La falacia de comparar periodistas con médicos

 

No sé vosotros, pero yo he escuchado muchas veces la comparación entre periodistas y médicos. Que si un periodista ha de ser titulado porque si no aceptas a un médico sin titulación, a un periodista tampoco. Que el periodista ha de ser profesional de la misma forma que lo es un médico, porque no dejarías que te operase un aficionado. Que si el periodismo ciudadano no existe porque no existe la medicina ciudadana…

 

A mí, eso siempre me ha parecido una exageración y mezclar churras con merinas. El periodismo y la medicina son dos carreras claramente vocacionales, pero más allá de eso no creo que tengan cosas en común. Pero la metáfora del periodista y el médico permanece. A muchos periodistas les gusta compararse con los médicos para mostrar lo imprescindibles que somos o la necesidad de una titulación para combatir el intrusismo profesional. Lo hace Iñaki Gabilondo en su libro El fin de una época. Sobre el oficio de contar las cosas (2011), lo hace Carmen del Riego para demostrar que internet no es periodismo y lo hace también Rafael Reig en su sección en eldiario.es, y para más inri Rafael no es periodista, o no lo es para los que defienden la necesidad de un título.

 

La cosa no es tan simple y hay diferencias patentes entre periodistas y médicos. Un médico ha de seguir estudiando toda su vida laboral, un periodista no lo hace, o al menos los que yo conozco no lo hacen. Siempre hay excepciones, pero la mayoría no ha estudiado nada desde la facultad. En mi carrera, me he encontrado con resistencia a aprender, experimentar y dominar nuevas herramientas, tanto entre quienes ejercen como periodistas en medios de comunicación y entre los que lo hacen en gabinetes de prensa y agencias de comunicación..

 

Otra diferencia entre periodistas y médicos. Los médicos tienen unas prácticas obligatorias que los periodistas no tienen. Quizás muchos de los que luego han sacado la carrera se lo pensarían dos veces si hicieran prácticas dentro de la carrera en un medio de verdad. La mayoría de redacciones no son como las que salían en las series Periodistas o Lou Grant, y es de lo más normal tener jornadas maratonianas de diez o más horas junto a aburridas sesiones de lecturas poco gratificantes como el Boletín Oficial del Estado.

 

¿Y qué es lo que ocurre cuando le damos la vuelta al argumento? ¿Aceptaríamos que un médico no hiciera una operación porque sus fuentes no lo han contado cómo hacerla? Es lo que ocurre cuando un periodista no puede elaborar su información porque no es capaz de conseguirla. ¿Cómo sería un hospital que decidiera en función de su propia agenda y no de la salud pública a quién atiende y a quién no, y en qué orden? Es lo que hacen los medios de comunicación cada día, dando importancia a unas noticias e ignorando otras. ¿Nos parecería bien que en medio de una consulta la enfermera nos dejara durante unos minutos para ponernos un vídeo con anuncios? Es lo que hace cualquier medio escrito o audiovisual, porque necesita ingresos de la publicidad. Y así podríamos seguir durante horas…

 

Es posible que me digáis que esos ejemplos son exagerados, pero también lo son cuando los periodistas se comparan con los médicos. No se puede confundir la velocidad con el tocino, y tampoco el tocino con la velocidad.

 

Imagen: TVBestBlog

 

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3 respuestas a «La falacia de comparar periodistas con médicos»

  1. Pues precisamente, este es uno de esos ejemplo que a mí, personalmente, sí me parecen acertados. Vaya por delante que soy uno de esos convencidos de que el periodista, para serlo, ha de estar titulado, igual que el médico, porque si no, su trabajo puede ser contraproducente.

    Si esto no fuera así, los curanderos serían osteópatas, los albañiles, ingenieros y los juntaletras, periodistas. Y, aunque creo que tocas todos los temas candentes en esta cuestión para explicarlos, pienso que es un tema que está en el filo de la navaja: es muy fácil caer a un lado o a otro.

