La prensa y los intermediarios en internet

intermediarios en internet

Ayer leí este post de Ricardo Galli sobre el mito de los intermediarios en internet. En resumen, Galli expone que internet no ha eliminado los intermediarios, todo lo contrario; se han multiplicado los intermediarios, desde buscadores y tiendas online hasta redes sociales o reservas de viajes. Sin embargo, que haya más intermediarios en internet no implica que la comunicación sea más lenta. Esa intermediación múltiple hace posible una comunicación más eficiente y en tiempo real, aumentando la complejidad de nuestra sociedad, y eso conlleva que hagan falta más elementos que permitan la comunicación entre personas y entidades diversas y localizadas. “En cualquier sistema, mayor complejidad exige una mayor número de elementos de comunicación, procesamiento y control”, resume Galli.

Ese texto me ha llevado a reflexionar sobre cómo puede aplicarse esa teoría al ámbito de los medios de comunicación. No hace tanto, escribí un post sobre por qué desaparecen los intermediarios de la comunicación en el que señalaba que las tecnologías de la información y la comunicación han acortado la distancia entre emisor y receptor, eliminando a los intermediarios del proceso comunicativo. Podríamos entonces deducir que estamos sustituyendo unos intermediarios, los medios de comunicación, por otros, los intermediarios en internet, pero no es tan simple como eso. Los medios de comunicación han sido una industria muy poderosa, centrada en informar al público y vigilar a los distintos poderes de la sociedad, al menos en teoría. Los intermediarios en internet son tantos y tan diversos que no podemos asignarles una característica común, más allá de intermediar, pero esa intermediación sirve para conseguir una comunicación más directa, por paradójico que resulte.

Tomemos por caso el reciente golpe de estado en Egipto. Gracias a las tecnologías de la información y los nuevos intermediarios en internet, hemos podido seguir en tiempo real todo lo que ocurría en El Cairo y no me extrañaría que gente en occidente se haya enterado antes de que el Ejército había depuesto a Mohamed Mursi que algunos ciudadanos egipcios. En cambio, cuando Hosni Mubarak llegó al poder en 1981, la situación fue a la inversa: muchos occidentales ni siquiera se enterarían, frente al pueblo de Egipto al que la noticia llegó con mucha más rapidez.

Por tanto, y en lo que se refiere a los medios de comunicación, el aumento de intermediarios en internet ha hecho que el proceso comunicativo se acelere, porque cada capa de intermediación consigue acelerar el proceso. Podríamos llamarlo una intermediación suave, frente a la intermediación dura, personificada por los antiguos medios de comunicación, que ejercían una labor muy intensa de criba y filtro de la actualidad, ralentizando en muchas ocasiones el proceso. Es por eso que el público tiende a buscar cada vez más su información en aquellos intermediarios suaves, más rápidos y eficientes, dando de lado a los intermediarios duros, más lentos y poco operativos.

La cuestión es si los medios de comunicación podrán pasar de ser intermediarios duros a intermediarios suaves, y pasar de seleccionar y filtrar la actualidad a hacer que la información llegue cuanto antes a quien la demanda. Ahí está el reto para los medios de comunicación del futuro.

 

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En medio del gran cambio

Todavía nos encontramos en medio del gran cambio en los medios de comunicación. Cualquiera que piense que por tener éxito hoy tendrá éxito mañana es un idiota”

 

Jim Vandehei, Editor Ejecutivo de Politico, en una entrevista en Paidcontent mostrando que tiene las ideas muy claras.

 

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Las otras víctimas de la desaparición de la prensa

Leo en PRnoticias que hay 25.000 kioskos menos desde que comenzó la crisis y recuerdo este post, que escribí hace casi tres años, donde ya apuntaba que la transición digital iba a tener consecuencias nefastas en el nivel de los intermediarios. Las cifras de los kioskos muestran que la caída de la prensa no es algo que solo tenga consecuencias en la profesión periodística; hay varios negocios que dependen de las publicaciones impresas para sobrevivir y que se enfrentan a un futuro incierto.

