El deporte y la comunicación-espectáculo

Si hay algún acontecimiento que apasiona a todas las personas de la tierra, es el deporte, sin duda alguna. Sean unos Juegos Olímpicos, unos Mundiales de fútbol, la Superbowl o el Tour de Francia, millones de aficionados están enganchados a su medio de comunicación predilecto para seguir la actualidad deportiva. Esto es una consecuencia de la implantación de los medios de comunicación de masas durante el siglo pasado, que hicieron accesible a todo el mundo el espectáculo del deporte, naciendo así lo que denomino comunicación-espectáculo.
Todos los grandes acontecimientos deportivos del planeta, como los Juegos Olímpicos (y aprovechamos para mostrar nuestro respeto a la figura de Juan Antonio Samaranch, recientemente fallecido), requieren de una gran cobertura mediática. Tan grande que se convierte en noticia en sí misma, con los medios alardeando del impresionante despliegue técnico y humano que han realizado y de cómo hay centenares o miles de periodistas cubriendo el evento. Es en esa escala cuando podemos hablar de comunicación-espectáculo, cuando todo se hace a lo grande. The bigger, the better.

Además de en grandes eventos puntuales, también podemos hablar de comunicación-espectáculo continuada en el tiempo, a través de eventos y competiciones de largo recorrido. El deporte es así el mayor exponente de la comunicación-espectáculo y eso es porque el mismo deporte se ha convertido en el espectáculo por excelencia. Y como tal, exige un nivel de profesionalidad y entrega que nada tiene que ver con las prácticas de hace unas décadas. ¿Cómo se portarían Di Stefano, Pelé o Cruyff si jugasen en la Liga actual? La exigencia física es hoy mayor, así que posiblemente no estarían a la altura, y la presión de los medios es infinitamente mayor, y quién sabe cómo la soportarían. Di Stefano debutó con el Madrid a los 27 años, hoy día ya sería un jugador “casi” viejo, sobre todo cuando los medios crean héroes deportivos a edades cada vez más tempranas.

Precisamente son las exigencias de la comunicación-espectáculo las que motivan que se busque a figuras cada vez más jóvenes. Hay que seguir alimentando el circo mediático montado en torno al deporte, y la máquina exige combustible. Pero ese combustible son personas que luego pueden “quemarse”. Los héroes son masticados y escupidos casi tan rápido como son creados y nadie lo ha representado mejor que Goya hace casi 200 años.