    – Formación continuada: un médico (o un ingeniero, o un sacerdote o un abogado) DEBIERAN estudiar continuamente. No sólo debieran, sino que además, deberían. Un periodista también, por supuesto. Dando por sentado que todos los profesionales aumentan día a día su experiencia de la misma forma, deberíamos además contar con la formación no experimental. Por desgracia, no está en nuestros hábitos recibir formación extra. Ninguna de las profesiones se forma como debiera. Que si no lo necesito, que si soy mayor, que si soy una eminencia con 14 años de oficio…

    De cualquier manera, abrazar las nuevas tecnologías de la información no es formarse. Es aprender a usar una herramienta. Imprescindible, claro, pero no representativa de la profesión, igual que no lo fue la prensa escrita: lo que debe caracterizar a un profesional es su formación, lo que sabe y puede hacer con los medios a su alcance o incluso con aquellos que no lo están.

    No creo que los médicos o los periodistas sean diferentes en cuanto a su formación: creo que en ambos casos y en el de la docencia, la formación es igual de mala en este país. Es más, aquellos que destacan son los que se han formado mucho más allá de lo que ofrecían sus estudios universitarios.

    – Experiencia: La formación periodística es nefasta, de acuerdo. No incluye prácticas reales. Pero la vida de médico no debe ser nada del otro mundo. días otoñales aburridísimos de mandar paracetamol y a casa junto con días emocionantes en los que compruebas la prostatitis de alguien. Pero eso no hace mejor a la profesión médica. El hecho de haber tenido prácticas en la universidad y un año extra, más el MIR, más la especialidad… Y no tener una marcada diferencia en cuanto a resultados laborales con un periodista común… Pues vuelve la tortilla. Como te dije al principio, es un argumento muy fino.

    – Los médicos no suelen afirmar categóricamente nada: «tiene usted un virus, enhorabuena!». No dan diagnóstico sin una batería de pruebas carísima, que les certifique un resultado. Confían todo su conocimiento al resultado de pruebas analíticas. A mí no me parece tan diferente de cuando un medio cita sólo fuentes oficiales. Es como en las manifestaciones: se cita la fuente que te interesa en lugar de ir allí, medir la calle, hacer foto de la afluencia, calcular y dar una cifra exacta y veraz. No, mejor vemos a ver qué dice el Delegado de Gobierno.

    No se pueden publicitar los medicamentos con receta. Un visitador invita a un médico a un congreso de formación estupendo, en Ibiza. El laboratorio usa un lobby para hacer que la gente se revise la tensión, gracias a los artículos que cuelan en los medios. El médico receta las pastillas del viaje a Ibiza. No hay televisión en las consultas. La publicidad ya te la has comido en casa, en forma de noticia sobre salud, que es lo peor, porque el médico y el periodista se alían para hacer mal su trabajo.

    Si siguiera con la lista, intentaría hacer la figura utópica del profesional perfecto, médico o periodista y, comparándola con lo que somos hoy día, creo que me encontraría con que nuestro nivel de formación es muy escaso (comparados con el profesional perfecto, un ideal). No es que seamos unos garrulos, pero todos podíamos estar mejor formados. No por eso creo que haya que menospreciar las bondades de una profesión periodística y ensalzar la profesión médica. Ambas son necesarias para nuestra sociedad. Y precisamente sí que creo que procede la comparación entre ambas.

    El periodismo es una herramienta social. Sirve para que los conocimientos que generan la medicina, la historia contemporánea, la ingeniería, etc, lleguen a toda la sociedad para su propio bien. precisamente por eso es tan importante el papel del periodista: si no comprueba bien lo que dice, si no investiga, si no contrasta, si no hace bien su trabajo, toda una sociedad puede creer una mentira. El investigador médico puede tener conclusiones erróneas que pueden llegar a ser corregidas antes de ser publicadas, si el periodista especializado en medicina hace bien su trabajo y contrasta lo que dice el investigador. Si un médico de cabecera hace rematadamente mal su trabajo, puede acabar con la vida de un paciente. Si un periodista hace rematadamente mal su trabajo, puede iniciar una guerra o permitir que se forje una crisis que arruinará a millones de personas.