Las empresas de distribución y reparto van a perder una parte muy importante de sus ingresos a medida que revistas y diarios disminuyan sus tiradas y, desgraciadamente, desaparezcan. Las imprentas dedicadas a publicaciones periódicas también tendrán que reconvertirse si quieren sobrevivir; en un futuro dominado por la impresión por demanda y la lectura en dispositivos portátiles, las grandes rotativas de antaño pierden toda su razón de ser. Y después está el tema de los kioskos.

Para muchas generaciones de españoles, el kiosko ha sido una constante en sus vidas, el espacio donde había un producto adecuado para cada edad: chicles y golosinas para los más pequeños, comics y revistas para los adolescentes y libros y periódicos para los adultos. Por supuesto, eso es una separación artificial pero el kiosko es algo tan cotidiano en nuestras mentes y nuestras calles que muchos barrios de nueva construcción no se han considerado completos hasta que no han tenido su propio kiosko. Hoy, ese modelo está al borde de la extinción y debe replantearse su futuro.

El kiosko tiene unas condiciones únicas y privilegiadas, situados en puntos estratégicos de gran afluencia. Para sostener esos negocios frente a la caída de ventas de las publicaciones periódicas, han de fomentar nuevas vías de ingreso. La venta al paso, por impulso, tiene que complementar a la venta fija diaria, al cliente de toda la vida. Y para ello, el kiosko debe aprovechar todas las vías a su alcance, imaginando nuevas formas de atraer al público. ¿Kioskos que ofrecen wifi gratis? ¿Poder pagar con tarjeta de crédito cuando compras el diario y tus revistas? ¿Servicio a domicilio y que lleven las publicaciones a tu casa? Es el momento de inventar el kiosko del futuro, porque el del presente tiene sus días contados.

 

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George Lucas y Steven Spielberg predicen la implosión de Hollywood

George Lucas y Steven Spielberg

George Lucas y Steven Spielberg no son sospechosos de estar en contra de la industria del cine; responsables de sagas como Star Wars o Indiana Jones, podría incluso decirse que son el paradigma del director de éxito, cuyo solo nombre ya es una garantía en taquilla. Por eso cuando ambos predicen una implosión del cine de Hollywood causada por las TIC , hay que escucharles.

 

 

El motivo para ese derrotismo no puede ser más lógico y evidente. El cine compite con todo el contenido y opciones que ofrece la red, y eso incluye plataformas como Netflix, Hulu o incluso Youtube; además, ha de competir con otras formas de ocio digital como son los videojuegos, una industria que mueve mucho más dinero que la del cine. El cine ha perdido la posición de privilegio que tuvo durante el siglo pasado, como el medio de comunicación de masas más espectacular, el único que podía ofrecer sensaciones imposibles de encontrar en otro lugar. Hoy, todo eso ha cambiado.

Tal y como indican Lucas y Spielberg, en el futuro puede que nos encontremos con que cueste 50 euros o más ir al cine, o que haya películas más baratas que otras en función de sus expectativas en taquilla. El cine permanecerá y seguirá habiendo blockbusters capaces de generar más de mil millones en taquilla, pero cada vez serán menos y la “clase media” de las películas irá desapareciendo, quedándonos con los grandes éxitos por un lado y los fracasos en taquilla, por otro. Todas esas otras películas pasarán directamente a consumirse en televisión o internet, y a estar disponible para su consumo futuro en una economía de larga cola. Al igual que ocurre con la prensa, el cine es un medio de comunicación de masas que ha perdido su razón de ser en esta era de hiperconectividad a todos los niveles y que tiene que reinventarse.

Fíjaos que en ningún momento hablan de piratería como la causa de sus males. Algunos cineastas están viendo las orejas al lobo, veremos si la industria del cine en su conjunto puede mostrar la misma clarividencia.

