La tijera de Zapatero

Desde que Zapatero anunciara en el Congreso, la semana pasada, su paquete de recortes para reducir el déficit español, la noticia no sólo no ha dejado de estar en boca de todos los tertulianos del país, sino que amenaza al Ejecutivo socialista con la primera gran huelga de su mandato, protagonizada por los funcionarios públicos, además de ser calificada casi unánimemente como el momento más bajo del Presidente del Gobierno desde que llegó a La Moncloa. Tanto partidarios como detractores de Zapatero critican estas medidas y la popularidad del PSOE está cayendo a plomo. ¿Se podría haber evitado? ¿Se podría haber ejercido una mejor comunicación? 

El Gobierno socialista y su presidente cometieron dos fallos a la hora de gestionar la crisis, que ya examinamos aquí: en un primer momento, negarla, y después, empecinarse en no tomar medidas contundentes o, al menos, hacer gestos decididos. Nadie discute la necesidad del recorte, pero sí las partidas elegidas o los modos y motivos del giro copernicano del Gobierno. Cuando hasta los medios más afines al PSOE señalan que es una decisión que le ha venido impuesta de fuera, en la que no creía sólo una semana antes, se hace difícil creer que es una decisión independiente, tomada con la convicción de que es la mejor manera de sacar la situación adelante.

Con todo, se podría haber disminuido el impacto negativo que ha tenido este anuncio. Por un lado, se podría ampliar el paquete de recortes al mayor número de sectores posibles para así no concentrar el esfuerzo (o la percepción de que se está haciendo un esfuerzo mientras los demás no) en funcionarios y pensionistas. Si todos se aprietan el cinturón, nadie se siente el más perjudicado. Por otro, se tendría que haber buscado el acuerdo con otras formaciones políticas, aceptando incluso las reivindicaciones de éstas, para transmitir un mensaje de unidad a la sociedad. La clase política ya está lo suficientemente desprestigiada como para no permitirse más deterioros de su imagen por no mostrar unidad en el momento económico más crítico de nuestra historia.

Y finalmente, faltan gestos por parte del Ejecutivo para mostrar su compromiso con la austeridad. No basta con bajarse el sueldo un 15%, el recorte de ministerios es el mejor gesto que se podría tener, y la única explicación que se me ocurre para que el PSOE no lo haya hecho es que se guardan esa bala para otros momentos, quizás la subida del IVA en julio, por los efectos perniciosos que tendrá en su ya deteriorada imagen. De nuevo, hasta los medios amigos destacan cómo está cayendo en las encuestas; veremos cómo evoluciona la situación de aquí a final de año.