El trabajo de ser diputado

Que el Congreso de los Diputados (y también el Senado) haya acordado celebrar plenos y comisiones en los meses de enero y julio no debía haber levantado tanta expectación. Bien es cierto que nadie entiende por qué el artículo 73 de la Constitución marca los períodos de sesiones de septiembre a diciembre y de febrero a junio, pero en el tiempo que llevo en la Cámara Baja, los meses de enero y de julio tampoco han sido precisamente ociosos. Siempre ocurre algo que hace que la Diputación Permanente deba reunirse y escenificar de nuevo el circo político.

También es verdad que hay críticas y más críticas al espectáculo del Pleno del Congreso con los escaños prácticamente vacíos. Es una noticia que, casualmente, surge cuando no hay más noticias que esa y yo, aunque sea políticamente incorrecto, rompo una lanza a favor de sus señorías. Ante la metáfora habitual de que cualquier trabajador español que no esté en su puesto de trabajo corre el riesgo de ser despedido y que, por tanto, los diputados y senadores deberían estar en sus escaños, yo opongo una realidad, también muy española: «tres trabajando y el resto mirando». Exceptuando a los diputados que deban debatir el punto concreto del orden del día que se esté tratando en ese preciso instante, el resto tiene el mismo papel que un grupo de jubilados viendo a unos obreros cavar zanjas o, aún mejor, que una grada de ultras abucheando al equipo rival.

No por estar sentados en el escaño van a trabajar más, incluso al contrario. Me lo dijo un diputado zaragozano a los pocos meses de entrar en el Congreso. Si no te toca defender ningún punto del Pleno, trabajas en tu despacho, preparando intervenciones, redactando iniciativas, atendiendo llamadas, asistiendo a reuniones… En lo que va de legislatura se han tramitado más de 90.000 iniciativas, eso no sería posible si estuvieran obligados a permanecer en sus escaños. Quizás es que estando yo dentro, lo veo de otra manera, pero tampoco se puede criticar sin conocer todos los datos. Otra cosa es la mala imagen de la clase política, que no tiene nada que ver con los escaños vacios en la Carrera de San Jerónimo y que tiene muy difícil solución…