Visto en Error 500

 

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Si quieres triunfar, escribe

Durante estas dos últimas décadas, internet ha superado al teléfono como la mayor plataforma de comunicación del mundo, y escribir ha superado a hablar como la habilidad más importante en el mundo laboral moderno. Hagas lo que hagas en la nueva economía, tendrás que escribir. Y cuanto mejor escribas – cuanto más conciso y apropiado seas en el uso del lenguaje -, más destacarás. Por tanto, si quieres triunfar, escribe. Aprende a escribir y practica todos y cada uno de los días”

Farhad Manjoo, escribe en Slate, Fast Company, Pando Daily y el New York Times. La cita es de un post en Linkedin Today, dándome la razón sobre la necesidad de escribir bien.

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Nueve consejos para escribir bien

Cuanto más escribo, más me convenzo de la importancia de saber escribir bien. Tanto por mi profesión como por gusto, me paso escribiendo todo el día: para este blog, para el programa Saber Más en el que colaboro y para otros proyectos personales. La escritura me da de comer -y pretendo que siga haciéndolo durante mucho tiempo- por lo que siempre intento buscar maneras de mejorar y seguir aprendiendo. Como ya llevo un tiempo en ello, y pensando que pueden ser útiles para otras personas, aquí van nueve consejos para escribir bien.

  1. Para escribir bien no te basta solo con no tener faltas de ortografía, pero si tienes faltas de ortografía nunca vas a escribir bien. Es triste decirlo así, pero no hay otra. Una sola falta de ortografía puede manchar todo el texto que has escrito con tanto cuidado y, además, da muy mala imagen de ti. Si trabajas en comunicación o pretendes vivir de lo que escribes no tienes otra opción: aprende las reglas de ortografía y gramática y úsalas correctamente.
  2. Organiza tus ideas antes de escribir. Van a ser muy raras las ocasiones en las que te pongas ante el papel o la pantalla y no te quedes parado pensando cómo seguir. Antes de comenzar, piensa qué vas a escribir y prepárate un pequeño guión (si crees que te va a hacer falta). Si lo tienes claro en tu mente, no tiene que costarte plasmarlo por escrito; si te cuesta, quizás no lo tenías tan claro.
  3. Repasa lo que has escrito. Este puede ser el consejo más importante de la lista. Si solo lo vas a leer tú no es necesario, pero si alguien más va a leerlo, repásalo. Léelo una y otra vez, hasta que estés seguro de que no tiene faltas y que es exactamente lo que quieres, o al menos algo muy aproximado. Y si puedes, léelo en voz alta. Te ayudará a ver el ritmo del texto, algo muy relacionado con el siguiente consejo.
  4. Aprende a usar los signos de puntuación. Dentro de las reglas de ortografía y gramática, los signos de puntuación son una de las que más a menudo se olvidan; no tendría que ser así, porque su buen uso enriquecerá tu texto mucho más de lo que lograrías con otras herramientas. Si no me crees, repasa lo que has leído hasta ahora. ¿Cuántos signos de puntuación puedes reconocer? ¿Y qué efecto consiguen? Pues eso.
  5. No tengas miedo a empezar de nuevo. Más de una vez me he encontrado en la situación de llevar más de 500 palabras escritas y, de repente, darme cuenta de que lo que estaba escribiendo no llevaba a ninguna parte. En esos casos (aparte de aplicar el segundo consejo), no debe darte miedo a borrar todo lo que has escrito y empezar de nuevo. Si no te fluyen las ideas, si reescribes cada frase una y otra vez, si no sabes cómo seguir… todo eso son síntomas de que quizás debas comenzar otra vez. Al fin y al cabo, una retirada a tiempo es una victoria.
  6. Evita las frases largas. Este es uno de los vicios más comunes que he visto y, al mismo tiempo, es el más fácil de corregir. Suele ocurrir cuando no se usan correctamente los signos de puntuación y se intenta escribir como se habla. Así, nos encontramos con frases interminables en las que el sujeto original se ha perdido hace varias líneas, diluido entre frases subordinadas. Cuando tienes una frase que ocupa un párrafo, corrígela, porque ni suena natural ni lo es.
  7. No conoces el significado de todas las palabras. Seguro que ni los miembros de la Real Academia saben el significado de todas las palabras del diccionario. No hay necesidad, para eso existe y podemos consultarlo, así que úsalo cuando tengas dudas. Para poder usar correctamente una palabra, tenemos que saber qué significa; en caso contrario, puedes encontrarte con que usas incorrectamente palabras como bizarro, víctima de un anglicismo.
  8. Repasa lo que has escrito. Fíjate si es importante este consejo, que aparece dos veces en la lista y lo hace porque no hay fallo que no se pueda corregir si vuelves a leer lo que has escrito. Puedes hacerlo a los cinco minutos o a los cinco meses, pero relee tus textos. Te servirá para evitar redundancias, como “beber líquidos”. Y si al leerlo te parece complicado, corrígelo inmediatamente, porque a otro lector le parecerá directamente ininteligible. No te compliques con el lenguaje, el castellano es muy rico pero no necesita que lo exprimas en cada frase. Nunca vas a recibir quejas por que lo que has escrito es demasiado fácil de entender, al contrario.
  9. Escribe. Y todo estos consejos debes aplicarlos una y otra vez. Así que escribe, escribe y escribe. No pienses que escribir por escribir es una pérdida de tiempo; piensa que estás practicando tu escritura. Y toda práctica merece la pena y es tiempo bien invertido. Además, como en todo, el movimiento se demuestra andando. Para demostrar que eres escritor, escribe. Si no lo haces, ¿para qué empezaste a leer estos consejos, en primer lugar?

