno y que es muy visual, como puedes comprobar en la captura que acompaña este post. Pienso que aún quedan cosas por mejorar en la plataforma, como el tema de los idiomas, pero creo que tiene mucho futuro para crear este tipo de archivos visuales, que es la idea detrás de Periodismo sobre periodistas: mantener un archivo continuado de enlaces en los que poder leer y escuchar a periodistas hablando sobre periodismo.

Esa función, la de archivo, no solo la realizo a traves de Spundge; tanto Evernote como el propio Feedly me sirven como archivo para todo aquello que quiero conservar. Gracias a la función de búsqueda del Feedly premium y a la potente búsqueda en las notas de Evernote, estoy seguro de que podré encontrar cualquier cosa aunque hayan pasado meses o años… siempre que lo haya archivado correctamente, claro. Además de eso, Scrivener sigue siendo la herramienta donde escribo cada post y el repositorio en el que puedo encontrar rápidamente una cita de Pepe Cervera sobre la que escribí hace dos años o lo que publiqué en junio sobre el futuro del periodismo. Algo esencial para no repetir temas innecesariamente en el blog.

Con todas estas herramientas puedo decir que me mantengo informado y que controlo todo lo que leo, clasificando, compartiendo y archivando la información. Espero que te haya sido de ayuda y si conoces alguna otra herramienta que pueda ser útil para organizar y gestionar tus fuentes de información, no dudes en compartirla en los comentarios.

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Todo es información [Infografía]

Hace un par de años, publiqué una infografía en la que hablaba de la era del zettabyte. Hoy, os ofrezco esta otra infografía, en la que, comparando todo tipo de objetos virtuales, reales, digitales y analógicos, subimos un nivel más y llegamos ya hasta los yottabytes, porque todo puede traducirse en información. No es de extrañar que hablásemos de espacio infinito el otro día. Espero que os guste.

 

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Espacio infinito

Hoy en día, tenemos espacio de almacenamiento prácticamente ilimitado y gratuito en la red para guardar todo lo que deseemos. Gmail te ofrece 15 gb para guardar tus correos electrónicos y Yahoo! te da espacio ilimitado siempre que no abuses; Flickr te da 1 tb de espacio para tus fotos; Dropbox te permite hasta 18 gb de almacenamiento en la nube… Para los que peinamos alguna cana, tanto espacio parece un sacrilegio. Yo he usado cuentas de correo con 2 mb de capacidad, de forma que tenías que borrar correos para seguir recibiendo, y tampoco hace tanto tiempo de eso… bueno, sí, hace más de una década, pero el concepto de espacio ilimitado y gratuito es algo más reciente. Ya lo decía Chris Anderson en Free: La Ley de Moore no solo afecta a la potencia de los procesadores, también a la capacidad de almacenamiento y por eso nos encontramos en el punto donde estamos.

¿En que afecta eso al periodismo o a los medios de comunicación? En mi opinión, en que todavía actúan en la red como si hubiese limitación de espacio. Los textos siguen siendo cortos y pensados para una página de periódico, aunque hay excepciones, y los vídeos no pasan de dos minutos para no cansar al espectador; solo la radio se salta esa norma y es gracias al formato podcast, del que tendría que aprender la televisión. Pero ya no existen limitaciones de espacio así que podemos saltarnos todas las convenciones. Los reportajes pueden ser tan largos o tan cortos como sea preciso y los vídeos pueden ser auténticas películas documentales de hora y media si es necesario. Si tu audiencia no tiene límites, tampoco debes ponerlos tu.

