Por qué desaparecen los intermediarios de la comunicación

Si hay algo que hemos comprobado en estos primeros años del siglo XXI, es que los viejos modelos del XX han quedado obsoletos. El antiguo sistema emisor-receptor ha sido dinamitado por la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación, que han acortado la distancia entre emisor y receptor, eliminando a los intermediarios del proceso.

Los medios de comunicación han sido durante muchos años los intermediarios por excelencia. Toda la información que se generaba era filtrada, contrastada, elaborada y servida a los ciudadanos, en contenedores limitados en espacio y tiempo, y enviados a intervalos regulares. Hoy, ese sistema está en franca regresión, pues los antiguos receptores pueden acceder directamente a los emisores y se han convertido en emisores a su vez, sin limitaciones de espacio o tiempo y prescindiendo cada vez más del intermediario.

A pesar de ello, los intermediarios tienen todavía su importancia. Cualquier empresa que quiera llegar a audiencias masivas aún debe tener en cuenta a la televisión y la radio. Salvando algunas excepciones de cuentas con seguimiento masivo, las redes sociales todavía no pueden considerarse medios de comunicación de masas y, a grandes rasgos, el modelo del siglo XX aún está vigente. Pero ya hay indicios de que las cosas están cambiando.

En este sentido, el mayor cambio que podemos ver hoy en día es que empresas, instituciones y gobiernos ya no dependen tanto de los medios de comunicación para hacer llegar sus mensajes al público. Tal y como apunta Matthew Ingram, la palabra clave es cooperación. Antes, todos esos organismos debían cooperar con los medios porque eran necesarios para difundir sus mensajes. Hoy, ya no es así, o al menos no es tan necesaria esa cooperación.

Si cualquier institución, empresa o gobierno puede hacer llegar directamente sus mensajes al gran público, ¿qué necesidad tienen de cooperar con los medios de comunicación? Esta es una de las razones que han hecho posibles las comparecencias sin preguntas y los actos con señal realizada. Y en este nuevo escenario, en el que todavía estamos intentando averiguar las reglas, queda ya en las manos del público el saber distinguir entre lo que es información y lo que es propaganda.

 

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