 

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Contra el periodismo objetivo e imparcial

Quizás no lo consiga pero voy a intentar explicar por qué estoy en contra del periodismo objetivo e imparcial. Para empezar seguramente muchos de los que juran por esos valores deberían ver su definición en el diccionario; pocos medios, por no decir ninguno, pueden presumir de objetividad o de imparcialidad. Lo escribí no hace mucho en el blog, los medios se han politizado y ya no existen medios imparciales e objetivos si es que alguna vez los hubo.

Todos saben lo que es un periodismo objetivo: conseguir los dos lados de cada historia, igualdad de tratamiento informativo. Como idea, impresiona, pero para el que quiere saber de verdad qué coño pasa, tiene sus carencias. Lectores, espectadores, oyentes… quieren equidad, no un reparto igualitario. Si para construir un artículo periodístico tan solo basta con poner entrecomillados del que está a favor y del que está en contra, no hacen falta periodistas.

La objetividad es un artificio explotado en monopolio por el periodismo, ayudado y alentado por estudiosos y académicos. Ya está, ya lo he dicho.

La prensa diaria se apropió de la objetividad después de la Segunda Guerra Mundial. Antes de eso, los periódicos tenían más opinión, eran más partisanos. Los periódicos se elegían por su tono tanto como por cualquier otro motivo. A medida que la prensa dominaba el panórama mediático de las ciudades, los editores empezaron a sentir el peso de la responsabilidad. A menudo, eran el único arbitro de las noticias, los guardianes de la puerta, los gatekeepers. Por eso, decidieron que poner un micro, literal o imaginario, en frente de los puntos de vista opuestos le diría a los lectores lo que necesitan saber. Tenían que ser “objetivos”. Se equivocaron.

