Las tablets mataron al ordenador personal

Quizás pienses que exagero con el título de este post, pero espero haberte convencido de lo contrario para cuando acabes de leerlo. Eso sí, para ponernos en situación, dale al play del vídeo que aparece a continuación y asi pondrás en marcha la banda sonora de este post.

 

 

Si en su momento Buggles cantaban que el vídeo mató a la estrella de la radio, hoy podemos decir que las tablets han matado al ordenador personal. Este análisis de Gigaom muestra como en el año 2012 las ventas de tablets casi alcanzaron a las de ordenadores de escritorio y, redondeando a la baja, se vendieron 6 tablets por cada 10 portátiles. Es un crecimiento brutal para un sector que nació en 2010 con el iPad y que en tres años casi iguala a los ordenadores personales y está en camino de igualar a los portátiles. Las tablets se han convertido en el gadget tecnológico que todos desean y la oferta es cada vez más amplia, llegando a todos los sectores del mercado.

Y no es sólo que haya una oferta amplia, es que la potencia de las tablets de hoy en día supera los PCs de hace un lustro. Hoy puedes conseguir a un precio bastante asequible una tablet de 7 pulgadas con un procesador de cuatro núcleos y un giga de RAM, una potencia que no todos los ordenadores personales tenían hace cinco años. Gracias a la Ley de Moore sabemos que la potencia de los circuitos integrados se duplica cada dos años, pero el salto de precio es algo que nadie podía prever. Un equipo tope de gama hace cinco años costaba bastante más de los 200 euros que hoy puede costarte una Nexus 7 o una Kindle Fire y no tiene ni de lejos la misma potencia ni versatilidad.

A las tablets todavia les queda mucho mercado por conquistar, pero ya están entrando en el inconsciente colectivo, relegando a los ordenadores de sobremesa a tareas cada vez más específicas. Aún hay cosas que sólo pueden hacerse bien en un ordenador, sea PC o Mac, como edición profesional de imagen, audio o vídeo, escribir (con programas específicos como Scrivener) o jugar a los videojuegos más exigentes, aunque en ese campo las consolas siguen recortando terreno. Para cualquier otra tarea, una tablet cumple de sobra el mínimo exigible. Sea navegar por internet, correo electronico, consulta de RSS, redes sociales, soft gaming… todo eso lo puedes hacer con una tablet.

Hay otro factor a tener en cuenta dentro de la popularización de las tablets. El hecho de funcionar con pantallas táctiles hace que el proceso de aprendizaje sea muy rápido y que colectivos que tradicionalmente no están al tanto de los últimos avances tecnológicos, como son las personas mayores, puedan manejar una tablet con la misma pericia que cualquiera. Ha sido gracias a esto que las tablets se han popularizado tanto, y junto a sus hermanos mayores, los smartphones, son protagonistas de la revolución tecnológica más rápida de la historia.

Y es por todas estas razones que creo que el ordenador personal está muerto, en el sentido de que ya no será el centro de la vida tecnológica de las personas, como lo ha sido en los ultimos años. Hoy ese centro se ha desplazado a los dispositivos móviles, cuyo máximo exponente es la tablet, y es ahí donde está el futuro para todas las industrias que quieran sobrevivir al cambio de paradigma en que nos encontramos. Medios de comunicación, cine, música, videojuegos, la industria editorial… todo girará en torno al asesino del ordenador personal, la tablet.

 

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Lecturas 2.0: Nuevas tecnologías, cómo entenderlas, de Xabier Sanmartín

Haz clic en la imagen para descargar el ebook

En EScomunicación llevo bastante tiempo hablando sobre el futuro de los periódicos y cómo pueden hacer frente al cambio de paradigma en que nos encontramos. Uno de los recursos que pueden utilizar para conseguir más ingresos es, tal y como apuntan en Clases de Periodismo, explotar su archivo periodístico mediante ebooks o libros electrónicos.  Bien sea con lectores de tinta electrónica como el Kindle o con tablets como el iPad, cada vez se lee más en formato electrónico y los diarios deben aprovechar esa tendencia.

