La mínima unidad informativa y el umbral de saciedad

Después de leer a Jeff Jarvis y su post Past the page me he quedado pensando en cuál es la mínima unidad informativa. Jarvis sostiene en su texto que los modernos sistemas de búsqueda por voz modifican por completo la actual estructura en la que esa unidad es la página. Los medios de comunicación han pasado de vender al público paquetes de información -periódicos, boletines de radio, informativos de televisión- a intentar que accedan a una página, cualquier página, y que de ahí pasen a otra, permaneciendo en la web el tiempo suficiente para justificar las tarifas que cobran a los anunciantes. Pero al igual que la red ha dinamitado el modelo del paquete de información, la búsqueda por voz dinamita el de la página como unidad informativa. Para Jarvis, la posibilidad de conocer, por ejemplo, el resultado del partido de ayer a través de estos sistemas supone una pérdida para los medios de comunicación, cuyo valor de cara al usuario cada vez se reduce más. Creo que es un poco exagerado, pero no le falta parte de razón. Eliminado el paquete y eliminada la página, ¿qué unidad informativa mínima nos queda?

Pensemos fríamente. Usamos los medios de comunicación para estar informados, pero en muchos casos es por pura inercia, ya que estamos acostumbrados y condicionados a informarnos a través de ellos, después de más de un siglo de medios de comunicación de masas. Hoy en día, se puede estar informado sin necesidad de recurrir a los medios de comunicación tradicionales, y esto es así porque la unidad mínima informativa es cada vez menor. Lo dije hace año y medio: “Antes, para estar “informado”, había que consumir un producto informativo cerrado y delimitado en espacio y tiempo, léase telediario, periódico o boletín radiofónico. Hoy, cualquier persona que desee estar informada sólo ha de elegir con cuidado las fuentes de su dieta informativa y lo estará dónde y cuándo desee, sin necesidad de señales horarias o primeras ediciones”. El paquete informativo ya ha perdido su sentido. ¿Qué unidad nos queda que sea inferior?

[pullquote]El umbral de saciedad informativa marca el punto a partir del cual uno puede considerarse informado y es siempre una consideración subjetiva de cada uno[/pullquote]

Esa unidad sería la página, la noticia singular que consultamos en un momento dado. Pero si aceptamos la tesis de Jarvis de que la página pierde su valor, ¿cuál es la siguiente unidad informativa? El titular. Es algo lógico que el titular sea la mínima expresión a la que puede reducirse una noticia, ya que de siempre ha sido el resumen máximo de la misma. Por tanto, a nadie debe sorprender que sea la mínima unidad informativa, pero quizás sí cuando diga que se puede estar informado a través de titulares.

Puede que esto resulte una aberración para muchos, pero permitid que intente explicarme, porque cuanto más lo pienso, más sentido tiene. Partimos de un hecho conocido como es la sobreabundancia de información, tantas veces tratada en el blog. Esa sobreabundancia hace que tengamos acceso a la información a través de múltiples canales, uno de los cuales son los medios de comunicación, pero no el único. En nuestro quehacer diario, estamos expuestos a todos esos canales y cada uno de nosotros elige a través de cuál de ellos se informa y en qué cantidad; esto es, sacia su necesidad de información. Antes, cuando había pocos canales, el umbral de saciedad informativa -si lo podemos denominar así- se alcanzaba con pocas fuentes de información, que estaban muy aprovechadas; hoy, cuantas más fuentes incorporamos a nuestra dieta informativa, menos podemos aprovechar cada una de ellas individualmente antes de llegar a ese “umbral de saciedad” en el que nos consideramos informados. En otras palabras, consumir un poco de varias fuentes de información es como consumir mucho de pocas fuentes.