Pero esa ficción pasó a todos los medios de comunicación de masas del siglo XX: radio, televisión y ahora internet, como el gran canal multicanal que los absorbe a todos. Y los medios de comunicación, particularmente la prensa escrita, empezaron a estar tan próximos al poder que hoy ya muchos los consideran un mero apéndice. ¿Qué credibilidad pueden tener los grupos de comunicación de este país (o de cualquiera) cuando están pendientes de mendigar subvenciones o que el Gobierno de turno les conceda nuevos canales? La objetividad es imposible, pero es que lo fue desde un principio.

 

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Lecturas 2.0 esenciales: Free, de Chris Anderson

Free, de Chris Anderson
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Free, de Chris Anderson
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Chris Anderson es uno de esos autores que todos deberíamos leer. Su primer libro, The Long Tail, es una lectura muy esclarecedora, tal y como reseñé en su momento. En este su segundo libro, Free: The future of a radical price (Gratis: El futuro de un precio radical) nos habla sobre el concepto de gratuidad y cómo está cambiando poco a poco nuestra percepción de todo. Que nadie se lleve a engaño, es posible ganar dinero, mucho dinero de hecho, sin cobrar nada. No es cobrar nada por cualquier cosa, sino por las suficientes para que en torno al precio cero se haya creado una economía más grande que la de muchos países.

Uno de los primeros apuntes que hace Anderson es que apenas hay modelos económicos que estudien la gratuidad, mas allá de teorías olvidadas del siglo XIX o discusiones académicas. Por tanto, ha surgido una economía alrededor de la gratuidad antes que un modelo económico que sea capaz de describirla. Todos sabemos lo que es gratis, pero nada tiene que ver el gratis del siglo XX con el gratis del siglo XXI. El siglo pasado una de las herramientas de marketing más poderosas era regalar una cosa para crear demanda de otra y esa técnica ha aguantado mucho tiempo: regala el teléfono móvil, cobra una tarifa mensual; haz la consola de videojuegos a precio de coste y vende los juegos a precio de oro. Por eso existe tanta desconfianza con el precio cero. Pero el gratis del siglo XXI no tiene nada que ver con trucos o engaños, sino con la posibilidad de reducir los costes de bienes a servicios a precios tan cercanos a cero que es más fácil redondear hacia abajo. Y eso es así porque la nueva gratuidad se basa en la economía de los bits y no en la de los átomos.

En la economía de los átomos, las cosas tienden a encarecerse con el tiempo, mientras que en la economía de los bits, la tendencia es a abaratarse. Las personas suelen sospechar de los productos gratuitos en la económica de átomos, pero confía en los productos gratuitos de la economía de bits. Instintivamente, entienden la diferencia entre las dos economías, y aun lo hacen más los nacidos en el último cuarto del siglo XX. Para las generaciones anteriores, la escasez (de comida, trabajo, ropa u otro bien) era una preocupación constante. Por el contrario, para los nacidos en los últimos 30-35 años la abundancia ha sido la norma.

Está ocurriendo en todos los ámbitos donde los bits sean el elemento predominante. Y a medida que la abundancia pasa a ser la norma, el valor se desplaza a otro lugar. Hace algunas décadas, el mayor valor de los productos residía en el proceso de fabricación. Pero llegó la globalización y la fabricación se convirtió en un bien común y abundante y el precio cayó. Así que el valor se ha movido hacia otras áreas que aún no son comunes, alejándose del trabajo manual y acercándose al trabajo mental. Los trabajadores del conocimiento de hoy en día son los obreros del ayer (y los granjeros del antes de ayer), y buscan la escasez para poder aportar valor.

Nuestros propios sentimientos hacia lo gratuito también juegan un papel importante. Si algo solía costar dinero y ahora ya no cuesta nada o cuesta menos de lo que costaba antes, tendemos a relacionarlo con una pérdida de calidad. Pero si algo nunca ha costado dinero, no sentimos lo mismo. Desde el punto de vista del consumidor, hay una gran diferencia entre barato y gratis. Un producto gratis puede hacerse viral. Cobra un solo céntimo y ya estás en un negocio diferente, en el que tienes que luchar con uñas y dientes por cada cliente. Cero es un mercado y todos los demás precios son otro.

