El periodismo no está en peligro

Cuando hablo con algunos colegas periodistas, veo que está empezando a ponerse de moda el menospreciar el impacto de internet en el periodismo y los medios de comunicación, asegurando que el periodismo online es una charada y que estamos yendo a una amateurización de la profesión. No sé si es que precisamente yo hablo de estos temas con las personas más reacias al cambio, pero no me entra en la cabeza que gente formada y culta defienda formas del siglo XX en el siglo XXI.

Me explico. Desde el momento en que cualquiera pone barreras y se erige en el portador de la esencia del periodismo, entramos en el campo del elitismo, y esto es válido para una persona en una tertulia de bar o para el editorial de un periódico de tirada nacional. Hay que ser humildes y yo seré el primero. Ni tengo la verdad absoluta ni conozco cómo funcionan muchos medios de nuestro país. De hecho, para los más puristas, yo no sería periodista porque sólo he trabajado en un medio de becario, pero eso no es un motivo válido para rechazar la realidad.

Y la realidad es que vivimos en la era de la abundancia de información. Cada vez hay más posibilidades de acceder a la información y más medios de comunicación, sobre todo online. Esto se traducirá en que las audiencias tienden a fragmentarse cada vez más. Está ocurriendo con la televisión y la TDT y ocurrirá también en los medios impresos frente a la posibilidad de consultar la información en la red. Es ante este panorama que los fundamentalistas y puristas se echan las manos a la cabeza y lloran por el negro futuro del periodismo.

Tonterías. El periodismo tiene un futuro brillante y los que califican de maligno y perverso el escenario en que nos encontramos se equivocan por dos razones. En primer lugar, la fragmentación del mercado se produce por una mayor oferta de información, eso es bueno y no hace falta que recuerde cómo cómo se llama limitar la oferta y, en segundo lugar, y en mi opinión más importante, no es el periodismo lo que peligra, son las empresas periodísticas que no sepan, puedan o quieran adaptarse a los cambios que trae un mercado más fragmentado.

No es tan difícil, muchas veces basta con seguir haciendo bien lo que sabes hacer bien. Si las ventas caen, tienes que ver qué haces mal y buscar soluciones, pero no puedes vivir en el pasado. Como suelo decir cuando hablo del tema, “no os engañéis, que por mucha ayuda o mucha publicidad que consiga, El País ya no va a volver a vender 400.000 ejemplares diarios como cuando estudiábamos”. De nuevo, el periodismo no está en peligro, son las empresas periodísticas que se preocupan más de su cuenta de resultados que de hacer periodismo las que sí lo están.