[pullquote]Seleccionando bien las fuentes de información, uno puede estar informado sobre un asunto determinado a base de titulares y enlaces[/pullquote]

Si aceptamos ese hecho, entonces podemos estar informados a través de titulares. Twitter es un ejemplo claro de cómo se puede uno informar a través de titulares: si tienes bien seleccionadas las cuentas que sigues, con los tuits y enlaces que publiquen, puedes estar perfectamente informado sobre un asunto determinado. O si lo prefieres, haz un experimento. Accede a la página principal del medio que prefieras y lee los titulares. ¿En cuántos de ellos quieres ampliar la noticia? Repite la misma operación en otro medio y luego en otro, y si quieres en otro más. A medida que vas sumando medios y titulares consultados, el número de titulares que querrás ampliar irá descendiendo, hasta que alcances ese umbral de saciedad del que hablaba anteriormente. Puedes hacerlo igual con periódicos impresos, el resultado será el mismo. Si eres un ávido consumidor de información -tienes un umbral alto-, llega un momento en el que los titulares te bastan y te vuelves más selectivo con aquellos en los que quieres ampliar información. Si no eres un gran consumidor de información, con más razón te bastarán unos titulares para considerarte informado.

Porque la clave final de todo esto está en que es el usuario el que decide, partiendo de la unidad mínima de información. Conociendo los titulares, mi propio criterio informativo es el que me dirá si quiero ampliar la noticia o no; no es necesario que me lo diga el periodista, que puede tener unos criterios muy diferentes de los mios. Este cambio de foco en el que la audiencia gana poder de elección es una de las características del cambio de paradigma en que nos encontramos, y ha motivado una trivialización de la información para poder llegar al mayor número posible de personas, de la que hablaremos en el próximo post. ¿Es la audiencia la que demanda información basura o la audiencia traga información basura por que no tiene otra opción?

 

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La apatía y la negación de la realidad no salvarán a los periódicos

Menuda la que se ha liado con la intervención de Pedro J. Ramírez en la Conferencia de la Asociación de Editores de Diarios Españoles celebrada el pasado lunes. El director del diario El Mundo se despachó a gusto, acusando a la Asociación de no buscar soluciones para los problemas del sector e incluso de ser un “factor retardatorio” para los periódicos españoles. ¿Qué ha ocurrido para que Pedro J. haya hecho estas declaraciones?

La situación de los periódicos españoles no es buena, eso es algo que todos los actores del sector reconocen. El propio Libro Blanco de la Prensa Diaria de este año habla de pérdidas operativas de 95 millones de euros y una caída en la publicidad del 17%, con lo que el pastel publicitario para la prensa es hoy poco más de una cuarta parte de lo que fue hace seis años. No hay industria que pueda soportar un descenso de casi el 75% en su principal fuente de financiación y es esa situación desesperada la que hace que surjan voces discordantes en un gremio que, a pesar de sus diferencias, solía estar bastante unido.

Lo cierto es que Pedro J. tiene toda la razón en sus afirmaciones. Antes de su intervención, habían hablado los directores de La Razón, ABC y el Diario de Navarra, destacando la importancia del soporte papel y su preeminencia frente al digital. Es como si después de varios años de crisis, de descensos continuados en las ventas de periódicos, de caídas de dos cifras en la inversión publicitaria y de migración del público al entorno digital, estos directores estuvieran todavía en la primera fase del duelo: la negación. Y negar la realidad no es una estrategia empresarial.

En cambio, el director de El Mundo sí parece que ha comprendido la realidad de la situación y está dispuesto a tomar cartas en el asunto. El cambio de piel de El Mundo es su apuesta para poder continuar siendo uno de los diarios más importantes de España, basándose en un muro de pago poroso, aplicaciones dedicadas para acceder a las noticias y nuevos modos de cobro a sus lectores. No parece que le esté yendo muy mal cuando prevé llegar a los 100.000 suscriptores en este trimestre, aunque todavía recuerdo cuando habló de que cerraría 2012 con esa misma cifra. Hay que ser prudentes en las estimaciones, pero lo que no podemos negar es que, a día de hoy, solo El Mundo ha apostado por algo diferente a mantener el status quo.

No existe una solución clara a la crisis a la que se enfrentan los periódicos, un problema en el que influyen muchos factores. Lo único seguro es que no hacer nada o aguantar hasta que lleguen tiempos mejores es la mejor receta para el desastre. Adelgazar la estructura de los diarios y hacerla más eficiente, buscar fuentes de financiación alternativas y reconocer que la web debe tener más importancia que el papel en la estrategia del diario, como ha hecho el Financial Times, son los pasos más adecuados para garantizar que los periódicos sobrevivan a lo que Pedro J. califica como “terremoto dentro de un tsunami”. Un escenario crítico para el que hace falta decisión, porque incluso equivocándose se puede aprender de los errores, pero de la apatía y la negación de la realidad no se obtiene nada. Y el tiempo corre en contra de la prensa impresa.