Y como todo, lo gratis también tiene sus riesgos. El precio cero es la mejor manera de maximizar el alcance de un producto o servicio pero, a no ser que maximizar el alcance sea tu objetivo principal (como puede ser en el caso de Google), puede tener efectos contraproducentes. Como cualquier otra herramienta, la gratuidad debe usarse con cuidado para evitar que cause más perjuicios que beneficios.

La Ley de Moore multiplicada por tres

La Ley de Moore juega un importante papel en la economía de los bits, ya que afecta a tres aspectos clave de internet: la capacidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento y el ancho de banda. En los tres casos, más o menos cada año y medio se duplica la capacidad o, lo que es lo mismo, el coste se reduce a la mitad. Un centro de datos de Google cuesta ahora la mitad que a finales de 2011, y esa caída de los precios es la clave y el motor del gratis del siglo XXI. El coste de cualquier cosa relacionada con esos tres aspectos siempre bajará y continuará bajando hasta llegar tan cerca de cero como sea posible.

Y si los aspectos físicos están viajando hacia el precio cero, ¿qué ocurre con los contenidos? Pues que las ideas son el bien más común que hay, y se difunden y propagan a coste cero. Una vez concebidas, las ideas buscan diseminarse en todas las direcciones, son los memes. Pero en el mundo de los negocios, las compañías ganan su dinero creando una escasez artificial de ideas a traves de patentes, copyrights y leyes de propiedad intelectual. Todas esa trabas legales tuvieron su razón de ser en la economía de la escasez para dar a los creadores un incentivo par seguir creando, pero en la economía de la abundancia han perdido su sentido y deben reformularse. Las ideas no pueden ser controladas por siempre.

Y cuantos más productos están hechos de ideas antes de que materia, de bits antes que de átomos, más rápido se abaratan y buscan el precio cero. De ahí viene la abundancia que lleva a lo gratis en el mundo digital y que resumimos como la Ley de Moore. Pero no se limita a la red, cualquier industria en la que la información se convierta en la materia prima seguirá esa misma curva y tenderá a cero con el tiempo. Ocurrirá por ejemplo en la medicina, en la que cada vez más servicios médicos y de diagnóstico serán realizados por software (que también se abarata con el tiempo, hasta llegar a ser gratis) en vez de por doctores (que serán cada vez más caros).

Una lectura imprescindible

Estos son solo algunos de los aspectos relacionados con la gratuidad y el precio cero que Anderson examina en su libro. Al igual que The Long Tail, Free es un libro visionario que abre los ojos sobre las nuevas relaciones que se establecen entre las tecnologías de la información y la economía. Desde la la desaparición del mercado de las enciclopedias hasta las luchas de Microsoft contra el software libre, pasando por la situación de los medios de comunicación y cómo el precio cero afecta a las industrias editorial o de la música. También estudia el surgimiento de nuevas formas de valorar las cosas cuando el dinero ya no forma parte de la ecuación, como son la reputación, la atención o la repercusión, además de cómo usar la escasez en el nuevo entorno de abundancia.

Para los periodistas, Free es un libro que ayudará a entender el ecosistema digital en el que nos movemos y que va a ser donde los estudiantes de periodismo de hoy desarrollen su carrera. Además les servirá para desmontar muchos mitos sobre la gratuidad que todavía hoy existen, como el afirmar que internet no es gratis porque pagas a tu proveedor de internet. Aparte de que eso significa equiparar el contenido al contenedor, es confundir el coste de transmitir cada mega de información con el coste de crearlo y el valor que tiene para el un receptor. Son dos cosas totalmente distintas y se rigen por economías distintas.