 

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Los medios deben convertirse en plataformas

En la economía de los átomos, es muy díficil vender menos cantidad por más dinero; lo normal es vender más por más o incluso menos por menos, y en muy raras ocasiones interesa vender más por menos. En la economía de los bits, la situación es muy diferente. Sigue siendo igual de difícil, o incluso más, vender menos por más dinero, porque la oferta supera con mucho a la demanda, especialmente en lo que a información se refiere. El vender más por más o menos por menos son estrategias que pueden ayudarte a mantenerte a flote, pero mientras la oferta supere a la demanda, tu producto tiene que ser realmente bueno o único. Y finalmente, es en la economía de los bits donde la estrategia de vender más por menos tiene sentido, pues el único coste fijo es el coste de creación; todas las copias que vendas posteriormente tienen el mismo coste de replicación: cero, o una cantidad tan cercana a cero que compensa redondear hacia abajo.

Los medios de comunicación españoles van a poner en marcha sus muros de pago después del verano, y habrá que ver cuál es la estrategia que eligen. Quieren vender lo mismo por más dinero, algo que no entra dentro de los procesos que hemos visto y que en la economía de los átomos sería impensable, a no ser que tengas un producto excepcional. En la economía de los bits, ocurre lo mismo; ninguno de los productos que ofrecen los medios supone una propuesta de valor añadido de suficiente entidad como para pagar por ella. Publicar en internet requiere pensar en tu audiencia de una manera diferente, porque ahora la audiencia dispone de toda la información imaginable. Como los medios de comunicación ya no son los proveedores únicos de información, mucha de esa información es gratuita, así que la mayor parte de las noticias se han convertido en una commodity, un producto básico por el que nadie pagará precios de artículo de lujo.

Henry Ford ya lo dijo hace más de cien años: “Si hubiera preguntado a mis clientes que necesitaban, me habrían dicho que un caballo mejor”. No basta con poner el periódico de siempre en internet; hay que ser más inventivos y pensar en modelos y formatos que todavía no existen. O incluso copiar modelos de éxito de otros campos, como Facebook, Linkedin, Twitter o Whatsapp. ¿Qué tienen en común todas estas plataformas? Para empezar son eso, plataformas en las que son los usuarios los que producen el contenido y lo comparten entre ellos, sin intermediarios ni filtros. De esa ingente cantidad de contenido a la que ofrecen un canal de difusión, consiguen un valor que es el que luego utilizan para conseguir financiación, aunque aún no tengan modelo de negocio. Y solo cuando ya tienen un modelo de negocio apuntalado es cuando pueden empezar a generar ingresos cobrando a sus usuarios, bien en forma de inserciones publicitarias, planes de suscripción o servicios premium.

El problema de los medios es que pensar en usar el modelo de negocio que tienes en la economía de los átomos y pasarlo tal cual a la economía de los bits no va a funcionar. O cambias y adaptas el modelo a la nueva realidad en la que te mueves, o más pronto que tarde te vas a estrellar. Y si no, al tiempo.

 

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Kindle DX, un gadget adelantado a su tiempo

Kindle DXCuando veo en Techcrunch que Amazon vuelve a poner a la venta el Kindle DX me invade un poco la nostalgia. Fue el primer e-reader que adquirí hace casi tres años y aunque después han venido otros, no hay nada como el primero, y más un aparato tan especial como el Kindle DX, un auténtico adelantado a su tiempo.

Antes de que el iPad creara el mercado de las tablets -porque reconozcámoslo, antes del iPad no existía-, el Kindle DX fue un pionero en los dispositivos de gran tamaño. Su pantalla de tinta electrónica de 9,7 pulgadas hacía posible, además de disfrutar de la lectura de e-books a lo grande, poder leer cualquier tipo de PDF, algo que echo mucho de menos en mi actual Kindle Paperwhite. Sí, era menos portátil pero era mucho más versátil que los lectores de 6 pulgadas y contaba con características exclusivas como el 3G gratuito para navegar por la tienda de Amazon, algo que fue revolucionario en su momento.