 

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Por qué los periodistas deben aprender SEO

Livros de Redes Sociais, SEO e Web 2.0

Todo periodista debe respetar las reglas de la ortografía y la gramática, además de intentar incluir en la noticia todos los datos y elementos necesarios para que el lector pueda considerarse informado. Para ello, es bien conocida en la profesión la teoría de la pirámide invertida, en la que hay que empezar ofreciendo un resumen general para ir después entrando a los detalles. Pero en el siglo XXI nos hemos encontrado con un nuevo elemento que hay tener en cuenta para escribir: el SEO (Search Engine Optimization u optimización para motores de búsqueda). Detras de esas tres letras se encuentra una nueva filosofía que para muchos periodistas es una aberración  pero que, pese a quien pese, estamos obligados a entender.

Digo bien, todo periodista que vaya a escribir textos para internet está obligado a entender qué es el SEO y las técnicas básicas para que sus escritos puedan llegar al mayor número de personas, un objetivo que hoy sólo puede conseguirse con el apoyo de los motores de búsqueda, fundamentalmente Google. Negarse a ello es como seguir usando una grabadora de radiocasette frente a una grabadora digital; puedes hacer tu trabajo, sí, pero no serás tan rápido o tan eficiente como podrías ser. Y a quien piense que la rapidez o la eficiencia no son valores que debe cultivar un periodista, le recuerdo que mientras exista una cosa llamada hora de cierre, un periodista no puede permitirse el lujo de ser lento.

Por esas razones, afirmo que todos los periodistas tienen la obligación de saber de SEO. Otra cuestión es si decides usarlo o no. En el caso de EScomunicación, no siempre escribo con el SEO en mente, principalmente porque el crecimiento de visitas del blog es lento pero sostenido y porque soy más partidario de cimentarlo en base a la creación de contenidos que en su optimización de cara a Google. Puedo hacer esto porque EScomunicación no me da de comer, pero si fuese mi fuente de ingresos, tened por seguro que todos y cada uno de los textos estaría pensado, escrito y ejecutado como el SEO manda. Para la inmensa mayoría de periodistas que escriben para medios de comunicación, esto no es así y es su escritura lo que les da de comer, ¿entonces por qué no lo hacen?

Quizás sea porque todavía estamos en los primeros pasos del cambio de paradigma hacia lo digital, y cuesta mucho cambiar costumbres de décadas, aunque la realidad es que todo medio que quiera estar en internet debe conseguir visitas y para ello las técnicas de SEO son un requisito imprescindible. Las visitas pueden llegar por muchas vías, pero los buscadores son el origen de la inmensa mayoría de visitantes que llegarán a tu web. Escribir teniendo en cuanta cómo trabajan esos buscadores sólo puede beneficiarte.

Por eso, me ha gustado mucho el post de Silvia Cobo sobre el evento Analítica y SEO en Medios de comunicación. Creo que no hay ejemplo más claro para quienes piensan que el SEO no es tan vital como lo pintan que el caso de la muerte de Manolo Escobar y El Mundo. Cito: “Mientras las palabras claves que traían visitas eran las que hacían referencia a ‘muere Manolo Escobar’, el periodista de El Mundo decidió como homenaje al cantante titular: ‘España se queda sin Manolo’. Y como decía ayer el apesadumbrado SEO de El Mundo: ‘y quién se quedó sin visitas fui yo…’.No es ninguna tontería escribir tus textos en clave SEO, sobre todo cuando son los que te dan de comer.

 

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EGM 2013: La prensa escrita sigue cayendo

El último Estudio General de Medios de 2013 muestra que la penetración de la prensa escrita -diarios, suplementos y revistas- sigue descendiendo, al igual que otros medios. Son unas caídas mínimas que contrastan con el aumento de la penetración de internet, fundamentalmente gracias al auge de los smartphones como dispositivo primario de acceso a la red. Podéis consultar el resumen general en este enlace, o ver la presentación que os adjunto a continuación, realizada por Zenith.