En resumen, considero que Free es una lectura imprescindible. Tanto si quieres ahondar en el desarrollo del precio cero a lo largo de la historia, como si quieres conocer diferentes ejemplos de cómo se pueden construir negocios rentables y exitosos partiendo de la gratuidad, en Free tendrás muchas, si no todas, de las respuestas que necesitas. Este es uno de esos libros que abren tu mente a nuevos conceptos e ideas y solo por eso deberías leerlo cuanto antes. Pero además estoy convencido que será una lectura de referencia dentro de unos años. Si quieres saber antes que nadie cómo será parte de la economía del futuro, debes leer Free, de Chris Anderson.

 

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Gabinetes de prensa: Cómo construir tu agenda de medios

construir tu agenda de medios

En los primeros tiempos del blog, dediqué varios posts al mundo de los gabinetes de prensa, que es donde he desarrollado mi carrera profesional durante los últimos catorce años. Hoy, retomo el tema con la intención de hacerlo una sección habitual en el blog, ya que hay mucho que decir sobre gabinetes de prensa y agencias de comunicación. Y comenzamos con una de las tareas básicas de todo gabinete: construir la agenda de medios, pero antes recordemos la definición de gabinete de prensa que establecí hace tres años:

Dentro de una organización o empresa, el gabinete de prensa es una división especializada en comunicación, tanto interna como externa, que, con mayor o menor independencia respecto a la cúpula de dicha organización, crea, establece y gestiona la estrategia comunicativa de la misma. Es también un órgano multidisciplinar que abarca varios aspectos de la actividad de la organización y sus actividades incluyen desde la organización de eventos a la gestión de relaciones con los medios, pasando por elaboración de boletines internos o la presencia en redes sociales”.

Como vemos, una de las tareas de los gabinetes de prensa es la gestión de relaciones con los medios y para ello es fundamental que el gabinete pueda construir una agenda de medios. Para ello, no basta con conseguir el teléfono móvil de un periodista. Ese es el requisito básico, cierto, pero si nos limitamos a eso en vez de una agenda de medios tendremos un listín telefónico. Una auténtica agenda de medios nos permite saber quién es la persona adecuada para llamar dentro de un medio cada vez que tengamos que hacer una gestión; es un mapa de los medios de comunicación gracias al cual podremos orientarnos y llegar exactamente a la persona que queremos llegar. Con toda seguridad, es la herramienta más importante que puede tener un gabinete de prensa. ¿Cómo construirla? Veamos cómo hacerlo.

Construir tu agenda de medios en tres pasos

  1. Apúntalo todo. Es algo tan evidente que muchas veces lo pasamos por alto, pero una vez que tenemos el contacto de un periodista, sea móvil, correo electrónico, twitter… hay que apuntarlo en la agenda. No importa que no sea conocido, que sea el becario o que sea un teléfono fijo de la redacción. Tener una forma de contacto es tener un pie dentro del medio, y nunca sabes cuándo puede serte útil. Yo me he encontrado con que redactores rasos con los que tenía cierto contacto han terminado, con el paso de los años, como presentadores de informativos y gracias a apuntarlo todo, tengo su teléfono personal. Así que no desprecies a nadie y apúntalo todo.
  2. Organizate. Una vez que te has acostumbrado a apuntar todo, debes encontrar un buen método para organizar todos esos datos. Puedes usar una agenda de papel de las de toda la vida, pero no te dejará ordenar lo que apuntes más que alfabeticamente. ¿Y si un día necesitas todos los contactos que tienes de un único medio de comunicación? ¿O si tienes que buscar un periodista que recuerdas que apuntaste, pero no eres capaz de acordarte de su nombre o apellido? Para evitar todos esos problemas, te recomiendo que utilices Evernote. Yo llevo usándolo desde hace un tiempo y no hay competencia. No encontrarás ningún otro programa tan flexible y versatil como él. Instálalo y aprende a usarlo cuanto antes.
  3. Conoce los medios. Conocer a los periodistas es el punto más importante de la agenda de medios, de nada te sirve tener el contacto si luego ellos no saben quién eres. Tener una buena relación con los periodistas y conocerlos es una tarea lenta y ardua, pero que merece la pena y puede facilitar mucho las gestiones que hagas en ese medio. Y no hay que limitarse a los periodistas habituales de tu sector, o los jefes de sección. También es aconsejable que estés siempre al tanto de los movimientos que se produzcan en la redacción o en la parrilla de programación: quién se queda, quién se va… Aparte de que como gabinete de prensa es tu labor conocer el mapa de los medios, puede serte de ayuda para evitarte confusiones embarazosas o directamente despistes, al preguntar por gente que ya no está, que dan muy mala imagen.

