La privacidad ya no es lo que era

El trending topic de la semana pasada y casi también de esta fue la privacidad y el comercio de los datos de sus usuarios por parte de varias redes sociales, principalmente Facebook. Lógicamente, las críticas, más o menos virulentas, no tardaron en llegar y el propio Mark Zuckerberg se vio obligado a salir a la palestra para admitir el error de su compañía y pedir tranquilidad. Como siempre, hay gente a la que no le satisface, muchos otros que polemizan al respecto y una inmensa mayoría que ni siquiera se ha enterado.

Lo que no se puede hacer es portarse en estos sitios como niños pequeños. Si no te molestas en aprender o investigar un mínimo cómo funcionan las normas de privacidad y cómo se comparten los distintos elementos, no puedes esperar que la compañía lo haga por ti. A Facebook, y a cualquier otra red social, le interesa que sean públicos cuántos más datos, gustos y aficiones tuyas mejor, para poder trabajar con ellos y ofrecérselos a los anunciantes. Que nadie se lleve a engaño, las empresas están para ganar dinero y Facebook no es una excepción.

Pero esta polémica me llevó a pensar en lo que significa la era digital y el estar permanentemente conectado con Facebook, LinkedIn, Twitter, Foursquare, Gtalk, Messenger y tantas otras aplicaciones que nos hacen estar conectados el mayor tiempo posible. Y eso sin hablar de los teléfonos móviles, con los que ya estamos localizados siempre, y ahora con los smartphones, más conectados aún si cabe. Por eso, yo soy partidario de saber desconectar y poder desaparecer de vez en cuando.

La vida online tiene muchas cosas buenas, pero la vida offline también y es conveniente no olvidarlo. El movimiento slow es un ejemplo de que la vida no es para tomársela con prisas y no creo que tarde mucho en aparecer otro movimiento que abogue por la desconexión digital. Pero como en todo, la virtud está en el término medio, y en no convertir unas útiles herramientas para relacionarse en un vicio.