4 ideas sobre la reforma de la Constitución

Hoy se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la reforma de la Constitución española, la primera desde 1992, pero la polémica por esta reforma no ha cesado desde que se propuso, saltando de internet a la calle, con posiciones a favor y en contra tanto del fondo como la forma de la modificación de nuestra Carta Magna.

  • Una cosa sí está clara. Desde el punto de vista de la comunicación, esta reforma ha sido un desastre. Ha faltado pedagogia, ha faltado debate, ha faltado explicar a la opinión pública las razones para reformar la Constitución, que son muchas y muy graves, pero que se pueden resumir en una: la cosa no va mal para España, va peor. Que nadie se llame a engaño, Zapatero no impulsaría esta reforma si la situación no fuese desesperada. A una situación de paro catastrófica se le ha unido una crisis bursátil sin precedentes que nos ha puesto con el agua al cuello y sólo con medidas de este calado podíamos confiar en invertir esa tendencia. Pero este gobierno no se caracteriza por saber manejar situaciones adversas, no lo hizo con la crisis y no lo ha hecho con esta situación de emergencia. Aún así, explicando mejor las cosas quizás no habría habido tanta protesta.
  • Con todo, y admitiendo que el proceso ha sido un desastre, tampoco hay lugar para las críticas desaforadas y los rasgamientos de vestiduras que llevamos viendo desde la semana pasada. Antes del 23 de agosto, dudo mucho que todos los que están protestando ahora supieran siquiera lo que dice el artículo 135, que no es necesario un referéndum para cambiarlo o que sólo 34 de los 169 artículos de la Constitución necesitan ser refrendados para su reforma. Es cierto que eso no impide consultar a la ciudadanía de alguna manera, pero por una vez que hay un acuerdo entre los dos grandes partidos para hacer algo necesario y hacerlo rápido, creo que es más para celebrar que para criticar.
  • El gran argumento que se utiliza contra esta reforma es que los mercados no pueden mandar sobre nuestra economía ni dictar nuestras leyes. En una economía mundial, negar la influencia de los mercados es inútil, de la misma forma que es imposible que ningún país pueda ser una autarquía y depender sólo de sí mismo. Ni siquiera la primera potencia del mundo es inmune a los mercados. Por supuesto que no es plato de buen gusto, pero si los mercados no se fían de España será por algo, y algo habrá que hacer para arreglarlo. Y si son ataques especulativos, ya están instituciones como el Banco Central Europeo para intentar corregir y atajar esos ataques (con todas sus limitaciones). Lo que no se puede pretender es ir por libre.
  • Pero tampoco la clase política puede ignorar lo que muchos ciudadanos demandan. El 15-M demostró y sigue demostrando que la sociedad ya no está dormida y que está muy pendiente de lo que hace la clase política. Ante una modificación de la norma fundamental de nuestro Derecho, esa misma sociedad quiere ser escuchada y tener sino voto, al menos voz. Y lo que estamos viviendo ahora es sólo el principio, porque de aquí a las elecciones del 20-N, la sociedad española se va a hacer oír y todos los partidos, especialmente los mayoritarios, deben tomar nota. Las cosas han cambiado, no sólo en la economía, también en la sociedad y por eso me atrevo a vaticinar que la participación en los comicios de noviembre va a ser histórica y que el reparto de votos va a sorprender a más de uno. Siempre, claro está, que todos los indignados demuestren su indignación como ha de hacerse en democracia, que es votando. Por que sólo votando podemos cambiar las cosas.