En este sentido, la iniciativa de El Correo Gallego es digna de elogio. Hace unos días, el periodista  Xabier Sanmartín se puso en contacto conmigo para hablarme del ebook que ha publicado a través del diario: Nuevas tecnologías, cómo entenderlas: El futuro ya es presente, invitándome a descargarlo, a lo que accedí encantado y con curiosidad de conocer de primera mano cómo un diario más que centenario se adapta a los usos del siglo XXI.

Nuevas tecnologías, cómo entenderlas es un compendio de más de 30 reportajes aparecidos en El Correo Gallego durante los años 2011 y 2012, cuyo hilo conductor es el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en todos los aspectos de nuestra vida. Desde la influencia de internet en los adolescentes a la importancia creciente como industria de los videojuegos para móviles, pasando por debates como el uso del teléfono móvil por parte de los menores de edad, la seguridad digital o la piratería de contenidos.

Se nota y mucho el esfuerzo que se ha puesto en esta edición, una labor muy loable que a mi entender va por el buen camino, pues hay que ofrecer el contenido a los usuarios en todos los formatos posibles para que puedan acceder a él cómo deseen. Así, desde la web de El Correo Gallego se puede descargar el ebook en los formatos PDF, epub y mobi. En mi caso, he podido disfrutar en mi Kindle de la versión mobi del ebook, perfectamente optimizada para su lectura. Las fotografías que ilustran los textos ayudan a romper con la monotonía de la letra impresa y hacen la lectura mucho más agradable, aunque en mi caso no hacía falta, ya que Nuevas tecnologías  cómo entenderlas aborda el tema que más me apasiona: cómo la tecnología está permeando nuestra vida diaria y cambiando nuestros usos y costumbres.

No puedo hacer otra cosa que recomendar la descarga de este libro. Aunque muchos de los reportajes hacen referencia a empresas y personalidades gallegas, la temática es universal y los ejemplos y datos que se incluyen pueden servir para extrapolarlos a otras regiones. Tengo curiosidad además por saber cómo serán los próximos ebooks que publique El Correo Gallego. Nuevas tecnologías, como entenderlas está patrocinado. ¿Seguirán apostando por la gratuidad o probarán a ponerlos a la venta? En el futuro de los medios de comunicación, los ebooks pueden ser una fuente de ingresos que sirva de complemento a las tradicionales de venta al público y publicidad. La iniciativa de El Correo Gallego es un paso en esa dirección, ahora hay que seguir caminando.

 

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¡Dios mío, han matado al Reader!

Algunos nos acostamos anoche con la noticia y otros se han levantado con ella. Google dejará de prestar su servicio de Reader a partir de julio. Las explicaciones de la compañía son que prefiere centrarse en productos que den más dinero y aplicaciones con mayor número de usuarios. A falta de cifras oficiales, yo me quedo con lo que cuentan Om Malik y Chris Wetherell, uno de sus creadores, en este post de GigaomGoogle nunca creyó en Google Reader y le ha dado la espalda en el momento que le ha sido posible.

En estos momentos, uno se siente cabreado con Google, como Enrique Dans. El Reader ha sido el centro de mi dieta informativa desde hace años y he seguido añadiendo fuentes a medida que iba encontrando nuevos blogs y páginas de interés. Para mí no es una herramienta con la que leer los mismos viejos feeds de siempre, sino el mejor modo de mantenerme informado de todos los temas de mi interés, y poder revisar y recuperar contenidos cuándo y dónde yo quiera. Ahora mismo no sé con qué herramienta lo voy a reemplazar, pero tendré que hacerlo.

Hace ya tiempo que Google dejó de hacer caso al lema de Don’t be evil. Cuando reseñe el libro Desnudando a Google, ya lo advertía. Me autocito: “Muchas veces nos olvidamos que Google es una empresa que se debe a sus accionistas y que busca conseguir el máximo beneficio posible. Cierto es que gracias a ellos tenemos herramientas prácticamente imprescindibles en nuestro día a día como Gmail, Google Maps o Google Docs. Pero eso no debe cegarnos ante la realidad de Google”.

