Por qué los periodistas son mano de obra no cualificada

Llevo un par de días queriendo volver a dar una vuelta al futuro del periodismo, especialmente después de conocer el manifiesto de Pamplona de la FAPE. Ese manifiesto, que puedes consultar aquí, me parece un ejemplo de libro de intentar que todo cambie para que todo siga igual. Si bien estoy de acuerdo con el manifiesto en su práctica totalidad me transmite una impresión muy negativa. Recalco que es, desde luego, una percepción personal, pero de este manifiesto deduzco -especialmente de los puntos 2 y 4,  que los firmantes quieren que todo siga igual y que los periodistas no tienen que cambiar o adaptarse porque entonces se perderá su esencia.

Esta postura viene dada, en mi opinión, por el hecho de que el periodista ya no tiene el monopolio de la noticia: las fuentes ya no son exclusivas y la capacidad para difundir la información tampoco. De repente, un alto porcentaje de periodistas se han convertido en mano de obra no cualificada, siguiendo la nueva definición propuesta por Seth Godin. Ahora, la mano de obra no cualificada es aquella que tiene las mismas habilidades o conocimientos que tienen casi todos. Si no tienes nada extra que aportar, no tienen por qué reconocer tu trabajo de manera especial. Hace 20 años, los idiomas eran un plus muy importante y ahora se presuponen. Hace 10 años, conocimientos de informática podían impulsar tu carrera y hoy sin ellos no puedes trabajar. ¿Quién sabe lo que será habitual dentro de cinco años?

Es por eso que el periodista debe aprender, debe formarse, debe cambiar y añadir valor a su trabajo. Aunque ya no tenga el monopolio de la noticia, sigue siendo el mejor capacitado para contextualizarla, priorizarla y elaborarla y ahí radica el valor del trabajo del periodista en la era de la sobreabundancia de información. Los que no aportan valor son ahora mano de obra no cualificada, intercambiables con cualquier otro, y puedes imaginarte qué pasa si cualquiera puede hacer tu trabajo sin que se note la diferencia…