 

 

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¿Debe el periodista hacer públicas sus opiniones? Debate entre Bill Keller y Glenn Greenwald

 

 

       VS

 

 

A través de la Asociación de la Prensa de Madrid, he llegado a este apasionante debate en el que el periodista del New York Times y antiguo director del diario Bill Keller desafía a Glenn Greenwald, el periodista que reveló las filtraciones de Edward Snowden, a un intercambio de ideas sobre el estado actual y el futuro de la profesión, abordando temas tan candentes como si los periodistas deben ser transparentes en sus ideas políticas o no es necesario que los lectores las conozcan. A continuación, os resumo lo más interesante, a mi juicio, de dicho debate.

Keller comienza señalando que ambos han llegado al periodismo desde diferentes tradiciones. Mientras que el antiguo director del NYT ha pasado su carrera trabajando en periódicos, primando un periodismo agresivo aunque imparcial en el que los periodistas debían guardar sus opiniones a no ser que trabajaran en las páginas de opinión, Greenwald proviene de una tradición más activista -primero como abogado, luego como bloguero y columnista y pronto en un nuevo medio financiado por el fundador de eBay-, y todo lo que escribe parte de un punto de vista determinado.

En este sentido, para Greenwald no hay duda de que los medios de comunicación establecidos, incluyendo por supuesto al New York Times, han realizado un periodismo excelente en las últimas décadas, pero que el modelo del periodista que obvia sus percepciones subjetivas, sus opiniones, también ha producido mucho periodismo de baja calidad y algunos hábitos perniciosos que debilitan a la profesión. Si un periodista tiene miedo de expresar cualquier opinión y se limita a sentencias declarativas tipo “X ha dicho Y” nunca encontraremos noticias que contengan frases como “X ha dicho Y y eso es falso”.

[pullquote]Keller no define su trabajo como periodista por decir a los lectores lo que él piensa, o lo que ellos deben pensar, sino por contar lo que los lectores necesitan saber para decidir por ellos mismos[/pullquote]

Pero más allá de este debate, Greenwald subraya que los únicos parámetros que deben importarnos a la hora de valorar el periodismo son la exactitud y la credibilidad. En su opinión, desvelar antes que ocultar los valores del periodista ayuda a un periodismo más honesto, pero ningún periodismo tiene auténtico valor si no descansa sobre los cimientos de los hechos, las pruebas y la verificación. Proclamar que periodistas que muestran sus valores no pueden hacer buen periodismo es tan poco válido como decir que los periodistas que no lo hacen tampoco pueden. A priori, las opiniones de un periodista no tienen que influir en la calidad de su trabajo periodístico.

Ante esto, Bill Keller subraya que, si bien ahora trabaja en la sección de opinión, cuando era director del NYT y periodista de calle, por decirlo de alguna manera, no definía su trabajo por decir a los lectores lo que él pensaba, o lo que ellos debían pensar, sino por contar lo que los lectores necesitan saber para decidir por ellos mismos. También denuncia el simplismo al afirmar que si un periodista, por ejemplo, no usa la palabra “tortura” en una información, está fallando un test de valor o encubriendo algo.

Greenwald contesta que ocultar la posición ideológica del periodista le da más “manga ancha” para manipular su trabajo porque el lector no conoce esa posición y por tanto no puede tenerla en cuenta a la hora de formar su opinión. El periodismo debe informar al público de hechos ciertos y vitales, y tiene la capacidad única de ser un contrapeso del poder, y para él cualquier regla no escrita que interfiera con esos dos aspectos debe ser descartada.

[pullquote]Greenwald destaca que su visión del periodismo requiere tanto de ecuanimidad como de respeto a los hechos, y piensa que eso se consigue mejor siendo honesto acerca de las opiniones del periodista[/pullquote]

Keller introduce otro debate cuando cita una entrevista a Greenwald en la que éste se refiere a que la cobertura de asuntos gubernamentales o de otras grandes instituciones va a cambiar por la omnipresencia del contenido digital, que hace posible que personas como Edward Snowden o Bradley Manning hayan dado pie a las noticias más importantes de los últimos años. Para Keller, no basta solo con eso, también hay que estar dispuesta a arriesgarlo todo. Las mismas herramientas digitales que hacen tan sencillas las filtraciones también hacen muy difícil evitar ser pillado. Por eso, sostiene, sigue teniendo gran importancia el periodismo de investigación que cultiva fuentes durante meses o años frente a personas singulares que deciden confiar a un periodista o un medio la información confidencial a la que tienen acceso.

