Las otras víctimas de la desaparición de la prensa

Leo en PRnoticias que hay 25.000 kioskos menos desde que comenzó la crisis y recuerdo este post, que escribí hace casi tres años, donde ya apuntaba que la transición digital iba a tener consecuencias nefastas en el nivel de los intermediarios. Las cifras de los kioskos muestran que la caída de la prensa no es algo que solo tenga consecuencias en la profesión periodística; hay varios negocios que dependen de las publicaciones impresas para sobrevivir y que se enfrentan a un futuro incierto.

Las empresas de distribución y reparto van a perder una parte muy importante de sus ingresos a medida que revistas y diarios disminuyan sus tiradas y, desgraciadamente, desaparezcan. Las imprentas dedicadas a publicaciones periódicas también tendrán que reconvertirse si quieren sobrevivir; en un futuro dominado por la impresión por demanda y la lectura en dispositivos portátiles, las grandes rotativas de antaño pierden toda su razón de ser. Y después está el tema de los kioskos.

Para muchas generaciones de españoles, el kiosko ha sido una constante en sus vidas, el espacio donde había un producto adecuado para cada edad: chicles y golosinas para los más pequeños, comics y revistas para los adolescentes y libros y periódicos para los adultos. Por supuesto, eso es una separación artificial pero el kiosko es algo tan cotidiano en nuestras mentes y nuestras calles que muchos barrios de nueva construcción no se han considerado completos hasta que no han tenido su propio kiosko. Hoy, ese modelo está al borde de la extinción y debe replantearse su futuro.

El kiosko tiene unas condiciones únicas y privilegiadas, situados en puntos estratégicos de gran afluencia. Para sostener esos negocios frente a la caída de ventas de las publicaciones periódicas, han de fomentar nuevas vías de ingreso. La venta al paso, por impulso, tiene que complementar a la venta fija diaria, al cliente de toda la vida. Y para ello, el kiosko debe aprovechar todas las vías a su alcance, imaginando nuevas formas de atraer al público. ¿Kioskos que ofrecen wifi gratis? ¿Poder pagar con tarjeta de crédito cuando compras el diario y tus revistas? ¿Servicio a domicilio y que lleven las publicaciones a tu casa? Es el momento de inventar el kiosko del futuro, porque el del presente tiene sus días contados.

 

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5 respuesta a “Las otras víctimas de la desaparición de la prensa”

  1. Es algo que casi va a venir dado. Desde mi experiencia (son sólo 5 años, pero posiblemente sean los que han visto más cambios) los kioscos tienen una posibilidades enormes.

    Para empezar, en líneas generales, a diferencia de la prensa escrita, los kioscos no tienen un problema de demanda: la gente se para en ellos no sólo a comprar prensa o chuches, sino a servicios que hace 5 años no eran previsibles, como las recargas, y otros que irán saliendo. Del tabaco ni hablamos porque, pese a su enorme rentabilidad, tiene un «pequeño» hándicap: es ilegal.

    El problema de los kioskeros, en todo caso, es de oferta: no tienen bastantes productos (legales) para vender a los clientes que les llegan y que compran por impulso. Y sus proveedores son unas auténticas sanguijuelas.

    Hablemos primero de las condiciones físicas: las concesiones de via pública suelen tener un tamaño muy pequeño que no permite añadir equipamientos. Pensemos en la nevera con helados o refrescos en verano. O, igualmente, en máquinas de vending (café y similares). Los que venden prensa desde un local tienen esa ventaja sobre los que estamos en la calle.

    Hablemos luego de la terrible falta de competencia de sus proveedores. Justo, por esas empresas de distribución que, al menos a mí, no me dan pena ninguna. Estas empresas (Distrimedios y SGEL entre las más conocidas) han estado apretando cada vez más a los vendedores de prensa, que han asumido que tienen que dedicar cada semana unas cuantas horas a pelearse con las mismas para que le devuelvan algunos cargos que, misteriosamente, aparecen cada semana sin saber por qué. Algunas de estas empresas (Distrimedios) se están reconvirtiendo hacia los nuevos productos (recargas) lo cual nos sitúa en la falta de competencia. ¿No habrá alguna empresa, de fuera si hace falta, que se meta en este mercado y que ofrezca mejores condiciones que las que nuestros oligopolistas de referencia nos ponen? Parece que, al igual que pasa con la energía, la respuesta es «No».

    A cambio, la tecnología nos desborda cada día con posibilidades. Con las redes 3G y 4G y un pequeño terminal, un kioskero puede ofrecer casi de todo: las transferencias de divisas (no iban a ser sólo los locutorios) son uno de estos nuevos servicios. ¿Puntos wi-fi? Si lo asocias a las posibilidades del juego on-line, posiblemente podamos encontrar un curioso nicho de mercado con un montón de adolescentes alrededor del kiosco matando soldados en el Call of Duty de turno y mientras tanto, consumiendo algo. O pagando una cuota.

    Y un punto más a favor de los kioscos: su estructura financiera. ¡Un sector donde se cobra rigurosamente en cash cada producto y que, salvo el típico gorrón de la esquina, suele estar libre de impagados!

    En fin, que, una vez más, los problemas son más de regulación de la oferta que de demanda.

  2. Muchas gracias por tu comentario JLT. Tienes mucha razón en lo que apuntas con respecto a los distribuidores. Ojalá hubiera más competencia para que asi las condiciones de los kioskeras mejorasen un poco pero, de momento, parece que no va a ser así. Lo que sí va a ser realidad y quizás antes de lo que pensemos son todas esas posibilidades que ofrece la tecnología y que pueden ser nuevas fuentes de ingreso. Los próximos años van a ser decisivos para el kiosko del futuro.

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