Y esa realidad es que una simple aplicación totalmente integrada en nuestras vidas (o al menos en la mía) va a desaparecer y no podemos hacer nada para evitarlo. Dudo mucho que la petición de Change.org sirva para algo, e incluso aunque Google diera marcha atrás, yo no volvería.  Gracias a esto he aprendido la importancia de no tener todos tus huevos en la misma cesta digital, así que de aquí a julio voy a dedicarme a buscar una alternativa a un programa que yo, como muchos, voy a echar de menos.

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Cuando los medios ni se molestan en contrastar

 

La popularización y uso masivo de las tecnologías de la información y comunicación ha hecho que cada vez haya más contenido generado por usuarios. Los antiguos receptores se han convertido en emisores, con lo que la cantidad de información y el consumo de la misma se ha disparado a niveles nunca antes conocidos. Por poner un ejemplo, durante 2012, Youtube ha servido más de cuatro mil millones de horas de vídeo al mes, y el vídeo más visto de la historia, el famoso Gangnam Style, va camino de los mil quinientos millones de reproducciones antes de cumplir el año de vida.

Todo esta sobreabundancia de información es aprovechada por los medios de comunicación, que ya han interiorizado como práctica habitual ofrecer los vídeos virales del momento como uno de sus contenidos informativos. Por un lado, es algo completamente lógico ya que todo viral es noticia en cierto sentido, pero por otro lado, significa reconocer tu propia irrelevancia. Si te dedicas a hacerte eco del último vídeo de éxito en Reddit o Menéame, o el último tuit del famoso de turno, ¿qué estás aportando como medio? Nada en absoluto y nada impide al público ir directamente a la fuente y prescindir de ti como intermediario.

Esto ya sería suficientemente grave de por sí, pero hay que añadir que en esa práctica de recoger el contenido de moda, muchos medios ni siquiera se molestan en contrastar esos contenidos. Tenemos el caso reciente de un par de vídeos de Youtube que fueron recogidos en varios medios a ambas orillas del Atlántico. El primero de ellos nos muestra como un cerdo rescata a una cabritilla.

 

 

El vídeo en cuestión, enternecedor como él solo, es un montaje. Está ensayado y creado para promocionar un show de televisión y no hay nada de espontáneo en el “audaz cerdito”. Medios de todo el mundo se hicieron eco del vídeo, como Fox News, ABC, NBC, Time, el diario Metro de Londres, el Daily Mail, el diario La República de Perú, Antena 3 o el Diario Sur, entre otros. Busca en Google “Pig saves goat”, “Cerdo salva cabra” o sus variantes y tendrás un catálogo de medios que no han hecho su trabajo. Y lo mismo ocurrió con este otro vídeo, en el que un águila intenta llevarse a un niño.

 

 

¿Aterrador, verdad? Pues también es falso. Fue creado por unos estudiantes de un curso de CGI en Montreal, mitad en broma, mitad como práctica. Y, de nuevo, la difusión fue planetaria, aunque en este caso la noticia de que era falsa y creada por ordenador ha tenido mucha más difusión que en el caso del cerdo. Aún así  poniendo “águila caza niño” o sus variantes en Google podemos acceder a webs como El Mundo, ABC de Sevilla o Terra que aún mantienen la noticia como auténtica.

¿Qué podemos aprender de estos dos casos? Algo tan sencillo como que hay que contrastar todas las informaciones que llegan a una redacción. Una noticia no es más fiable por ser el vídeo más visto o por ser trending topic y los periodistas nunca deben olvidarlo. ¿Qué credibilidad te queda cuando te “cuelan” un fake en tu informativo? ¿No sera otra de las razones, junto al periodismo de copiar y pegar, por las que los medios estén de capa caída?  Hay mucho que arreglar en los medios de comunicación, y el futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo.

 

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La teoría del mínimo exigible

 

Cada vez estoy más convencido de que el público en general se rige por la teoría del mínimo exigible. Me explico. Hay gente que prefiere una operación de blanqueamiento dental en su dentista, mientras que otros preferirán usar un dentífrico con blanqueador. Obviando las diferencias económicas entre ambos ejemplos, el uso del dentífrico permite conseguir el mínimo exigible dentro del objetivo de blanquear los dientes, mientras que la operación lo sobrepasa con creces. Aunque siempre habrá quien prefiera mucho más, la inmensa mayoría de la gente se conformará con el mínimo exigible.