Glenn Greenwald asegura a su vez que, junto a nuevas tecnologías que mejoren la privacidad, valientes como Manning y Snowden son cruciales para arrojar luz sobre algunos asuntos oscuros. No debería requerir un gran valor o sacrificio desvelar actos ilícitos del gobierno hechos en medio del secreto, pero es así. Y para Greenwald eso es un inmenso problema de la democracia, uno para el que todos los periodistas deberían estar unidos y luchar.

Volviendo al tema de la imparcialidad, Keller destaca que es una aspiración legítima del periodismo, hoy más que nunca, pues vivimos en un mundo en el que el público tiende a prestar atención a los medios afines a su opinión. Es muy fácil sentirse informado leyendo y escuchando a los medios de «tu cuerda» y no encontrar nunca informaciones que desafíen tus puntos de vista y tus prejuicios.

Greenwald termina el debate destacando que su visión del periodismo requiere tanto de ecuanimidad como de respeto a los hechos, y que piensa que eso se consigue mejor conociendo las opiniones del periodista, en vez de usar un punto de vista desde ningún sitio que implica falsamente que los periodistas están por encima de los puntos de vista normales.

Este es un pequeño resumen del debate, que puedes encontrar íntegramente en su versión original en inglés aquí. Hay muchos más asuntos que han tratado en el debate original, y os animo a que lo leáis, pues aborda cuestiones que están en la misma raíz del periodismo y que son vitales para su futuro.

Fotografías: Wikipedia

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¿Puede el diseño salvar a la prensa?

Ésa es la pregunta que se hace Jacek Utko, diseñador polaco que ofreció esta charla en TED en febrero de 2009. Aunque han pasado varios años desde la misma y la situación ha cambiado bastante, sigue siendo igualmente válida y muestra la importancia de un buen diseño, que puede transformar por completo la percepción del lector. De hecho, el diseño es más importante que nunca para un medio de comunicación, porque debe ser coherente a través de múltiples soportes y explotar las posibilidades que le ofrece cada uno de ellos. Cuando la oferta informativa es tan amplia, hay que atraer al lector desde el primer vistazo y ofrecer un continente tanto o más atractivo que el contenido. Por eso, la labor del diseñador es una de las más importantes en un medio; como dice Utko: «El diseño puede cambiar todo en tu empresa, incluso puede cambiarte a ti«.

 

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La credibilidad de los medios no depende del soporte

Ante la pregunta de mi amigo Alberto el pasado lunes en Facebook, mi primera reacción fue pensar en que ya existen medios online con credibilidad contrastada como Politico, que ha llegado a ganar un Pulitzer, al igual que el Huffington Post. La situación en España no es absoluto comparable, ya que en este tema estamos años por detrás de Estados Unidos y el fenómeno de los confidenciales que se dio en nuestro país merece capítulo aparte. Pero cuanto más pensaba en el tema, más me daba cuenta de que estaríamos perpetuando una división que no tiene sentido: no existen medios en internet y medios fuera de internet igual que no existen medios en la televisión y medios fuera de la televisión. Son solo soportes y la credibilidad de un medio de comunicación no depende del soporte, ni tampoco le viene otorgada por éste, aunque muchos aún piensen así.

Es algo tan obvio que hasta podemos pasarlo por alto. El prestigio y credibilidad de cualquier medio de comunicación es fruto del trabajo de sus profesionales a lo largo del tiempo y eso no tiene nada que ver con el canal o soporte por el que difunden sus informaciones. A su vez, el alcance y repercusión del medio de comunicación se verá aumentado en proporción directa a su prestigio. Tomemos el caso de los papeles de Bárcenas. ¿Habrían tenido la misma repercusión si hubieran sido publicados en otro medio de comunicación? Cuando El País publicó los papeles, tuvo un eco tremendo en todos los medios de comunicación de España y muchos en el extranjero. Ese eco es fruto en primer lugar de la credibilidad obtenida por El País en casi cuarenta años de periodismo y en segundo lugar, del alcance y difusión que le concede esa credibilidad. Si hubiesen sido publicados por otro medio de comunicación, los resultados habrían sido distintos.

