Después del debate, el copo de nieve

Bueno, técnicamente el debate no ha acabado, pero a las 13:30 de la tarde no espero que haya ningún gran anuncio. Hoy se ha producido el primer debate de altura en el Congreso entre el presidente del Gobierno y los líderes de la oposición en este período de sesiones. Realmente, no ha sido el mejor de los debates que he visto en esta Cámara, y tras escuchar a los diferentes portavoces, me reafirmo en la opinión previa que tenia. Cada partido se ha enrocado en sus posiciones y no piensan salir de ellas hasta las próximas elecciones, en las que (previsiblemente) irán a la yugular y a la caza del voto. Sentada esa premisa, ya dan igual los ofrecimientos de pactos o el echar en cara rechazos anteriores, y el debate se queda en un concurso de aplausos… y de titulares.

Evidentemente, la atención mediática sobre este tipo de sesiones es mucho mayor que en un pleno ordinario, y aún sin haber acabado el debate, ya proliferan artículos de opinión, análisis con las claves de cada discurso, twitters en tiempo real de los diputados desde sus escaños (yo me había planteado hacerlo así, menos mal que no lo hice porque no habría podido), encuestas para dilucidar quien ha ganado el debate… Es una tonteria, cada medio ya tiene su ganador, y no ha esperado precisamente al debate para decidirlo.

Pero esta sobreabundancia de información en tiempo real me ha llevado a reflexionar sobre si realmente es necesaria. Si tuviéramos que traducir en papel todos los bits que se han creado con motivo del debate (incluyendo estos que está leyendo), no nos valdría con un periódico completo, ni siquiera una edición dominical. Esto mismo pasa con los eventos deportivos y no ocurre nada, se genera mucha información que tiene su propio impacto. Pero precisamente en el entorno deportivo ha ocurrido un fenómeno que puede trasladarse a la información política.

El copo de nieve de Koch es una buena metafora de este fenómeno. Es una figura fractal de un copo de nieve del que puede hacerse infinitas iteraciones, pero en un espacio limitado. La sobreabundancia de información hace que conozcamos todo lo imaginable, desde como entrena el Barcelona, hasta las fichas médicas de los jugadores del Madrid, pero todo ello dentro del espacio limitado de la información deportiva, en la que no sé yo si tiene sentido conocer los planos de la casa de Cristiano Ronaldo, pero también eso está al alcance.

En política está pasando lo mismo. Conocemos desde cómo ha preparado Zapatero su discurso a las tablas comparativas de silencios y aplausos en las intervenciones, pero también si los diputados han bostezado mucho o poco, o lo que estaban viendo en sus pantallas mientras los líderes hablaban. Cuando la información a cubrir es limitada en el tiempo y el espacio (el debate de hoy por ejemplo), pero la atención mediática es tan masiva, se genera una sobreabundancia de información en la que los medios, para distinguirse de los demás, deben centrarse en detalles cada vez más pequeños, concretos (como el número de veces que Rajoy diga “pacto” o Zapatero “crisis”) e incluso irrelevantes.

¿Y en qué se traduce esto? En varios temas sobre los que hablaré muchas veces, como son la desaparición de la figura del gate-keeper, la especialización de la información, la importancia de la reputación y la marca, las redes sociales en la comunicación o la economía de la atención.

¿Y entonces al final, qué me ha parecido el debate? Pues mira, empate a cero, aburrido y sin goles. Si lo sé, me quedo en casa y lo veo por televisión.