En resumen, nadie se molestará en adquirir ningún producto que no cumpla el mínimo exigible y, de la misma forma, mucha gente se conformara con el mínimo exigible, aunque haya productos mucho mejores.

En el consumo de información, ocurre exactamente igual. Hay gente que lee dos o tres periódicos, consulta internet o escucha la radio para estar al tanto de la ultima hora y además ve los informativos de televisión. Pero hay mucha gente que no hace ni una décima parte de eso, que con suerte lee un periódico, ve un telediario y escucha un boletín de la radio. Y hay otros que ni tan siquiera hacen eso y se limitan a leer lo que sale en su timeline de Twitter o su muro de Facebook. Cada persona tiene su mínimo exigible.

Es otra de las razones por las que los medios se encuentran en la situación que están. Aunque hay más información y se consume más información que nunca, cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por la misma. ¿Por qué pagar por algo que no entra dentro de mi mínimo exigible? Si con lo que puedo leer gratis en internet y escucho en la radio o veo en la tele me es suficiente, ¿para qué pagar por un periódico, por ejemplo?

Y ante esto, la industria se dedica a lo que no tiene que hacer, acusar a su público, sus clientes potenciales, de piratas y delincuentes. No, lo que hay que hacer es poner tus contenidos a un precio justo, que no tiene que ser el que tu quieras, sino el que marque el mercado o la disposición de tus clientes. Y poner esos contenidos a disposición de tus clientes para que les sea fácil acceder a ellos, por el canal que mejor les venga. E intentas por todos los medios evitar que a tus posibles clientes les pasen cosas como ésta. Por tu propio bien. Y por que es el mínimo exigible.

 

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Por qué desaparecen los intermediarios de la comunicación

Si hay algo que hemos comprobado en estos primeros años del siglo XXI, es que los viejos modelos del XX han quedado obsoletos. El antiguo sistema emisor-receptor ha sido dinamitado por la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación, que han acortado la distancia entre emisor y receptor, eliminando a los intermediarios del proceso.

Los medios de comunicación han sido durante muchos años los intermediarios por excelencia. Toda la información que se generaba era filtrada, contrastada, elaborada y servida a los ciudadanos, en contenedores limitados en espacio y tiempo, y enviados a intervalos regulares. Hoy, ese sistema está en franca regresión, pues los antiguos receptores pueden acceder directamente a los emisores y se han convertido en emisores a su vez, sin limitaciones de espacio o tiempo y prescindiendo cada vez más del intermediario.

A pesar de ello, los intermediarios tienen todavía su importancia. Cualquier empresa que quiera llegar a audiencias masivas aún debe tener en cuenta a la televisión y la radio. Salvando algunas excepciones de cuentas con seguimiento masivo, las redes sociales todavía no pueden considerarse medios de comunicación de masas y, a grandes rasgos, el modelo del siglo XX aún está vigente. Pero ya hay indicios de que las cosas están cambiando.

En este sentido, el mayor cambio que podemos ver hoy en día es que empresas, instituciones y gobiernos ya no dependen tanto de los medios de comunicación para hacer llegar sus mensajes al público. Tal y como apunta Matthew Ingram, la palabra clave es cooperación. Antes, todos esos organismos debían cooperar con los medios porque eran necesarios para difundir sus mensajes. Hoy, ya no es así, o al menos no es tan necesaria esa cooperación.

Si cualquier institución, empresa o gobierno puede hacer llegar directamente sus mensajes al gran público, ¿qué necesidad tienen de cooperar con los medios de comunicación? Esta es una de las razones que han hecho posibles las comparecencias sin preguntas y los actos con señal realizada. Y en este nuevo escenario, en el que todavía estamos intentando averiguar las reglas, queda ya en las manos del público el saber distinguir entre lo que es información y lo que es propaganda.

