El libro electrónico y el futuro de la industria editorial

La semana pasada compré un Kindle DX. Para los que no puedan identificarlo, es el lector de libros electrónicos de Amazon, concretamente el modelo grande, con pantalla de 9’7 pulgadas, y conexión 3G gratuita, aunque limitada. Aunque siempre he sido un amante y devorador de libros en papel, me atraía probar un lector y llevaba un tiempo madurando la idea. Finalmente, gracias a un impulso motivado por reseñas tan favorables como ésta, lo compré y estoy muy contento con ello.
En los pocos días que lo tengo, he podido comprobar las virtudes de las pantallas de tinta electrónica y la versatilidad del dispositivo para leer no sólo libros, si no también revistas y comics. Realmente, es una delicia leer en el Kindle y es cierto lo que anuncian en su página: Al igual que ocurre con un libro físico, desaparece mientras lees, no estás pendiente del continente y sí del contenido. Y es una auténtica gozada, además de muy práctico, llevar decenas de libros en 530 gramos.El futuro de los libros pasará por estos aparatos. Como cuenta Enrique Dans en su libro Todo va a cambiar (primer libro que he leído en el Kindle, como no podía ser menos), las grandes editoriales tienen que tener mucho cuidado o les ocurrirá lo mismo que a la industria discográfica. Los lectores como el Kindle van a eliminar muchos intermediarios en el proceso, que estarán condenados a adaptarse o desaparecer, y los libros físicos quedarán para ediciones de coleccionismo o impresiones bajo demanda. Será mejor que las editoriales puedan adaptarse y colaborar en este cambio o les ocurrirá como a las discográficas, envueltas en juicios que no pueden ganar, con pérdidas crecientes y una reputación por los suelos.

Quizás se puedan tachar de extremistas mis afirmaciones, pero hace 15 años nadie pensaba que la poderosa industria discográfica pudiera llegar al estado en el que se encuentra hoy en día, y sólo hace falta la popularización de estos dispositivos tanto entre los lectores habituales como entre los ocasionales (de cuatro o cinco libros al año). Pero no sólo afectará al negocio de los libros, también los medios de comunicación deben ver el aviso para navegantes. Aún tengo que probar por mí mismo cómo se lee mi feed RSS en el Kindle, pero puede ser la puntilla necesaria para no tener que volver a comprar un periódico. Y seguramente también pruebe las suscripciones «oficiales» vía Kindle, en cualquier caso, el modelo de explotación de la prensa va a verse obligado a cambiar. Como ya he dicho, es adaptarse o desaparecer.

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