Usemos la división artificial de “medios de internet” e imaginemos que hubiera pasado si los papeles hubieran salido a la luz en cualquiera de los varios medios nativos digitales de España, como Vozpopuli o Infolibre. El alcance bien podría ser el mismo, ya que los mayores consumidores de medios de comunicación son los propios periodistas y muchos no dudarían en hacerse eco de la noticia. Pero no todos lo harían, pues los mayores perpetuadores de la división artificial entre medios de internet y medios fuera de internet son los propios medios de comunicación. Si Vozpopuli hubiera publicado los papeles de Bárcenas, tengo serias dudas de que El País o El Mundo lo recogieran en su edición del día siguiente. A la tradicional rivalidad entre medios de comunicación hay que sumar que todavía no conceden a los medios de internet la credibilidad necesaria. A no ser que sea una noticia de gran alcance, pocos periódicos se hacen eco de las exclusivas de otros, con lo que aún menos lo harían de un medio digital.

En resumen, y para contestar a Alberto, todavía queda camino para que los medios de comunicación digitales obtengan la credibilidad de los medios convencionales, primero porque los medios tradicionales deben superar esa reticencia a considerar a los digitales como iguales, y segundo y muy especialmente porque tienen que trabajársela a golpe de exclusiva y trabajo periodístico. Al final, es por su trabajo por lo que se les va a juzgar y es por ello que la credibilidad de los medios no depende del soporte, aunque muchos todavía piensen así.

 

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Seis motivos para que los periodistas pierdan el miedo a programar

Coding

No es la primera vez que trato en EScomunicación sobre los periodistas y la programación; en mayo pasado ya hablé sobre este tema, que en el mundillo del periodismo hispanoamericano parece que no tiene el mismo alcance que en el periodismo anglosajón, donde cada cierto tiempo resurge el tema, con sus defensores y detractores. Más allá de repetir los argumentos que usé en su momento, me gustaría destacar los seis puntos que ha usado recientemente Paul Bradshaw en Online Journalism Blog para demostrar que aprender a programar, en el sentido de conocer los fundamentos del código, es esencial para los periodistas en la era de internet.

  • Afecta directamente a la información a la que puedes acceder. Si saber cómo usar las funciones avanzadas de búsqueda de Google puede marcar la diferencia a la hora de encontrar información en la red, imagina qué podrías conseguir si añadimos el aprendizaje de otros conceptos como una API o la red profunda.
  • Afecta a cómo puedes filtrar y procesar toda la información que te llega, una habilidad inapreciable ante la sobreabundancia de información en la que vivimos. Hace poco hablé de ello y cómo organizar y gestionar tus fuentes de información, pero si además de saber usar esas herramientas puedes añadir códigos personalizados a tus necesidades, nunca te verás afectado por una sobrecarga informativa.
  • Afecta a tu capacidad de verificar fuentes y documentos. Saber cómo conseguir los metadatos de un documento de Office, un PDF o una imagen puede ser la clave para detectar una falsificación y saber cómo conseguir el Whois o verificar la caché de un sitio web pueda darte información muy valiosa sobre los propietarios de ese sitio.
  • Afecta a cómo puedes proteger tus fuentes. Para todo periodista, proteger la identidad de una fuente es esencial y hay ocasiones en las que solo se habla con esas fuentes mediante correos electrónicos, por lo que saber cómo navegar de forma anónima, cómo usar clientes seguros de mensajería instantánea o los fundamentos de la encriptación de e-mails es un conocimiento cada día más necesario.
  • Afecta a tu habilidad para aprovechar el conocimiento de los usuarios. En el año 2009, el periódico The Guardian pidió ayuda a sus lectores para examinar los 700.000 documentos sobre gastos de los miembros del Parlamento Británico, permitiendo que cualquier ciudadano pudiera examinar esos archivos, anotarlos y comentarlos. No todos los periodistas se verán en esa tesitura y normalmente podrán hacer su trabajo solos, pero nunca hay que olvidar que siempre hay alguien que sabe más que tú; aprovechar su conocimiento solo puede beneficiarte y para ello necesitas saber cómo y qué herramientas debes desarrollar.
  • Finalmente, afecta a cómo puedes conseguir que los usuarios se involucren. ProPublica tiene en su web una base de datos en la que se puede comparar diferentes escuelas e institutos de todo Estados Unidos. Cualquier usuario puede buscar la escuela a la que va su hijo y compararla con el resto de las de la ciudad, o incluso del estado, para comprobar las diferencias entre las mismas: cuál tiene el profesorado más experto, dónde hay más becas de comedor, etc… Una herramienta como esta es un gran ejemplo de servicio público y para ello también hay que saber cómo desarrollarla.