 

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El periodismo de copiar y pegar

Copy-Paste

 

En mi trabajo, consulto muy a menudo Google News para comprobar el alcance y repercusión de las diferentes notas de prensa que mandamos, y cada vez se me hace más evidente que existe un periodismo que se basa exclusivamente en copiar y pegar. Esto no es malo de por sí, y la voracidad del ciclo de noticias 24/7 exige nuevos contenidos a cada momento por lo que el copy-paste es un recurso cada vez más usado en las redacciones. La pregunta es si es un buen recurso.

Hace poco, el periodista Pekka Pekkala hablaba sobre este mismo tema en Online Journalism Review y venía a concluir que los lectores no pagarán por historias que ya pueden haber leído en otra parte. Da igual que el medio tenga 100 años de historia o fuera el medio de referencia para quienes toman las decisiones. Una copia es una copia, incluso detrás de un muro de pago, y por eso muchas publicaciones pierden audiencia, especialmente la que paga por los contenidos.

Desde un punto de vista periodístico, que haya más copia-pega de noticias de agencias y notas de prensa es una mala noticia porque para picar una nota de prensa no necesitas un periodista. Eso se traduce en menos noticias originales que genera el medio y, por tanto, menos puestos de trabajo para los periodistas. El lado positivo es que ahora los periodistas y los medios están obligados más que nunca a encontrar su propia voz y su propio nicho, porque la firma de un periodista, bien sea en una columna o un reportaje, no puede copiarse. 

 

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Lecturas 2.0 esenciales: El periodista en la encrucijada

 

Hace unos días que terminé el informe El periodista en la encrucijada, del que ya hablé aquí, y puedo decir que me ha dejado con sensaciones contrapuestas. Por un lado, es un excelente estudio, en el que se ha entrevistado a varios periodistas de prensa, radio, televisión e internet y se han conseguido unos datos estadísticos muy valiosos, además de una gran cantidad de agudas reflexiones sobre el futuro del periodismo. Pero por otro, noto al estudio carente de unidad, como si cada uno de los autores de los capítulos hubiese trabajado por su cuenta, sin saber que hacían sus compañeros. Que haya múltiples citas duplicadas una y otra vez a lo largo del libro no hace más que reafirmarme en esa impresión; por muy buenas que sean las reflexiones de Virginia Pérez Alonso, por ejemplo, no necesito que me las repitan en cada capítulo.

El estudio parte de algo que todos deberíamos de dar por sentado: la información ya no es patrimonio exclusivo del periodista. Es algo tan obvio que no haría falta ni decirlo pero para muchos no lo es tanto y por eso vale la pena recalcarlo. La consecuencia: el gran reto del periodismo es ahora hacerse necesario, toda vez que la información ya no es fruto exclusivo de su tarea y que el periodista ha dejado de ser el único intermediario entre emisor y receptor.

En este sentido, hay que evitar cometer otro error de bulto que es confundir la naturaleza del principio básico que gestionan los periodistas, el derecho a la información, un derecho que no es de los periodistas sino de los ciudadanos. Los periodistas, en cuanto periodistas, no tienen derecho a la información, son los ciudadanos y la sociedad los que lo tienen.

 

 

IRRUPCIÓN DE LA RED

En este escenario de crisis económica y de modelo ha aparecido internet y ha cambiado de forma definitiva el negocio periodístico. La red ha roto con los viejos territorios bien establecidos de cada medio. La crisis ha debilitado las barreras de entrada y ha facilitado la aparición de nuevos medios y el aumento de la competencia informativa. Esto ha pasado casi siempre en tiempos de crisis y no podemos dejar de lado que el periodismo es una industria más y funciona como tal, buscando la subsistencia y los beneficios.

Así, los medios se han encontrado con que, más allá de sufrir las repercusiones de la crisis económica, han de competir con otros agentes que han irrumpido en el mercado y que, aunque no se dediquen a hacer periodismo, sí compiten con ellos en términos de audiencia y publicidad. Los canales de comunicación son muchos más y mucho más amplios y por lo tanto, pierden peso los medios tradicionales.

El problema fundamental al que se enfrentan los medios en este contexto es cambiar el modelo de negocio, pasar de un negocio orientado a ingresos por productos concretos a un negocio orientado a maximizar los ingresos por usuario. Y hay que cambiar el modelo de negocio porque un medio que no genere suficientes ingresos por sí mismo, es decir, en venta y publicidad, tiene que buscar otras fuentes, y ahí es donde reside el peligro de no poder ser independiente.

