El periodismo vive pero los intermediarios mueren

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La desaparición de la prensa escrita es un proceso que está en curso y es imparable. El cambio de hábitos de los consumidores, que pasan a consumir información en todo tipo de pantallas, y la caída de ventas y de ingresos publicitarios son los dos procesos inexorables que están cavando su tumba.

 

Pero siendo muy trágica la situación de los periódicos, es aún peor la situación para todos los intermediarios del proceso. Ya lo apunté hace casi dos años: “La desaparición de la prensa escrita no afectará tanto a los medios de comunicación como a todos los puestos de trabajo indirectos que genera, que se enfrentarán a una auténtica reconversión si no quieren desaparecer”.

 

  • Piensa en las imprentas, que perderán una gran parte de sus ingresos a medida que periódicos y revistas tengan que echar el cierre y tendrán que despedir a gente. Eso ya está pasando ahora mismo.
  • Piensa en las compañías de transporte nacionales y los miles de pequeños autónomos que reparten la prensa de madrugada por toda España. ¿Cuánto tiempo les queda antes de que tengan que suspender esas rutas porque no hay nada que transportar?
  • Piensa en el kiosko y las tiendas de prensa de toda la vida, que tienen que buscar ingresos alternativos vendiendo todo tipo de productos de papelería o con servicios de fotocopias. Conozco el caso de un establecimiento que después de 26 años ha tenido que dejar de vender revistas porque no les saca beneficio. Ahora sólo vende la prensa diaria y el resto de la tienda se queda para vender artículos de ocasión. Y todavía no sabe si llegará a final de año.

 

El periodismo vive y seguirá viviendo, pero las auténticas víctimas de la transformación digital de la información no son los periodistas, son los intermediarios.