La desaparición de la prensa escrita (II): Las auténticas víctimas

Cuando hablo de la desaparición de la prensa escrita, me refiero a un proceso gradual que empezará en los próximos años y será mucho más evidente a mediados de esta década. El auge de las tablets y los smartphones va a hacer que cada vez más personas se informen a través de la internet móvil, y si a eso le sumamos que internet ya supera en penetración a la prensa convencional, la única conclusión lógica es que las ventas de periódicos y revistas van a bajar. Quizás no mucho al principio, pero serán descensos continuados, puede que hasta de dos cifras, que harán peligrar la viabilidad de muchas cabeceras.

¿Cómo se puede preparar un medio ante este negro panorama? Trasladando progresivamente su actividad a la red. Movimientos como la unificación de redacciones en ABC son pasos en la dirección correcta para minimizar costes y prepararse para el futuro digital. A su favor, los medios tradicionales cuentan con la reputación de su cabecera offline y una infraestructura humana asentada, con redacciones experimentadas y firmas de nivel, por lo que no deberían tener problemas para hacerse un hueco en el nuevo panorama digital. Será el proceso de transición, como es habitual, lo más duro y lo que separará el polvo de la paja y los medios capaces de adaptarse de los que no.

De todas formas, esta transición digital tendrá consecuencias nefastas en el nivel de los intermediarios. Los kioskos de prensa tal y como los conocemos hoy día tendrán que reconvertirse o desaparecer. Las empresas de distribución perderán una de sus fuentes de ingresos. Las grandes imprentas deberán adaptarse a tiradas cada vez menores, ya que siempre quedará una presencia impresa, aunque sea sólo testimonial. La desaparición de la prensa escrita no afectará tanto a los medios de comunicación como a todos los puestos de trabajo indirectos que genera, que sí se enfrentarán a una auténtica reconversión si no quieren desaparecer.

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