 

 

LA NUEVA AUDIENCIA

La audiencia ha cambiado y ya es parte integrante de la redacción, porque hay que contar con ella, es activa, sabe lo que quiere y tiene las mismas herramientas que el periodista. No necesita una imprenta, no necesita una licencia de televisión o de radio y es capaz de informarse sin necesidad de intermediarios como era el periodista. Y si la audiencia no encuentra dónde expresarse, crea sus propios medios.

La actitud del público hoy día es totalmente diferente, porque tiene múltiples vías de acceso a la información y múltiples herramientas para emitirla. Es un público heterogéneo, cuyas decisiones a la hora de consumir contenidos no dependen necesariamente de la calidad de la información. Y no hay más que ver cualquier índice de las noticias más leídas en un periódico digital para comprobarlo.

Este desapego de la audiencia viene motivado también por la degradación de los medios, una de cuyas causas es la excesiva politización. Hoy en día, periódicos, radios y televisiones no venden información, no venden contenido, venden ideología. Los periodistas son los más afectados por la crisis de los medios, pero no se muestran muy autocríticos con algunas de sus causas, como es la politización, y tienden a echar balones fuera. Y la audiencia se da cuenta.

 

 

LOS NUEVOS PERIODISTAS

Ante todos estos cambios, los periodistas deben renovarse y volver a los orígenes.  En los últimos treinta años el periodismo se ha convertido en una profesión de clase media con aspiraciones de nuevo rico, al menos mentalmente. Y eso ha hecho que se aleje de la sociedad y se arrime a las esferas de poder, perdiendo el contacto con la sociedad real. Lo bueno es que eso puede remediarse volviendo, simplemente, a hacer periodismo.

La misión esencial del periodista ha sido siempre, y seguirá siendo, contar historias y contarlas de la mejor manera posible. Aunque cambie el entorno y los ingredientes, la esencia permanece, que es el tratamiento adecuado de la información y responder de su fiabilidad. El periodismo sigue siendo lo de siempre: la información, la verificación y la emisión.

El terreno del periodista ha sido siempre la calle. Ahora tiene dos calles: una física y otra que es virtual, pero que es igual de real, porque la integran personas que están allí y haciendo cosas. Esas dos calles se traducen en un volumen de posibles temas para seleccionar al que jamás se había enfrentado el periodista, por no mencionar esa tercera e ingente vía que es la que procede del comunicador institucional. Por ello, el nuevo periodista tiene que estar necesariamente más cualificado de lo que estaban sus antecesores.

 

 

SOBREABUNDANCIA DE INFORMACIÓN

La sobreabundancia de información hace que la sociedad reclame y aprecie otras funciones típicamente editoriales, como son la selección, jerarquización y valoración de los hechos, tareas que hasta ahora se asociaban a la mediación periodística y que ahora empiezan a compartirse con nuevos actores. El usuario, el consumidor de información, cuya saturación ya no es preciso ni mencionar, demanda orientación, clarificación, seguridad, credibilidad y utilidad.

En este panorama de exceso de información, el periodismo tiene tanto o más valor que nunca porque, desde siempre, una de sus labores ha sido separar el polvo de la paja, elegir entre una gran cantidad de información aquellos datos auténticamente relevantes para la historia que se quiere contar. Sencillamente, no hay ninguna profesión más capacitada para esa función.

Es en ese aspecto donde deben destacar los nuevos periodistas y donde deben adquirir la condición de profesionales. Y es que no hay que olvidar que si hablamos de periodismo profesional es porque alguien paga a alguien que se dedica profesionalmente a ello. Es una obviedad, pero como tantas otras, a veces se nos olvida.

Por eso, los nuevos periodistas deben estar mejorando y formándose continuamente. En los últimos quince años se han producido más avances tecnológicos que en los últimos cincuenta, afectando a todos los aspectos de la vida y todas las industrias y profesiones. Sería de estúpidos que los periodistas no se adaptaran a esos cambios con la excusa de que “llevo veinte años trabajando así . Tienen que estar mejorando en su profesión y aprendiendo algo nuevo cada día, y más cuando una de las características por las que los periodistas amamos nuestro trabajo es que no hay dos días iguales.