Todas estas razones son más que suficientes para perder el miedo al código. No tienes por qué tener el nivel de un programador, porque como periodista no es tu trabajo; pero sí te ayudará mucho tener las nociones necesarias para saber qué puedes pedir y qué se puede conseguir a partir de la información que obtienes. Además, gracias a ese conocimiento, podrás obtener más y mejores informaciones. En la licenciatura de periodismo, al menos cuando yo la estudié hace unos cuantos años, hay asignaturas como Principios de economía o Introducción a las ciencias jurídicas; ya es el momento de que haya una o más asignaturas dedicadas a conocer fundamentos de programación y todas las herramientas que hay en la red. Parafraseando a Woody Allen, es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestra vida.

 

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El periodista debe velar por su propia carrera

La situación actual de los medios de comunicación es muy complicada, como saben todos los lectores de EScomunicación, y afecta directamente al futuro de la profesión periodística. Cuando la mayor parte de las empresas periodísticas están en números rojos, ¿qué ocurre con los periodistas? ¿Cómo debe cobrar un periodista? La respuesta es sencilla: con dinero. Una vez señalada la obviedad viene la parte más complicada de la ecuación: ¿De dónde sacamos el dinero para pagar a los periodistas si las empresas acumulan años seguidos de pérdidas? Quizás el único aspecto positivo de la crisis económica es que ha hecho que muchos seamos conscientes de que jubilarse en la misma empresa donde has desarrollado toda tu carrera profesional es algo que ya solo ocurrirá en casos muy excepcionales.

El mercado se ha vuelto más volatil, porque pocas empresas pueden garantizar un empleo durante la vida útil del trabajador, y en el caso de los periodistas menos aún. Es por ello que el periodista del siglo XXI, al igual que cualquier otro profesional, debe velar por su propia carrera. Tiene que ocuparse de su formación, de que ésta sea continua, y de mantenerse al tanto de los últimos avances en su profesión. Ya no basta con seguir haciendo lo mismo que hace diez años y hoy un periodista debe saber muchas más cosas que solo escribir o locutar una noticia.

Hablando el otro día con una compañera de profesión, me comentaba que estos meses de noviembre y diciembre van a ser matadores, trabajando para una cadena de televisión los fines de semana, con una productora de martes a jueves y con otra el resto de días. Además de ser un ejemplo de amor a la profesión y ganas de trabajar, su caso es un ejemplo de cómo muchos periodistas del siglo XXI van a ganarse la vida, a través de muchas colaboraciones con diferentes medios, diversificando los riesgos. El vincularse a una empresa da estabilidad y seguridad económica, pero ese vínculo es también una cadena que te ata, y cuando la empresa va mal, a ti te va mal y si desaparece, tú lo haces con ella.

Por eso, todo periodista debe pensar siempre a medio y largo plazo en cada decisión que tome en su profesión. Aprender a hacer una instalación de WordPress puede que te parezca que no tiene utilidad ahora, pero si el día de mañana debes hacerte trabajador autónomo y quieres vender tus servicios, puede ser la clave para pasar de simplemente “periodista” a “creador de sitios web”. Saber usar todas las capacidades de tu smartphone puede salvarte el pellejo (profesionalmente hablando) cuando no tienes los recursos de un gran medio de comunicación a tu alcance. O simplemente conocer como funciona el proceso legislativo del Congreso de los Diputados puede ayudarte a ver la noticia antes que nadie. Todo aprendizaje es bueno, y debe ayudarte a conseguir tu objetivo. ¿Quieres ser fichado por una gran cadena? ¿Quieres mantenerte en tu puesto? ¿Quieres independizarte de los medios y ser un profesional autónomo? Piénsalo y enfoca las decisiones de tu carrera hacia ese objetivo. Nadie va a ayudarte mejor que tú mismo.