    No es que el periodista sea más listo, mejor profesional o que su formación sea mejor o peor. Lo que pasa es que la naturaleza de su trabajo es ser altavoz social y eso es un gran poder, que requiere una gran responsabilidad.

  2. Gracias por tu comentario Alberto, que has conseguido tener un comentario aún más largo que el post que lo origina y eso no ocurre todos los días. Con todo lo que escribes, tendríamos para un debate largo y tendido, así que voy a intentar sintetizar mi opinión:
    – ¿Desde cuándo aprender a usar una nueva herramienta no es formarse?
    – En ningún momento he querido decir que los médicos sean mejores que los periodistas, como pareces querer intuir. Sólo quería denunciar una comparación que me parece desproporcionada.
    – El tema de la formación continuada. Todas las profesiones deberían hacerlo, cierto, y me encantaría que hubiese un órgano supervisor para los periodistas como el SEAFORMEC (Sistema Español de Acreditación de la Formación Continuada), que diera fe de los profesionales que están al día y de los que no.
    – Y finalmente, sobre tu primera idea de la titulación obligada. Ya escribí sobre la formación que debe tener un periodista y a eso sólo te añado lo que es la situación actual. No hace falta el título para ejercer y no hace falta el título tampoco para unirse a la Asociación de la Prensa. Mientras sigamos teniendo Asociaciones en vez de Colegios, así serán las cosas, nos guste o no.

  3. Me encanta debatir, que no discutir. Así que vuelta a la carga.

    Creo que, al fin y al cabo, estamos en sintonía, solo que creo que añado el problema de base, que la educación en este país es penosa, como tantas otras cosas.

    – Aprender a usar una nueva herramienta es formarse. Por supuesto que sí. Leer mucho y a muchos, también, sobre todo si dicen cosas que no están en tu línea de pensamiento. Te agrnada, aunque sea a largo plazo. Desgraciadamente, los periodistas no leemos (leen), investigamos, ni hacemos nada propio de nuestro I+D, que es conocer más la realidad. Estoy francamente aburrido de ver, oir y leer opiniones, noticias y reportajes absurdos sobre temas de los que el periodista supuestamente especializado no tiene ni idea. Siempre que se da un vistazo a una nueva realidad, siempre se equivocan, cometen errores de bulto… No hacen bien su trabajo. En medicina pasa exactamnte igual. ¿O no estás harto de ir al médico y que te digan que esto es un virus? A mí me han llegado a decir que si la cosa empeora, que me vaya al médico… perdón, a urgencias.

    – Yo tampoco quiero decir que los médicos son mejores que los periodistas. Digo que ambos son igual de malos profesionales en este país. Y si tuviera que elegir una profesión mejor que la otra en un absurdo ránking sin sentido, elegiría a los periodistas, que me parece que hacen mayor labor social.

    – Respecto a los dos últimos puntos… Pues creo que en eso diferimos un poco. Yo sí creo que un periodista (en el mundo genial de las cosas que dices, como canta Maldita Nerea, es decir, en la utopía), debería estar titulado, bien formado, colegiado y con formación continuada, además de poder ser libre e independiente, pero de verdad. Mientras no sea así, la profesión es una pantomima, como ha sido siempre. Y no hay más perro que ladre (nótese la sutíl ironía de la frase). Simplemente el hecho de que exista la claúsula de conciencia es aberrante: si la verdad es única, no es posible que una línea editorial pueda hacer que cambie tu trabajo. Si las noticias han de ser asépticas, no importa a quién favorezcan, porque son noticias, es decir, verdades. Pero no lo son, por lo que ya vamos mal.

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