 

 

CONCLUSIÓN

Como se puede ver, El periodista en la encrucijada es un estudio que da mucho que pensar y me alegra mucho que existan estudios así en castellano. Gracias a ellos, estudiantes, periodistas en ejercicio, académicos e interesados en el impacto de las tecnologías de la información en el periodismo tienen un excelente punto de partida para abordar el futuro de los medios de comunicación en general y la situación de los medios en España en particular.

Por todo ello, considero que El periodista en la encrucijada es una lectura 2.0 esencial. Si te interesa el futuro de los medios de comunicación, la desaparición de la prensa escrita y/o el cambio de paradigma comunicativo en el que nos encontramos, el estudio coordinado por Mª Pilar Diezhandino es una lectura obligada.

 

 

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El terremoto de las audiencias

 

Antes de que termine esta década, vamos a ver en primera línea un terremoto en las audiencias. Los sistemas de medición y los estándares que han funcionado casi sin cambios desde mediados del siglo pasado ya no valen para la nueva sociedad hiperconectada. Las audiencias masivas quedan para eventos muy concretos, normalmente espectáculos deportivos, pero para todo lo demás, entramos en segmentos de audiencia cada vez más segmentados y especializados, en las que ya no basta con saber tu edad y sexo, sino desde qué pantalla estás consumiendo el contenido.

La gran afectada por este terremoto va a ser la televisión. La famosa caja tonta que ha definido el siglo XX y cambió por completo los hábitos de varias generaciones se enfrenta a su mayor reto hasta el momento: aceptar que ahora es sólo una pantalla más entre todas las que tenemos para consumir contenidos, y no siempre la más importante, pues el consumo de datos en móviles cada vez es mayor.

Las redes sociales han hecho mucho para dinamizar la televisión y poder ver reacciones en tiempo real de los televidentes. Ya es una práctica común indicar hashtags en los diversos programas para poder unificar y medir la conversación. Las cadenas se pelean por conseguir trending topics y los antiguos espectadores se convierten en comentadores en tiempo real. La gala de los Goya, el festival de Eurovisión, el último Gran Hermano… cualquier programa puede crear una conversación a su alrededor, ya no tenemos que esperar al día siguiente en la oficina, podemos comentar al mismo tiempo que lo estamos viendo junto a miles de personas en nuestra misma situación.

Las series de televisión tampoco se libran de esta revolución. El caso de la recientemente estrenada House of Cards es un buen ejemplo. Estrenada en Netflix, ha roto por completo con todas las convenciones, poniendo a disposición de los suscriptores del servicio todos los episodios de la primera temporada de golpe, en un experimento cuyos resultados veremos con el tiempo, pero ya hay algo insólito: en ningún sitio vamos a ver datos de las audiencias de House of Cards.

Tal y como ha explicado Ted Sarandos, de Netflix, la empresa de streaming no está ofreciendo datos de audiencia, porque para ellos, el saber que un número x ha visto los episodios no es tan importante como saber cuál es el comportamiento de esos espectadores: qué es lo que ven, a qué horas lo ven, en suma, qué tipo de contenidos audiovisuales consumen. Es una auténtica mina de oro que puede cambiar el esquema tradicional de la publicidad en televisión, cuyo impacto está en mínimos históricos, al menos en España.

Y puede cambiarlo porque si antes las audiencias se medían únicamente en términos cuantitativos, con algunos pequeños matices diferenciadores de edad o género, el caso de House of Cards puede ser el primero en el que los estudios de audiencia sean cualitativos. Conocer si la gente ve toda la temporada seguida o se programa un capítulo semanal, si la ve entre semana o los fines de semana, o qué otras series sigues además de esa, son claves para poder presentar nuevos contenidos audiovisuales dirigidos a públicos especificos. Antes, el objetivo era llegar al mayor número de gente posible; hoy el objetivo es llegar a la gente adecuada, la que está dispuesta a pagar por tu producto. Y para eso, los viejos modelos de audiencia ya no valen.

 

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