 

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Causas y consecuencias de la pérdida de valor de la información periodística

Uno de los fenómenos por los que la industria del periodismo se encuentra en su actual crisis es por la pérdida de valor de la información periodística. Ya hemos hablado alguna vez de ello, por ejemplo aquí o aquí, y es que cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por las noticias, al menos en esta primera fase del cambio de paradigma hacia la red. Sobre este asunto, queremos destacar el excelente estudio publicado hace poco en ThinkEPI La pérdida de valor de la información periodística: causas y consecuencias, realizado por Andreu Casero-Ripollés, profesor titular del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Jaume I de Castellón, donde, además, es vicedecano y director de la titulación de Comunicación Audiovisual.

Entre las causas de la pérdida de valor de la información periodística, Casero-Ripollés destaca:

  • La enorme cantidad disponible de información en internet ha provocado una sobreabundancia de la misma y ello ha motivado un descenso en el nivel de exigencia del consumidor, llegando al extremo de que “la profundidad, la interpretación, el análisis o la calidad de la expresión lingüística se han convertido en aspectos secundarios para una parte de la audiencia”.
  • La pérdida de la credibilidad de los medios periodísticos convencionales, motivada principalmente por la mercantilización y politización de los medios. Los ciudadanos dejan de confiar en los medios convencionales y buscan alternativas en “los soportes digitales, el periodismo ciudadano y alternativo y los medios sociales”.
  • La ausencia de un modelo de negocio del periodismo digital en internet. Más de quince años después de que los primeros medios abrieran sus páginas web, todavía están buscando un modelo de negocio viable que les permita conseguir beneficios en cantidad suficiente para compensar las pérdidas del offline. Ese modelo viable tiene que contemplar cómo motivar a los lectores para que paguen, algo a lo que no están muy dispuestos, pues “la abundancia de información disponible en línea unida a la igualdad excesiva de oferta entre los diferentes medios agudiza esta escasa disposición al pago”.

Esa pérdida de valor de la información periodística trae consigo una serie de consecuencias:

  • Pérdida de calidad de la información periodística. Parece algo evidente que si juntamos un público poco exigente y puede que aún menos dispuesto a pagar por las noticias, la calidad de la información periodística se va a ver resentida, dando paso a “noticias de bajo coste, poco densas, insuficientemente relevantes y orientadas en términos comerciales”.
  • Fragilidad de las empresas periodísticas en términos de negocio. El “producto” ofrecido por las empresas periodísticas es la información periodística y cuando ese producto pierde valor, la sostenibilidad de la industria del periodismo está en duda, máxime cuando “la respuesta dada por las organizaciones mediáticas a esta situación de dificultad, centrada en la reducción de costes, lejos de ser una solución profundiza en esta debilitación”
  • Acentuación de la concentración de las audiencias en las marcas periodísticas más fuertes. Aquí, Casero-Ripollés nos explica la paradoja de que la sobreabundancia de información está favoreciendo la concentración de medios, antes que la diversificación, como parecería lógico. Esto es así porque, en última instancia, la marca sigue siendo muy importante y aquellos medios globales y con prestigio son los que siguen arrastrando a los lectores en detrimento de los medios pequeños, y este fenómeno pone en peligro la pluralidad informativa.
  • Debilitación de la profesión periodística. Ser periodista es hoy en día más complicado que nunca, tanto por la fuerte crisis del sector que está deteriorando las condiciones laborales de los periodistas profesionales como por “la proliferación de nuevos actores informativos en línea que amenaza el monopolio de los periodistas sobre las noticias”.
  • Abandono de algunas de las funciones sociales y democráticas del periodismo. Con el periodismo luchando por su supervivencia, es difícil que pueda cumplir con su función social. “Por lo tanto, la pérdida de valor de la información periodística no sólo conlleva efectos económicos sino también democráticos”, apunta Casero-Ripollés.

Un texto muy recomendable que puedes leer íntegro en este enlace.

 

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