Con mi e-reader actual puedo leer libros mucho más cómodamente, pero es una pena que no pueda leer archivos PDF de gran formato, como los Nieman Reports. Es cierto que puedo usar la tablet para ello o leerlos en el PC, pero no es lo mismo que cargarlos en mi Kindle para leer cuando me apetezca. Creo que Amazon está desaprovechando un nicho de mercado, el de aquellos que queremos un lector de tinta electrónica con una pantalla grande. Así que si algún directivo de Amazon me lee, déjeme decirle que si sacan un Kindle DX Paperwhite, táctil, con luz incorporada y una pantalla de nueve pulgadas, ya tienen vendido uno incluso antes de que se fabrique. Y creo que no sería el único.

 
A game of thrones - Juego de tronos

 

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George Lucas y Steven Spielberg predicen la implosión de Hollywood

George Lucas y Steven Spielberg

George Lucas y Steven Spielberg no son sospechosos de estar en contra de la industria del cine; responsables de sagas como Star Wars o Indiana Jones, podría incluso decirse que son el paradigma del director de éxito, cuyo solo nombre ya es una garantía en taquilla. Por eso cuando ambos predicen una implosión del cine de Hollywood causada por las TIC , hay que escucharles.

 

 

El motivo para ese derrotismo no puede ser más lógico y evidente. El cine compite con todo el contenido y opciones que ofrece la red, y eso incluye plataformas como Netflix, Hulu o incluso Youtube; además, ha de competir con otras formas de ocio digital como son los videojuegos, una industria que mueve mucho más dinero que la del cine. El cine ha perdido la posición de privilegio que tuvo durante el siglo pasado, como el medio de comunicación de masas más espectacular, el único que podía ofrecer sensaciones imposibles de encontrar en otro lugar. Hoy, todo eso ha cambiado.

Tal y como indican Lucas y Spielberg, en el futuro puede que nos encontremos con que cueste 50 euros o más ir al cine, o que haya películas más baratas que otras en función de sus expectativas en taquilla. El cine permanecerá y seguirá habiendo blockbusters capaces de generar más de mil millones en taquilla, pero cada vez serán menos y la “clase media” de las películas irá desapareciendo, quedándonos con los grandes éxitos por un lado y los fracasos en taquilla, por otro. Todas esas otras películas pasarán directamente a consumirse en televisión o internet, y a estar disponible para su consumo futuro en una economía de larga cola. Al igual que ocurre con la prensa, el cine es un medio de comunicación de masas que ha perdido su razón de ser en esta era de hiperconectividad a todos los niveles y que tiene que reinventarse.

Fíjaos que en ningún momento hablan de piratería como la causa de sus males. Algunos cineastas están viendo las orejas al lobo, veremos si la industria del cine en su conjunto puede mostrar la misma clarividencia.

Visto en Error 500

 

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¿Por qué debería aprender a programar un periodista?

¿Estarías dispuesto a aprender a programar? Si plantease esa pregunta a los periodistas que conozco, creo que por lo menos el 99% me mirarían con cara de pocos amigos. “Yo soy de letras”, “Ya he estudiado una carrera, no necesito otra”, “Para eso están los programadores”… son solo algunas de las posibles excusas que no dudo que me encontraría. Pero no hay excusa que valga. Estamos ante la mayor crisis de la historia del periodismo, una auténtica revolución sistémica que se está produciendo mientras lees este post y que no tiene vuelta atrás. No te engañes, cuando la crisis económica pase, la crisis de los medios de comunicación seguirá, puesto que está vinculada a la desaparición de la anomalía que son los medios de comunicación de masas, entre otros motivos. En ese escenario, la polivalencia va a ser una característica muy demandada y aprender a programar puede serte de mucha ayuda.