 

Y ya está. Es tan simple y complicado como estos tres pasos: Apunta todo, organízalo y conoce los medios, por dentro y por fuera. Siguiendo esas pautas y manteniéndolas en el tiempo conseguirás construir tu agenda de medios.

 

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La caída de la publicidad acelera la caída de los medios

caída de la publicidad

La mitad del dinero que gasto en publicidad se desperdicia, el problema es que no sé qué mitad”

 John Wanamaker, empresario del retail de finales del siglo XIX y padre de la publicidad moderna

 

Cuando los estudiosos del futuro repasen la crisis de los medios de comunicación de principios del siglo XXI, destacarán que una de sus causas principales fue la caída de la publicidad. Durante todo el siglo XX, la publicidad fue el combustible fundamental de la industria de los mass media, haciendo del periodismo una carrera con muchas posibilidades de conseguir un puesto de trabajo y de los periódicos una máquina de imprimir dinero. No es casualidad que fuese poco antes de la actual crisis cuando los medios lograron sus máximos históricos de rentabilidad y beneficios. Los estudios de State of the news media hechos por el Pew Research Center muestran que 2007 significó el momento más álgido de la industria, con márgenes de crecimiento en el entorno de los digitos. ¿Cómo entonces, en apenas media década, hemos pasado de ese escenario al actual?

Son varias las causas, pero una de las más destacadas es la ya mencionada de la caida de la publicidad. Las empresas han bajado sus presupuestos destinados a publicidad y los están diversificando aún más. Si antes un anuncio a toda plana en un periódico te aseguraba una audiencia millonaria hoy esa inversión puede rentabilizarse de mejor manera a través de campañas en redes sociales e internet. Las marcas ya no buscan tanto publicidad como construir su imagen. Como demuestra la cita de Wanamaker, el impacto de la publicidad en las ventas siempre ha tenido un componente mágico. Nadie sabe exactamente cuáles son los ingredientes para que una campaña funcione y otra no. Hoy, gracias a las nuevas posibilidades de medición de audiencias online, se puede conocer con mucha más precisión que es lo qué funciona y lo qué no, y las grandes empresas recortan en aquellos soportes que no ofrecen la rentabilidad que ofrecían antaño.

No hay soluciones para esta caída de la publicidad. Si solo fuese la publicidad de las grandes empresas que busca otros formatos, quizás hubiese algún tipo de solución cuando la crisis económica remitiese, pero es que hay una publicidad muy concreta que ha desaparecido por completo para los periódicos, que son los anuncios por palabras. Los que tenemos unos años recordamos que los suplementos de anuncios por palabras eran varias páginas con todo tipo de anuncios, por los que los periódicos se llevaban un buen dinero. Esas secciones desaparecen por completo de la prensa y se trasladan a internet. Todas las recesiones anteriores encogieron el mercado publicitario, y cuando terminaron, el nivel de facturación publicitaria se recuperó. Pero no sera así en esta crisis. Los ingresos publicitarios de antes de la crisis no regresarán jamás y esa caída acelera la caida en picado de los medios, que han de buscar modelos alternativos para suplir el dinero que llegaba de la publicidad. Nadie sabe cómo hacerlo, pero quien lo consiga tendrá la clave para prosperar en el nuevo escenario mediático.

 

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