  • Tienes que ser capaz de moverte en el entorno tecnológico con cierta soltura. Nadie pide que seas un programador experto capaz de crear una aplicación de la nada, pero sí que sepas distinguir entre HTML y Javascript, por ejemplo. Conocer de programación no será imprescindible para que hagas tu trabajo, pero sí te ayudará a hacerlo mejor.
  • El periodismo futuro será online. Creo que nadie va a negarme que el periodismo del futuro se producirá por y para la red, y saber programar te permitirá aprovechar al máximo todas las posibilidades. ¿Conoces Snow Fall? Estoy seguro de que dentro de unos años esos reportajes serán muy comunes y el periodista que pueda crearlo en su integridad será el profesional más valorado.
  • Te permitira mejorar tus proyectos y crear otros nuevos. Algo tan simple como saber modificar los archivos PHP de una plantilla de WordPress te permitirá poder adaptar algo genérico a tus necesidades específicas. Tú eres el periodista y sabes lo que necesitas, puedes aprender a hacerlo tú mismo si entra dentro de tus posibilidades o verte obligado a contratar a alguien. Tú eliges.
  • No necesitas invertir dinero, tan solo dedicación. Hay muchos recursos gratuitos en la red con los que puedes aprender a programar sin gastar un solo euro. Codecademy es quizás el más conocido, pero también tienes Code Avengers, Coursera o Code School. Puedes adquirir las nociones básicas de programación y codificación gratuitamente, lo único que necesitas es empeño.
  • Puede ayudarte a conseguir o conversar tu trabajo. Aprender a programar te permitirá poder explotar las posibilidades de la red, porque sabes qué es lo que hay detrás; además, en un entorno tan competitivo como el periodismo, toda ventaja es poca si quieres crear tu público. Recuerda que no hay nada peor que la indiferencia.

 

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¿Son los medios de comunicación de masas una anomalía?

¿Es posible que los medios de comunicación de masas sean una anomalía? Esta idea que leí el otro día en Paidcontent me parece bastante acertada y explica por qué están triunfando tanto las redes sociales, por qué los medios tradicionales tienen cada vez más difícil mantenerse en una sociedad hiperconectada y por qué el contenido generado por los usuarios es el más demandado por los propios usuarios.

Esa idea parte de un estudio de Lee Humphreys, profesora de la Universidad de Cornell, que afirma que, a través de herramientas como los diarios, hemos estado narrando nuestra actividad diaria y reflexionando sobre ella desde mucho antes de que existieran Twitter o Facebook. Al investigar sobre el tema, Humphreys encontró que no fue hasta el siglo XX que los diarios comenzaron a considerarse algo privado. Durante el siglo XIX, descubrió que era habitual que amigos y conocidos se reunieran e intercambiaran sus diarios para leerlos, como una forma de ponerse al día y compartir sus experiencias.

¿Suena familiar? Es lo mismo que hacen millones de personas en las redes sociales todos los días.

Los medios de comunicación de masas son un producto de su época. En el siglo pasado, era mucho más sencillo y viable económicamente llegar a millones de personas con un único producto, bien fuesen películas, programas de radio o televisión, o el periódico del día. Los avances en la tecnología han destrozado literalmente esa premisa. El producto final de todos los medios de comunicación de masas puede trasladarse tal cual a la economía de los bits y ahí el coste de llegar a mil personas o a un millón es exactamente el mismo. Con la particularidad de que es bastante próximo a cero, por cierto.

De ahí la pregunta que encabeza este post y de la que pienso que la respuesta es clara. Los medios de comunicación de masas son tan característicos de su tiempo que creo que son una anomalia histórica, un paréntesis incluso. Antes de ellos, la comunicación era más social y solo se limitaba por cuestiones geográficas. Los medios de comunicación de masas eliminaron esa limitación y, de repente, crearon una masa de receptores que solemos denominar público. Durante décadas, el público consumió los contenidos ofrecidos por los mass media ante la falta de alternativas. Ahora, las TIC hacen que el público les dé la espalda y vuelva a usar medios más sociales, en las que ya no hay límites geográficos. Y los medios de comunicación de masas se encuentran con que esas masas cada vez son menores, deben competir con otros actores que juegan con otras reglas y el monopolio del que disfrutaron el siglo pasado ha desaparecido.

Y por eso, sostengo que los medios de comunicación de masas son una anomalía. Quedarán grandes éxitos y bestsellers, pero el futuro de los medios ya no está en las masas, está en la larga cola.

 

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